domingo, agosto 30, 2009

Ascuas en el hielo ( Edgar Allan García)


Lectura de cuento sugerido en sesión dos

Elementos a considerar: La descripción y la narración/ ¿Cuento o relato?



Digo que los muertos matan a los vivos.
Esquilo


Ella viene de un mundo de campos verdes, pájaros, autos deportivos, París, Montecarlo, New York, y dice demodé, okey, Saint-Lorent, uffff ¡qué país!, oh sí, apenas dos o tres mil dólares, o sea, non plus ultra, si vous plaite, y habla como si el mundo entero la escuchara, como si Dios mismo no pudiera vivir sin sus pucheros, su risa de pájaro, sus interjecciones y su modo de decir c'est la vie.

Él viene de un mundo de alambradas, muros de ladrillo, apartamentos como nichos, calles oscuras, padre borracho, sombra en vez de madre, hermanos como zumbidos, como voraces hormigas, como escorpiones aguardando en las tinieblas; pero ha aprendido los innumerables recursos del sueño y vuela semejante a un ícaro y danza sobre brasas mientras pinta bosques aéreos, catedrales líquidas, llamaradas áureas que luego expone ante la fascinación del público.

Ella, hálito de carne, ninfa iluminada por ascuas de otro tiempo, lo mira y su sonrisa lo atraviesa, su hola lo resquebraja, lo traslada a un mundo extraño, y su perfume, su perfume le recuerda los bálsamos y esencias de un puñado de doncellas atenienses que titilan desnudas en su memoria o en ninguna parte. Él responde, no responde, balbucea, sonríe, chupa el cigarrillo apagado. Ella piensa: cuadros bonitos, caros, buen futuro. Él la mira y piensa: ojos como pequeñas gacelas verdes bajo un océano dorado húmeda cereza temblando en triángulo prohibido cantos muchos cantos secretos tras ese gesto de sacerdotisa de la carne.

Ella lo felicita, se aproxima, lo mira de frente y de súbito se estremece. Sin poder evitarlo, él alarga la mano hasta su hombro escotado y la atrae hacia su pecho y le susurra un torrente de poesía en el oído. Ella siente que el piso se hunde, que uh lalá, que uff, que qué calor ¿no? Él, sátiro encendido, parece danzar desnudo alrededor de piras, volar entre la perfumada humareda y, en un arrebato, le regala un cuadro, su bosque de diamantes, su canto de aguas salvajes, universo alucinado donde salta, gira, se ensortija. Ella lo besa en la comisura de los labios, le brillan los ojos marinos, balbucea palabras en una lengua extraña, brinda con él y se va flotando.

Por lo menos doce o quince mil dólares en Europa, o quizá veinte mil, dice papi en un arrebato de tasador. Pero, ¿qué opinas en realidad?, se agita ella, ¿no ves acaso a esa mujer que parece bailar entre la bruma? ¿y esos cuerpos desnudos retorciéndose de amor tras los árboles? acércate, acércate, ¿escuchas esa crepitación de fogatas encendidas? Es como si en otra vida, no sé, es como si en un lugar que conozco y no conozco, hace mucho tiempo, él y yo hubiéramos compartido el círculo de un fuego misterioso, algo semejante a las fiestas de la carne, pero sagradas, ¿comprendes?, sagradas, porque en alguna parte del bosque había una pira, un puñado de sacerdotisas que nos miraban entre la humareda mientras los cánticos, sí, los cánticos y todas esas danzas vehementes y extrañas se mezclaban con gritos de alegría...

Papi la mira desde lo alto del castillo rápidamente levantado por fantasmas medievales. No, no comprende nada de lo que ella dice masculla canta pero huele, siente el peligro y toma la cruz de bronce entre sus manos y masculla un juramento que se esparce como oleaje tenebroso. Papi percibe el creciente aleteo en ese pecho núbil, aquel repentino acantilado que se ha abierto bajo los pies de su única hija y, súbitamente convertido en el rey de un cuento legendario, galopa al anochecer entre las antorchas de Argos, sortea bacantes, sátiros, ménades, silenos, entra a la Ciudad Maldita, prende fuego a las embarcaciones floridas, arrasa el majestuoso Templo de la Carne y, luego, jadeante, en un último acto heróico, alzando los ojos al cielo, salva a la princesa, la salva enviándola a un internado de hielo, allá, sobre la oscura grupa de los Alpes, para siempre, hasta nunca jamás.

8 comentarios:

  1. Lejos, allá, en el hielo, en el destierro, en la soledad profunda y desgarrante deseaba constante y frenéticamente regresar a los brazos de aquella fantasía persistente, aguda y vívida con aquel ser extraño que le mostró una posible conexión en otro momento, en otro lugar que ya no podía recordar, despertando en ella sensaciones cerca de las brasas del amor y el deseo. Su rostro, sus ojos, su corazón, cambiaban cuando las sensaciones venideras desde el triángulo de lo prohibido se tornaban destellantes e intensas cuando estas fantasías poseían su mente, esa mente que tomaría una decisión heroica, para realizar una cruzada titánica y regresar para cumplir la fantasía de piras, sacerdotisas, cantos y ceremonias de hieros gamos.

    Fue aquella noche cuando decidió dejar de ser la princesa de la Elite para convertirse en la heroína idílica de su propia vida, dejando atrás New York, Montecarlo, Paris y regresar a aquella ciudad de país de tercer mundo que no le brindaría más que cuadros pintados en el cielo, castillos de arena y exposiciones del trabajo embebido de pasión. Había decidido acabar con todo para fundar sobre una piedra de fuego el comienzo de su libertad amparada en los estallidos de euforia que emanarían de sus cuerpos al desleírse en las profundidades de la lujuria, la carne y el deseo, fusionándose con las sensaciones comunes compartidas confundidas con amor por la sobredosis de emoción juvenil.

    Atravesó mares, derritió hielos y llegó a la ciudad tercer mundista para buscar a su objetivo perdido. Él, la mira e inmediatamente se repiten aquellas sensaciones de torpeza, sobresalto y deseo. Promete un futuro mejor, juntos y la lleva a una mejor vida según su realidad. Ella, no puede ocultar su realidad pero cede a su embeleso y acepta lo poco que podrá darle.

    Papi en un mar de emociones encontradas no puede hacer más que admirar el bosque de diamantes, el canto de aguas salvajes, el universo alucinado y dejando el rol del rey entra convertirse en el cómplice de las pasiones juveniles. Montecarlo, Paris, New York y porqué no Londres, sabrán de ti, comenta al compañero de humo que se transformaba en fuego intenso de la doncella que trató de salvar en algún momento en un acto ardido.

    ResponderEliminar
  2. Hola César, de tu final lo que más me gusta es el primer párrafo, lleno de adjetivos intensos que hacen que vivamos el sentimiento de "Ella".
    Quizás fuera bueno mencionar a "Ella" en ese primer párrafo como para darle continuidad a la manera que el autor introdujo los personajes.

    Al leer lo siguiente: "las sensaciones comunes compartidas confundidas con amor por la sobredosis juvenil" entiendo que para tí lo de esta pareja no era amor. En ese caso, pues me pregunto yo si de verdad Ella al final se confomaría con "lo poco que El podrá darle"

    En cuanto al personaje de Papi, me cuesta verlo como cómplice. Una cosa es que no lo quede otra alternativa que aceptar la decisión de su hija, pero de ahí a ser cómplice, me queda la duda. Aquí también me pregunto si Ella ya pasó a ser mayor de edad antes de regresar, porque sino, mucho menor la posibilidad de que sea cómplice.

    Bueno ni idea si mis comentarios son acertados, solamente estoy intentando "cambiar la rutina" como nos sugirió Sol. Yo también escribí mi final, estoy esperando los comentarios de Sol para subirlo. Buen trabajo!

    ResponderEliminar
  3. Había escrito mi final para Ascuas en el hielo, y después de leer lo de César me sentí cínica, me arrepentí..pero..había que cumplir con lo solicitado por Solange. Asi que ahí va mi corto y cínico final.

    Papi la mira desde lo alto del castillo, comprende esos locos desvaríos, alguna vez los sintió en su juventud arrasadora, se deja llevar por ellos y capitula ante la mirada tierna pero llena de fuego de su princesa, su tesoro. Mas no es todo lo que cruza por su mente, tasador nato, genera ideas en su cabeza, imagina la floreciente relación con el artista, sus contactos el dinero todo es posible con dinero, si las cosas no funcionan se terminan y punto. Calcula, accede, claudica, todo junto, todo presto, es posible. Ella sonríe tierna ¡oh yes! Papi escucha cajas registradoras. Él, artista subyugado por el hechizo de perfumes, se sumerge en esos ojos verdes, ¡el amor ha triunfado!

    ResponderEliminar
  4. César: Buen manejo del tono.Coincido con lo que dice Mel. No es muy creíble el que el padre se solidarice con la hija de golpe y comprenda lo bello del amor,pero hay mucho de poético y de manejo de elementos comunes con el estilo y las imágenes del autor.
    Con respecto a los párrafos, más de lo que pedí, pues es hora de ejercitar la brevedad. Atención a las consignas, era un solo párrafo aunque todos coincidimos que está muy bien escrito.
    Viviana: Wow! me he sorprendido gratamente. Veo que has captado la manera de escribir y la atención del autor que no deseaba un final dulce sino un cínico. Yo también creo que no había otra salida. Me pierdo un poco sobre dónde esta la hija ¿salió de los Alpes? ¿Cómo? Por lo demás, me parece que lo has disfrutado, es el principio.
    S.

    ResponderEliminar
  5. Sobre el final de Viviana, tengo que confesar que también soy algo cínica, porque cuando leímos la historia, fue una de las cosas que pensé, ¿y por qué Papi no piensa como su hija y se da cuenta de la potencial mina de oro que un pintor representa? Así es que me gusta mucho, y bien por ti que pudiste cumplir con la consigna de un párrafo!!!

    Mi final tenía cinco párrafos (¡ups!) y he cortado lo posible, sin comprometer la fluidez y el sentido, así es que disculpa Sol pero me quedaron dos párrafos : /
    Aquí va:

    Y pasó la era del hielo, gélida y eterna. Ella logró liberarse del cruel cuento de hadas, de su jaula de oro. Cumplió su condena con Papi y luego de años interminables con el alma entumecida regresó por Él. Él, cuyo recuerdo la acompañó cada noche invernal. Él, con sus susurros infinitos. Por fin, el reencuentro añorado. Él reconoce el perfume de Ella, mágico e inolvidable y siente el llamado de sus ojos. Sus susurros ahogados piden escapar de sus labios, su mano se quiere alargar y atraerla de nuevo hacia su pecho.

    De repente un abrazo lo llama queriéndolo despertar de su sueño inconcluso. Su hijo rodea sus piernas con los tiernos bracitos, como si supiera que Él está a punto de volar a otro universo. Él baja la mirada para encontrarse con la sonrisa inocente de su niño. Un segundo abrazo por la espalda lo termina de despertar. Detrás de su cuerpo está su mujer, su mundo real, su presente cierto. Regresa su mirada a la ninfa de sus recuerdos, y sus ojos le cuentan a Ella el final triste de una historia imposible. Le dicen que quizás en otra vida, en otro tiempo, mientras una diminuta y cristalina lágrima se desliza lentamente sobre su rostro, liberando su alma del anhelo de lo que no pudo ser.

    ResponderEliminar
  6. Soy Cristina, la cuenta de correo es de mi hermana, no tengo cuenta de google.
    Mi final en comparación a los otros parece sacado de un cuento de hadas.Opinen, ahi está.

    Durante mucho tiempo el había sido observado por Lecroix, un francés cuyo oficio es reclutar artistas bohemios. El francés se acerca, estrechan sus manos,y sin vacilación alguna el europeo le ofrece comprar todas sus obras en $5000 además de una beca en la escuela de Paisaje en Versailles.El, pintor sin futuro prometedor, no lo dudó un segundo, esa propuesta era mejor que todas las de su trayectoria de artista mal pagado...Los años pasaron como páginas de un álbum de fotos. Y en un abrir y cerrar de ojos se encuentra el, exponiendo sus obras, en una galería del museo de Louvre.
    Ella, ahora una mujer cercana a los treinta se dedica a restaurar obras de arte, opción tomada luego que Papi destruyera su "obra de amor", diez años atrás. Ella entra con paso firme , observa los cuadros y luego se dirige al pintor. Las miradas se cruzan y los dos desempolvan los recuerdos. La historia quiere repetirse, pero esta vez el amor ya no tiene impedimentos. Papi ha muerto y la edad otorgó la libertad correspondida. Finalmente el amor y el destino están cogidos de la mano y ya nadie los separará

    ResponderEliminar
  7. Chicos y chicas, quería compartir con ustedes algo que encontré sobre lo que dice Cortázar respecto al cuento:
    [...] Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable; en segundo lugar, los teóricos y los críticos no tienen por qué ser los cuentistas mismos, y es natural que aquéllos sólo entren en escena cuando exista ya un acervo, un acopio de literatura que permita indagar y esclarecer su desarrollo y sus cualidades.

    ¿Qué opinan?

    ResponderEliminar
  8. Este es mi intento por cambiar el final :)


    Sin musitar, murmurar, susurrar palabra Papi desciende, corre, galopa desde lo alto del castillo en el que alguna vez danzaron las mismas sacerdotisas que si lo permitía contemplarían a su princesa, su ninfa iluminada, solo suya, entregarse al bohemio, vividor, audaz, interesado estafador. ¿Cómo permitir que un ladrón, de un bajo mundo, sombrío, sucio, aterrador, se robe lo único que no tenía precio en su vida? Enfurecido, como una estela de humo, se precipitó a la búsqueda del tirano. Ella sonreía maliciosa, malintencionada, había encendido la antorcha con la que iniciaría la pira y se preparaba para danzar en círculos alrededor de ella. Uff, c’est la vie, ahora a tomar un vuelo a París para disfrutar de doce o quince mil dólares, o a lo mejor hasta veinte mil.

    ResponderEliminar

Seguidores