miércoles, diciembre 23, 2009

Por toda la casa ( un cuento de Navidad por Solange Rodríguez P)


Locos, buenas festividades. Este es mi regalo, que sean felices y coman vino con perdices. Hasta muy pronto

S.

Especial para Diario Expreso

[i]“It was the night before Christmas,
when all through the house.
Not a creature was stirring…”

Clement Clarke Moore

Se despertó con los pies helados y sobresaliendo por el borde de la cama, pero atribuyó esa rareza a la agitación de la víspera, cuando tenía algún pendiente, podía dormir pero se parecía mucho a patalear debajo del agua –.Te mueves demasiado cuando duermes–, decía su esposa. Encogió las piernas de un tirón y buscó a tientas una manta que recordaba haber puesto de su lado, pero no la halló. Luego, reconstruyendo los hechos, hasta le había parecido que la habitación era más oscura de lo normal. Tenía sueño, quería seguir durmiendo, pero debía bajar. El despertador marcaba las cuatro con treinta y tres de la mañana. Lo había programado para las cinco pero ya que había logrado despertarse antes, mejor lo hacía ahora.
Se puso de pie sintiendo ese acalambramiento de los muslos cuando uno pasa mucho tiempo sin moverse y dio unos pocos pasos antes de pegarse la rodilla contra la esquina del velador. Casi estuvo a punto de caer al suelo mientras reprimía el dolor entre los dientes. Sobre la cama, el bulto que estaba del lado derecho se movió un poco. Él, dando brincos en las tinieblas, temió que ella se despertara. Habían hecho un trato: ese año ella iba a comprar los regalos y él iba a colocarlos debajo del árbol al amanecer de Navidad. Nada electrónico para Joaquín, por suerte estaba aún muy pequeño y no podía exigir ni ipods, ni wii, ni game boy ni ninguna de esas cosas caras y raras que empezaría a pedir en cuanto tuviera más de ocho años. Un trato es un trato, no debía molestarla para nada. Esa noche ella quería dormir porque ya se había pasado a varias madrugadas dando biberones, alcanzando vasos de agua, calmando miedos nocturnos mientras él dormía. – Es que naciste cansado – replicaba ella, pero se trataba de esa bromas entre esposos que luego se vuelven pequeñas venganzas chiquitas y que salen a relucir al recoger los platos del almuerzo, a la hora de llegar puntual al cine, a la mínima oportunidad. Así que este año ella dormiría y él haría el trabajo del viejo, tomaría la bolsa de regalos y los podría alrededor del árbol, como acordaron. – Gordo ya estás, corazón–. Él siempre se reía pero ya estaba bastante cansado de las bromas de su mujer sobre su cuerpo.
Fue cuando bajó por la escalera que le pareció que alguna cosa estaba mal, pero creyó que era solo una sensación, “algo se me ha olvidado en el dormitorio” pensó, pero no recordaba nada específico. Al pisar el comedor se dio cuenta de que las cosas eran más pequeñas, incluso, le pareció que uno que otro adorno de la casa había sido movido de lugar. Lo atribuyó a su falta de al sueño. Todavía desperezándose fue hasta el lugar acordado donde estaba la funda con los regalos, pero la modorra se le congeló dejándolo con la boca abierta a mitad de un bostezo: No estaba puesto el árbol de navidad ni ningún otro motivo alusivo a las fiestas.
Desorientado miró en su torno– .Ya que vas a hacer de “espíritu de la navidad”, hazlo bien – ¿quería que él volviera a montar el árbol? ¿Para qué? , ¿Para qué se esforzara tanto como ella lo había hecho en el pasado poniendo sola los adornos? , ¿Que sufriera por adelantado el Día de los Inocentes? Lo pensó mientras iba hasta la puerta de uno de los armarios, el sitio secreto donde estaban los paquetes, incluida la pelota de básquet que habían comprado para Joaquín. – Mejor que crezca, –dijo ella–, para no sea bajito como su padre. Pero, no, él armario estaba cerrado. Se frotó lo brazos porque en serio hacía un frío pero los abrigos estaban todos en un maleta, empacados hasta el verano. No había manera de ponerse uno.
Haló de la manija con fuerza, un par de veces. Ya solucionaría lo del árbol, ni modo, no era adivino para saber cuando ella estaba de broma. A la tercera vez de intentarlo, la puerta cedió y un juego de copas de cristal se vino para abajo con el escándalo del tintineo de mil cascabeles. Él se quedó petrificado: A más de vajillas y vasos, dentro del anaquel donde hacía unas horas habían dejado las compras, no había absolutamente nada.
Permaneció de pie unos minutos, aturdido, atento a los movimientos en el piso de arriba, con el cerebro funcionando a todo vapor, pensando cómo iba a salir con los pies descalzos de aquel reguero de cristales, cómo iba a explicarle a su esposa que había perdido el árbol y sobretodo, cómo iba a decirle al niño que no había balón, ni tampoco títere de tela con forma de dinosaurio. “Papá, inexplicablemente, extravió los obsequios, Quino, pero te quiere mucho” No, no podía decirle eso. Entonces, buscando una respuesta, hizo lo que debió haber hecho desde el principio, miró por la ventana de la sala y terminó de comprender con terror incrédulo, lo que estaba pasando. Le vino una imagen de su hijo haciendo preguntas a la salida de un centro comercial: autos mojados, calor, gente con paraguas, lluvia a cántaros y sin embargo, la atmósfera se esforzaba por ser verde y roja – ¿Papá, por qué donde vivimos no cae nieve? – Le explicó con sencillez que era una cosa de clima, que en el Puerto, en Navidad siempre hace calor pero no por eso era menos Navidad, pero fue gracioso que a más de las otras cosas, Joaquín pidiera una bufanda ese año, él culpó a la publicidad, siempre trastocándoles la mente a los chicos. Pero ahora, frente a sus ojos, se extendía una calle larga con pequeños pinos salpicados de blanco, en un vecindario que no reconocía.
Saltando los vidrios deambuló errático por toda la plata baja de la casa, cerrando y abriendo puertas, ya sin el menor cuidado por hacer ruido. Era parecida pero no era igual, vagamente similar a la suya, sin el reloj regalado por la madre en la pared del comedor, sin silla tapizada de verde por allá. Atónito y extraviado deambuló intentando reconocer algo suyo y se le ocurrió que si abrazaba a Joaquín todo iba a estar bien, que si lo tomaba entre sus brazos y lo apretaba, entonces habría orden y coherencia y sabría que eso del colesterol alto puede hacerle pasar malos ratos, ya lo decía ella –, para hacer de Santa sólo le faltaba la barba–. Entonces corrió escaleras arriba con el estrépito de los caballos desbocados y tomó hacia la izquierda, pero no había cuarto, ni había niño preguntón, solo una pared blanca y lisa a la que él dio un puñetazo enérgico con una mano que ya sabía, que no quería reconocer, no era la suya, una mano nervuda y llena de vellos que golpeaba y golpeaba, hasta las lágrimas.
Ya la luz empezaba a dibujar el contorno de los objetos cuando entró, descorazonado al dormitorio. Iba a intentar la única cosa que no había hecho para que todo tuviera sentido: volver a dormir. Retornar al agua del sueño agitado del que había salido, a ver si era posible recuperar en medio de la autopista donde transitan las almas de los padres exhaustos, su cuerpo. De algo tenía que servirle esa capacidad para cerrar los ojos en cualquier situación, que tanto ella había criticado, ¿quién no ha tenido un mal sueño en la vida? Entonces se tendió junto a ese otro cuerpo de mujer hacia el que no deseaba volver la vista, sin prestar atención al frío, al verdadero frío que le hacía tiritar los hombros, ni a la costumbre que tenía ese otro hombre de descansar con los pies fuera de la cama, ni al despertador que sonaba escandalosamente porque ya era hora de bajar para colocar los regalos de Navidad alrededor del árbol. Apretó los párpados concentrándose en la respiración, como quien está dispuesto a nadar y sabe que le espera un largo trecho.

[i] “Era la noche antes de Navidad, cuando en toda la casa, ni una sola criatura se movía…”

5 comentarios:

  1. Gracias por este regalo tan lindo Sol. Interesante que del taller han salido algunos cuentos sobre sueños. Espero que sigamos soñando e inventando siempre. Feliz Navidad queridos locos : )

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  2. Gracias por el regalo, Sol. El cuento tiene mucha tensión.

    ¡Feliz navidad para todos (as)!

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  3. Sol, lo leí a destiempo, igual espero que la Navidad te haya traido sueños y no pesadillas. Leyéndote me acordé de "Un recuerdo navideño" de Truman Capote. Tengo la palabra en la punta de la boca para definir lo que opino sobre la facilidad que tienes para escribir textos atrayentes, inteligentes, originales... pero no me sale.

    Te la diré personalmente cuando la lengua se me destrabe! La tengo trabada desde ayer... a la lengua y aparentemente al cerebro...

    "Ya que vas a hacer de “espíritu de la navidad”, hazlo bien" (con una mujer así, como no tener pesadillas. Las presiones por más mínimas y a veces innecesarias desembocan en esto :S)

    Excelente Sol! Felicitaciones!

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