<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698</id><updated>2011-09-07T07:05:37.091-07:00</updated><title type='text'>Minicomio</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>32</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-6610896736427610709</id><published>2010-01-06T05:39:00.000-08:00</published><updated>2010-01-06T06:02:30.641-08:00</updated><title type='text'>Un idilio bobo de Angel Felicísimo Rojas</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/S0SXXDO59BI/AAAAAAAAA34/KA_URHCagT4/s1600-h/balada_primera_novia.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5423626273521529874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 284px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/S0SXXDO59BI/AAAAAAAAA34/KA_URHCagT4/s320/balada_primera_novia.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;De vuelta a la cancha de la Literatura. Seguimos con los amores, en este caso, emfocamos la mirilla en los cuentos ecuatorianos, esta vez, un texto medio de panfleto y chancleta. Si suena medio artificioso, es la época de militacia de izquierda y del compromiso político y la industrialización. Nótese lo estereotipado de los personajes pero es divertido. Buen provecho.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esa temporada me dio un pesar. Hube de hacer disparates y trastornarme completamente. Odio ese recuerdo porque me estruja el corazón y me derrama la bilis en la sangre. Sin embargo, en los días que quiero atormentarme, en que gozo la voluptuosidad dolorosa de remover las cicatrices, hago desfilar este pasado que otros días temo- por delante de los ojos. Ahora vivo uno de estos ratos implacables en que soy el más tremendo enemigo de mis ridiculeces y me complace sufrir. Qué importa si esta confesión va a abrumarme de vergüenza; si Andrés Peña va a vomitar sobre sí mismo, sobre el propio ¡Andrés Peña!. Andrés Peña se permitirá el lujo -¡su único lujo!- de ser sincero, aun cuando se le encienda la cara.&lt;br /&gt;Fue una norteamericana -Estado de Virginia, Richmond-. No la conocí nunca. Naturalmente. Yo vivía y estudiaba en el Colegio de Loja. Ella en Richmond. Estábamos separados miles y miles de kilómetros que no los salvamos nunca. ¡Imposible! Y a pesar de ello, a pesar de que usted al oír esto creerá imposible se amor, me he enamorado de ella como un perro. Todo por culpa de unas&lt;br /&gt;cartas y de una refinada estupidez mía. Cuando cuento quién fue ella, nadie me cree, si me conoce.&lt;br /&gt;Pero ella me quiso también, y eso lo juro. Y lo compruebo en seguida. Mire esto que tengo aquí: son sus cartas. No las rompo porque necesito hacer desaparecer la desconfianza que producen mis palabras en quienes me oyen. Necesito que se me crea capaz -yo, miserable figura- de encender un gran amor a través de algunos grados geográficos. Así, como suena: un gran amor.&lt;br /&gt;Le prometo enseñarle las cartas de ella. Se llamaba -no, se llama todavía- Jacqueline Arthur. Jacqueline... Nombre medio afrancesado creo, muy bonito ¿verdad?&lt;br /&gt;Unos colegios norteamericanos se dirigieron al nuestro pidiendo direcciones de&lt;br /&gt;alumnos que estudiaran inglés para relacionarlos por correspondencia con alumnos norteamericanos, de preparación similar, que aprendieran español. En ello estoy de acuerdo con usted, se lo vuelvo a decir. Me ha hablado de las ventajas del sistema. El profesor de idiomas habló exactamente como usted, y yo fui un entusiasta de aquél. Hubo cambio de direcciones, y me tocó escoger.&lt;br /&gt;No le hablo de la vacilación, de la incértidumbre que se apodera de uno al revisar nombres entre quienes escoger. Al pasar los ojos por el papel, se quedaron en este: Jacqueline Arthur. Nada, nada. Me gustaba el nombre. Este nombre de mujer me gustaba desde antes. Desde que en una película... Pero me estoy yendo a otra parte. Le decía, le estaba diciendo, que me gustaba,&lt;br /&gt;desde antes, este nombre de mujer. Cursaba el segundo año de español. Llevaba yo cuatro años de estudiar ingles, sin entusiasmarme mucho por su aprendizaje. ¡Ahora comenzaba a palpar las ventajas del sistema! Nos escribimos. Le hice unas frases en inglés y ella me respondió en español, en el español que puede escribir una muchacha que apenas lleva dos años de&lt;br /&gt;aprenderlo. Fíjese en la primera carta. Observe ese tipo de letra. Ese es el estilo caligráfico, o mejor simplemente gráfico con que todo el mundo escribe en los Estados Unidos. Letra sin "personalidad". Hacen la "n" como la "u" y ponen al pie de la firma ilegible el nombre y apellido escritos a máquina. Esto permite que se firme con un rasgo, con un garabato y que ese rasgo, ese garabato sean más rasgos, más garabatos que nunca.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carta Primera&lt;br /&gt;"Mr. Andrés Peña, etc.&lt;br /&gt;Mi distinguido amigo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Usted en el Colegio Nacional aprendiendo inglés? Yo desea entablar relaciones de amistad con usted. Vuestra letra es muy bella; mejor, mucho mejor que nuestra letra. En U.S.A. todo escribimos igual. Allano. Linda letra allá. Yo doy usted cómo es mi fisonomía y mi cuerpo. Yo tengo 16 años edad. Yo tengo el cabello ondulante y blonde. Yo tengo color blanco y cara rosada. Soy alta. Tango cinco pies y siete pulgadas alto. Yo ama los deportes. Yo juega tennis, juega natación y gusta el basket-ball. Yo tengo tennis buen profesor. Yo gané campeonato escolar en pasado año.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Usted juega los deportes? Yo gustaría se sirva decirme cómo es usted. ¿Desea usted venir U.S.A.? Yo desea venir Ecuador, pero temo calor. Yo deseo estudiar en mapa algo de su país, y en la geographia.&lt;br /&gt;Sírvase usted contestarme primer correo.&lt;br /&gt;Muy antenta y segura servidora,&lt;br /&gt;(f.) Jacqueline Arthur".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta primera carta me interesó profundamente. En fin, no quiero cansarle diciéndole todo eso. Al esperar la segunda, luego la tercera... comprendí lo que me pasaba. ¿Qué era esa inquietud con que llevaba la cuenta de los días que demoraba el cambio de cartas entre Richmond, Virginia, Estados Unidos y Loja, Ecuador? ¿Qué era ese temor, esa nerviosidad con que salía disparado de mi tienda las noches de lunes de correo? Allí, a las siete de la noche, se abrían unas ventanillas. Sobre la plataforma, sebosa del roce de las manos, se recortaban una cara, unos hombros, un busto. Me acercaba temblando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi nombre. Los ojos de la gente brillaban en la espera. Así fue como empecé a vivir pendiente de esa ventanilla y cómo el correo adquiría para mí una importancia decisiva. La espera me volvía injusto, y rajaba del público de los apartados que tienen la comodidad de su llave y de recibir horas antes su correpondencia. ¿Por qué uno es tan desgraciado que no puede tomar un&lt;br /&gt;apartado de correos? Y me sentía más proletario que nunca. ¡Esos ojos que ponía cuando llegaba mi letra! Y esa cara de súplica para que se me atienda de preferencia! ¡Nunca, nunca me había humillado tanto! Dígame, señor, ¿qué era ésto? Amigo, era una fatalidad mía. La otra carta, la&lt;br /&gt;segunda carta, era ésta:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Segunda Carta&lt;br /&gt;"Mi querido amigo:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recibí su carta en inglés. Ella tiene algunas faltas. Yo tengo también faltas cuando escribo. En verdad: yo repito a cada rato, "yo", "yo", "yo"- No me olvido. También la conjunción española es muy difícil.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mr. Andrés Peña: Ya estudié su país. Ecuador es país pequeño, con dos millones indios y doscientos mil blancos. Tiene puerto importante: Guayaquil. Tiene cacao. Tiene sombreros "panamá". Cuando yo tomaba mi cacao he pensado en su país y en usted.&lt;br /&gt;Sería muy bello un viaje de turismo por Ecuador. Dolores Costello y John Barrymore visitaron su país. ¿Usted conoció estas dos stars? ¿Ha usted visto sus films?&lt;br /&gt;A mi me encanta el cine. Yo quería ser star. Tengo amigos y amigos que trabajan en el cine. Mes pasado vino un star cast de mi padre. Dijo que era fotogénica, pero desgraciadamente no tengo buena voz. Como usted quiere conocer mi fotografía, aquí le mando unas dos; Berta, mi pequeña hermana, hizo ambas. En el baño, yo soy la segunda izquierda. Otra, yo estoy sentada en los rieles del tren de mi padre.&lt;br /&gt;¿Adivina usted por qué esta carta no tiene faltas? Hice un modelo y lo corrigiómi profesor de español. James Brums se llama mi mejor amigo. Pero yo no lo quiero, como usted dice.El es amigo, nada más. Yo lo estimo a usted más, por su carta.&lt;br /&gt;¿Usted cómo aprendió a decir "I love you" en inglés? Usted debe tener una chica allá a quien decir: Latinos son muy enamorados.&lt;br /&gt;Espero su fotografía.&lt;br /&gt;Lo saluda atentamente,&lt;br /&gt;(f.) Jacqueline Artur"'.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tercera Carta&lt;br /&gt;"Mi querido amigo:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recibí su hermosa carta. Me gustó mucho. Yo enseñé mis amigas de la escuela. Gustó a ellas mucho. Yo le corregí algunas faltas, pero tiene menos faltas que la otra. Yo enseñé también ajames y él se rió diciendo: tu amigo está enamorado usted. Yo dije: ajames no importa eso.&lt;br /&gt;Yo he tenido gusto que usted ofrece venir U.S.A. Yo diré mi padre viene un amigo a visitarme del sur. Yo tengo un Rolls-Royce, más elegante del lugar. Pasearemos en él amigo Andrés. Yo tengo muchas novedades que mostrarle.&lt;br /&gt;Usted hablará solamente inglés. Yo hablaré solamente español. Yo pienso mucho en usted. ¿Cómo será mi amigo de América Latina? ¿Será muy alto? ¿Será rubio? ¿Tendrá ojos negros? Yo tengo ojos verdes. Gustaría que usted tenga ojos negros. -Le enseño una cosa: no escribo mucho "yo", "yo", "yo"-.&lt;br /&gt;¿Usted es fotogénico? ¿Tiene buena voz? Ruego de nuevo enviarme fotografía. ¿Qué le parece usted si filmáramos juntos una película? Yo podría facilitar entrada de usted en el cine. Latinos son buenos artistas. Usted dice que más alto que Novarro.&lt;br /&gt;Yo, le espero usted en agosto. Tendría mucho gusto en recibirle. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Amigo Andrés: yo no querido nadie todavía. Usted es muy celoso. Ni James ni Profesor de español. Profesor es de edad y está casado. Yo soy muy celosa también. No quiero que usted se enamore de ninguna mujer.&lt;br /&gt;Reciba usted recuerdos,&lt;br /&gt;(f.) Jacqueline Arthur".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bueno, amigo. No le enseño las dos restantes. Menos la última. Había allí un gran amor. ¿Me lo creerá usted? He aquí lo que esas cartas me hicieron deducir:&lt;br /&gt;1º Jaqueline Arthur tenía dieciséis años, bucles rubios y era muy bella.&lt;br /&gt;2º Tenía una afición desmedida por el cine.&lt;br /&gt;3º Era millonaria.&lt;br /&gt;4º Me quería.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto último ya lo cree usted también conmigo ¿Verdad? De otro modo, fácil es comprender que no se habría interesado tanto por mí. Menos perfeccionado día y noche su español para escribirme. Fuera de eso, y en las últimas cartas, no habría llegado a escribirlas sin atreverse a hacérselas corregir por su Profesor de español. ¡Tanta pasión rebosaban!&lt;br /&gt;Ahora considere si yo podía interesar a nadie. Estudíeme, mire el original, ¿Qué iba a hacer yo?... ...Maquiné infernalmente. Al estallar la bomba, hasta mí llegaron los efectos,&lt;br /&gt;produciéndome una terrible crisis sentimental. Era esto muy justo. Usted reconoce. Era muy justo.&lt;br /&gt;Cuando vi su retrato, y su cuerpo maravilloso, y sus bucles dorados, y su cara perfecta, y sus ojos claros y supe que tenía un padre millonario, autos de lujo, explotación de trenes propia y exportación de pinos de Oregón, y había pretensiones de estrella de cine de por medio, y vi por otra parte quien era yo, el demonio se apoderó de mí.&lt;br /&gt;Le mentí cosas inauditas. Tenía insomnios. Usted sabe lo que son los insomnios. Usted ha sufrido alguna vez de insomnio y ha sentido su feroz maltrato. Ocurre que a uno se le exacerban morbosamente las facultades intelectuales, y sobre todo se excita atrozmente la imaginación, la fantasía. Se trabaja con una lucidez enferma y el corazón temblando, sobresaltado. Una lógica de otra tensión vital desde luego, una lógica a base de grandes descargas... Bueno... Yo tengo este defecto, esta tremenda desgracia. Decir defecto no estaría bien.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y en mis insomnios -duro colchón de paja y orejas encendidas- imaginaba de mí muchas cosas. Que se las decía después a Jacqucline. ¡Le ofrecí ir a verla en vacaciones, recorriendo los miles y miles de kilómetros que nos separaban, a pesar de que no tengo un centavo; le dije ser propietario de grandes plantaciones de cacao en la costa y ni sé decirle cómo será la costa!, le dije se me enviaría a perfeccionar los estudios en Alemania, yo, tan mal escolar, que ha ganado los años a duras penas, miserablemente; y -como el débil de ella era el cine - le dije que me gustaría ser galán de cine, hablándole de mis aptitudes para ello. Yo era un atleta; tenía voz de tenor y una magnífica figura! ¡ya la conocería por la foto á enviarle dentro de pocos días! En fin, le confesé mi amor -no se me ría en la cara-. Ella también me confesó el suyo. No sólo por alusiones vagas: explícitamente.&lt;br /&gt;Y la millonaria de dieciséis años a quien nunca veré me creyó todo, todo, y le metí un fuerte amor en ese pecho que jamás había sufrido una sola amargura. Esta era mi venganza. La venganza de mi clase proletaria contra la suya, que tiene a sus pies el mundo y que, sobre todo, siempre tiene qué comer!. ¡Esta era mi venganza, esta era mi venganza! Algo había que ensombrecía su existencia, que se le atravesaba en el camino: su ambición -insatisfecha- de ser estrella de cine. ¡Desde el principio descubrí su punto vulnerable! Por ahí podía encadenarla. Yo sería galán de cine; iríamos a trabajar juntos...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¡Me esperaba, escribía su última carta a escondidas del profesor de español! ¡Le daban rubor sus malas frases encendidas! ¡La venganza, la venganza! ¡Sufre alguna vez, mujer bella y millonaria! ¡Sufre al ver que el ídolo que fabricaron tus fantasías sólo fuera un estudiante en la miseria! ¡Sufre alguna vez! No sólo será la madre que debe comprarle zapatos a uno y no tiene cómo.&lt;br /&gt;No sólo llorará Andrés Peña cuando la vida le niegue un mendrugo, o le estruje las narices -a la vuelta de una esquina- a la esperanza de algún sueldo de hambre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora te decía la verdad. ¡Te decía quién soy,Jacqueline, Jacqueline, Jacqueline...! ¡Y entonces tú, Jacqueline, ya no me escribiste más!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Podría también jurar que Jacqueline lloró. Con mi última carta, la carta sincera que borraba todo mi engaño anterior, le mandé mi fiel fotografía. Con este mi vestido de dril, medio apretado ya, mis zapatos con media suela, mi pobre cara, y estas manos feas, largas y nudosas que no sé donde esconder. La carta era cínica, completamente cínica. Se lo dije todo, todo. La mejor prueba era mi fotografía. ¿No iba a llorar de rabia?&lt;br /&gt;Habría tenido que expulsar esa imagen de hombre adorado, de galán de cine, de chico "bien" que le hice creer que era. Estaría abrumada con lo brutalmente prosaico que resultaba hacerla edificarse un castillo y destruírselo así. Fui un perro, lo conozco. Y eso de orinarse sobre su mejor ilusión fue una canallada.&lt;br /&gt;Culpa era de mis insomnios. Yo tengo terror a mis insomnios. Ellos siempre me hacen su víctima, son implacables. Me sonroja recordarlo. Da muy mala idea de mí, y siento que la había querido,&lt;br /&gt;que la había querido y que fui una bestia.&lt;br /&gt;¡Una bestia tragicómica, un perro enamorado de la luna, que alcanzó a darle una dentellada! Y en medio del dolor de recordar esto, me cabe una alegría satánica: A esa mujer separada por un abismo de mí, a esa mujer a quien jamás pudiera hacer mía, yo, Andrés Peña, débil, insignificante y oscuro -desde miles y miles de kilómetros de distancia- le trastorné la vida, le envenené la vida. La hice que me quiera, que me adore, y luego que me odie, que me escupa.&lt;br /&gt;Por eso digo: a esa mujer lejana, inaccesible, lunar, le alcancé yo a dar una dentellada, le probé la sangre. Jacqueline, Jacqueline, Jacqueline...! Me gusta aún endulzar mi boca amarga con su nombre, me gusta paladearlo largamente. Y en mis insomnios... Pero basta. Y volviendo al asunto que usted me decía: "Sí. Creo en la eficacia del aprendizaje de idiomas por correspondencia". Usted tiene razón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-6610896736427610709?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/6610896736427610709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2010/01/un-idilio-bobo-de-angel-felicisimo.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6610896736427610709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6610896736427610709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2010/01/un-idilio-bobo-de-angel-felicisimo.html' title='Un idilio bobo de Angel Felicísimo Rojas'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/S0SXXDO59BI/AAAAAAAAA34/KA_URHCagT4/s72-c/balada_primera_novia.gif' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7409329002481675273</id><published>2009-12-26T06:44:00.000-08:00</published><updated>2009-12-26T06:55:22.208-08:00</updated><title type='text'>La cama o la vida de Ana María Shúa</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzYjziOji4I/AAAAAAAAA3w/_JEs8t26h9Q/s1600-h/waterbed1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5419558569855126402" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzYjziOji4I/AAAAAAAAA3w/_JEs8t26h9Q/s320/waterbed1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;Historia de amor no correspondido con un brillante manejo de los elementos del relato. Gran trabajo de Annie Shúa. La cama como eje conductor, la vida como un problema que se soluciona con el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces ella entró sin apuro, decidida y tímida al mismo tiempo como lo exigía la época, con una suerte de audacia contenida, al departamento de él, y él la llevó sin contemplaciones al dormitorio, mejor no distraerse, mejor no darle tiempo a retroceder, a recordar impedimentos, la voz convirtiéndose en barrera, mejor el silencio de los cuerpos, allí, en el dormitorio, el maldito, soberbio, brutal colchón de agua, uno de los primero del país, orgullo de su dueño, hinchado, definitivo, prohibido, cayeron sobre él, y mientras se desvestían con la torpeza intensa, irrecuperable, de la primera vez, ella aprendía de a poco a montarlo, a mantenerse sobre él, un colchón de agua exigía ser domado, exigía cierta pericia de jinete pero después qué gloria, qué acompañamiento, qué juego de oleajes y de jugos y cómo aprendió ella a disfrutarla, a esa cama loca, mientras él aprendía todo sobre ella, olores, vellos, el roce nunca rutinario de las lenguas, un día ya tan confiados quedándose dormidos para despertarse casi contra el suelo, mojados, en medio de un lago, riéndose, tocándose, arreando con el agua, puteando contra el maldito plástico pinchado, desnudos, empujando el agua con secadores y baldes y trapos y gritos y juegos y el vecino de abajo quejándose de humedad en el techo, sus líquidos de amor exagerados filtrándose hasta el departamento del vecino, motivo de quejas del consorcio y se reían, y escurrían, perseguían el agua, se perseguían. Pero después, entre ellos, ya no todo era un juego, y las caricias llegaban más allá de la piel, se acariciaban los pulmones y el páncreas, ya no era sólo amor de bocas, era amor de amígdalas y almas y separarse dolía después de tanto amor, entonces ella se quedaba a dormir, cada vez más seguido y el oleaje era menos gracioso, placentero, tan loco como siempre pero no tan divino, cada vez que uno se movía en el sueño, las olas sacudían al otro, se dormía salteado, con problemas, despertarse con el colchón pinchado y obligaciones matutinas fue penoso, quisieron arrear el agua y reírse y retorcer los trapos y la vida como antes pero era un día de semana con horarios, el mundo estaba allí, clamando por sus fueros, limpiaron y secaron y decidieron comprar una cama verdadera, tal vez casarse, aunque no por iglesia, un colchón de gomaespuma no muy caro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el país se sacudía como un colchón de agua, después un maremoto, el oleaje amenazaba con taparlos, había persecuciones oficiales y no tanto, podían venir a buscarlos, era hora de cambiar de lugar, cambiar de cama, no fue fácil dar con quién estuviera dispuesto a alojarlos, una noche levantaron el nuevo colchón de gomaespuma y de alguna manera lo llevaron, entre los dos, por calles patrulladas, cargar con una cama podía ser signo de perturbación del orden, de peligro, de subversión, signo de muerte. Maldurmieron unos días en la casa prestada, compartida, dándose amor furtivo, amor prohibido, como adolescentes que se ocultan de sus padres, hasta que tuvieron los pasaportes listos, fue en París donde armaron la otra cama , piecita de París con baño apenas y una cama imposible, sommier hundido y roto, poca plata, que al fin se les ocurrió dar vuelta, las patas para arriba, colchón acomodado entre las patas, frazadas del ejército en el Mercado de Pulgas, finitas, apelmazadas y los buenos abrigos argentinos cubriéndolos del frío aburrido, sin pausa, del invierno largo y triste de París, y después de cierto tiempo la certeza de que no era allí donde querían a su hijo, no en esa ciudad ni en esa cama. Entonces, el regreso, iban de vuelta hacia aquél colchón de gomaespuma que no habían vendido, casi nuevo, y allí, en su ciudad de siempre, a ella le creció tanto la panza, parecían tan frágil y al mismo tiempo tan tremenda, tan reina, abarcadora, dominante, que él se acostumbró a dormir acurrucado, se acostumbró a empequeñecerse, ocupar poco espacio, costumbre que vino bien porque faltaba poco para que fueran tres en esa cama, a la bebita la traían solamente a mamar pero enseguida se dormían los tres y en cuanto pudo caminar esos pasitos que invadían clap clap la madrugada, la madre protestaba, el padre la abrazaba, dormía de costado, estirado, casi sobre una tabla, la reina chiquita despatarrada, feliz en medio de la cama, después tuvieron otros, cada uno a su turno supo ocupar el centro de la cama, dormir era compartir nuevos olores, a pañales, a orina, a caca de bebé, a leche fresca y sudor y regurgitaciones pero también poco a poco supieron que los hijos venían y se iban, que por último ninguno se quedaba. Y hay que reconocer en este punto que también conocieron otras camas, las había redondas, con doseles, pero todas con las sábanas cortas, los perfumes violentos de algún hotel de paso, otros él para ella, y él tuvo otras ellas, sin embargo siempre durmieron juntos. Tuvieron más dinero y se mudaron y quisieron algo que los dos habían fantaseado: un sommier como el de París pero nuevito, el colchón más cómodo del mundo, el más mullido, sobre el sommier, un colchón de resortes chicos y otros grandes, ese era el sueño y fue cumplido y por unos años durmieron semi hundidos, sus huesos todavía jóvenes acomodándose de acuerdo a su peso relativo y sin embargo, al paso de los años, el páncreas los pulmones las amígdalas que habían tanto amado y en cierto modo amaban todavía, se iban desgastando y empezaron los problemas de columna. Renunciaron al colchón de resortes, volvieron a un colchón de gomaespuma que nada se parecía aquel primero, era más grueso y sobre todo muchísimo más duro, tan duro como algunos colchones de lana de sus infancias respectivas, esos que había que llevar a cardar de tanto en tanto. Pero con todo y dureza no alcanzaba, de a poquito siguieron renunciando, abandonaron el sommier primero, después vino la tabla debajo de colchón, dolor de espalda, las noches eran largas ahora, complicadas. Ya no se dormía como en la adolescencia, tampoco con la desesperación profunda de aquel sueño perturbado por los hijos, los dos se levantaban, se movían, se despertaban más temprano, a medianoche clamaban las vejigas, orinar era parte de las horas. Sordamente luchaban, siendo ya dos personas de volumen, de peso, de cierta edad, luchaban por el espacio vital, silencioso combate, ring la cama. Cada noche al acostarse dividían el campo, preparaban sus armas, distribuían con equidad almohadas y frazadas, un&lt;br /&gt;poco más del lado del que menos tiraba, una parte de la colcha debajo del colchón para defender las posiciones de batalla. Entonces él empezó a habar de camas separadas, visitaron mueblerías comunes, tal vez dos camas, visitaron mueblerías sofisticadas, camas unidas pero también independientes, movidas a motor, un poco caras, cuando ella se enfermó gravemente, y una larga internación la sacó de su casa, el tenía la cama entera toda la noche y no la disfrutaba, extrañaba codazos y empujones, los bruscos movimientos en el sueño, la forma desconsiderada y brutal con que ella se dejaba caer otra vez sobre el colchón, extrañaba él, extrañaba sus olores molestos, vergonzantes, de mujer que envejece, el roce de la carne un poco floja, un poco blanda, la piel ya no tan tensa en los abrazos pero siempre tan suya, los cuerpos compitiendo y tocándose, dándose odio y calor en esa cama: extrañaba. Así, cuando ella volvió, ya no se habló de camas separadas, aunque después de una tregua relativa volvió el combate cada noche y el fastidio, él sufría acidez y les recomendaron que durmieran en plano inclinado. Se discutió, entonces, si serruchar las patas de adelante, se decidieron a incorporar soportes, levantando las patas posteriores, también sería bueno para mejorar la respiración, reducir las apneas y ronquidos, sus noches ya eran un concierto, se habían vuelto, peor si él estaba un poco resfriado, se despertaba a veces ella en la oscuridad con sensación de tormenta, vientos enmarañados y profundos, con la respiración de él en el oído, exquisita, deseada y ahora insoportable, estaban viejos. Cierta noche la despertó otra vez el sonido intolerable, la expiración profunda de él, larga y casi estertorosa pero después que alivio en el silencio, ella pudo recuperar el mejor sueño, el sueño hondo de la primera madrugada y despertó con una curiosa sensación de falta, algo había quedado incompleto, faltaba el sonido molesto del aire que entraba, pero esta vez la inspiración no se había producido, a partir de la próxima noche ella fue dueña por fin del espacio entero de la cama, la ganadora del combate, solitaria. Y así fue durante años todavía, años lentos como los de la infancia, su mente alejándose, borrosa, abriéndose paso en la niebla por momentos, las palabras de un médico ese día, ya cerca del final, que aconsejaba, hablando con sus hijos, al borde de su cama, para evitar esas zonas rojizas que tendían a ampollarse, formando llagas, escaras, esa voz que aconsejaba firmemente: hay que ponerla en un colchón de agua. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7409329002481675273?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7409329002481675273/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/la-cama-o-la-vida-de-ana-maria-shua_26.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7409329002481675273'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7409329002481675273'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/la-cama-o-la-vida-de-ana-maria-shua_26.html' title='La cama o la vida de Ana María Shúa'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzYjziOji4I/AAAAAAAAA3w/_JEs8t26h9Q/s72-c/waterbed1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-5725338828874666558</id><published>2009-12-23T16:47:00.000-08:00</published><updated>2009-12-23T16:59:50.306-08:00</updated><title type='text'>Por toda la casa ( un cuento de Navidad por Solange Rodríguez P)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzK8pGauzgI/AAAAAAAAA3c/-fafJ3H33n4/s1600-h/cama.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5418600715963518466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 307px; CURSOR: hand; HEIGHT: 230px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzK8pGauzgI/AAAAAAAAA3c/-fafJ3H33n4/s320/cama.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Locos, buenas festividades. Este es mi regalo, que sean felices y coman vino con perdices. Hasta muy pronto&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;S.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Especial para Diario Expreso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7661073144792917698#_edn1" name="_ednref1"&gt;[i&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;“It was the night before Christmas,&lt;br /&gt;when all through the house.&lt;br /&gt;Not a creature was stirring…”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Clement Clarke Moore&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Se despertó con los pies helados y sobresaliendo por el borde de la cama, pero atribuyó esa rareza a la agitación de la víspera, cuando tenía algún pendiente, podía dormir pero se parecía mucho a patalear debajo del agua –.Te mueves demasiado cuando duermes–, decía su esposa. Encogió las piernas de un tirón y buscó a tientas una manta que recordaba haber puesto de su lado, pero no la halló. Luego, reconstruyendo los hechos, hasta le había parecido que la habitación era más oscura de lo normal. Tenía sueño, quería seguir durmiendo, pero debía bajar. El despertador marcaba las cuatro con treinta y tres de la mañana. Lo había programado para las cinco pero ya que había logrado despertarse antes, mejor lo hacía ahora.&lt;br /&gt;Se puso de pie sintiendo ese acalambramiento de los muslos cuando uno pasa mucho tiempo sin moverse y dio unos pocos pasos antes de pegarse la rodilla contra la esquina del velador. Casi estuvo a punto de caer al suelo mientras reprimía el dolor entre los dientes. Sobre la cama, el bulto que estaba del lado derecho se movió un poco. Él, dando brincos en las tinieblas, temió que ella se despertara. Habían hecho un trato: ese año ella iba a comprar los regalos y él iba a colocarlos debajo del árbol al amanecer de Navidad. Nada electrónico para Joaquín, por suerte estaba aún muy pequeño y no podía exigir ni ipods, ni wii, ni game boy ni ninguna de esas cosas caras y raras que empezaría a pedir en cuanto tuviera más de ocho años. Un trato es un trato, no debía molestarla para nada. Esa noche ella quería dormir porque ya se había pasado a varias madrugadas dando biberones, alcanzando vasos de agua, calmando miedos nocturnos mientras él dormía. – Es que naciste cansado – replicaba ella, pero se trataba de esa bromas entre esposos que luego se vuelven pequeñas venganzas chiquitas y que salen a relucir al recoger los platos del almuerzo, a la hora de llegar puntual al cine, a la mínima oportunidad. Así que este año ella dormiría y él haría el trabajo del viejo, tomaría la bolsa de regalos y los podría alrededor del árbol, como acordaron. – Gordo ya estás, corazón–. Él siempre se reía pero ya estaba bastante cansado de las bromas de su mujer sobre su cuerpo.&lt;br /&gt;Fue cuando bajó por la escalera que le pareció que alguna cosa estaba mal, pero creyó que era solo una sensación, “algo se me ha olvidado en el dormitorio” pensó, pero no recordaba nada específico. Al pisar el comedor se dio cuenta de que las cosas eran más pequeñas, incluso, le pareció que uno que otro adorno de la casa había sido movido de lugar. Lo atribuyó a su falta de al sueño. Todavía desperezándose fue hasta el lugar acordado donde estaba la funda con los regalos, pero la modorra se le congeló dejándolo con la boca abierta a mitad de un bostezo: No estaba puesto el árbol de navidad ni ningún otro motivo alusivo a las fiestas.&lt;br /&gt;Desorientado miró en su torno– .Ya que vas a hacer de “espíritu de la navidad”, hazlo bien – ¿quería que él volviera a montar el árbol? ¿Para qué? , ¿Para qué se esforzara tanto como ella lo había hecho en el pasado poniendo sola los adornos? , ¿Que sufriera por adelantado el Día de los Inocentes? Lo pensó mientras iba hasta la puerta de uno de los armarios, el sitio secreto donde estaban los paquetes, incluida la pelota de básquet que habían comprado para Joaquín. – Mejor que crezca, –dijo ella–, para no sea bajito como su padre. Pero, no, él armario estaba cerrado. Se frotó lo brazos porque en serio hacía un frío pero los abrigos estaban todos en un maleta, empacados hasta el verano. No había manera de ponerse uno.&lt;br /&gt;Haló de la manija con fuerza, un par de veces. Ya solucionaría lo del árbol, ni modo, no era adivino para saber cuando ella estaba de broma. A la tercera vez de intentarlo, la puerta cedió y un juego de copas de cristal se vino para abajo con el escándalo del tintineo de mil cascabeles. Él se quedó petrificado: A más de vajillas y vasos, dentro del anaquel donde hacía unas horas habían dejado las compras, no había absolutamente nada.&lt;br /&gt;Permaneció de pie unos minutos, aturdido, atento a los movimientos en el piso de arriba, con el cerebro funcionando a todo vapor, pensando cómo iba a salir con los pies descalzos de aquel reguero de cristales, cómo iba a explicarle a su esposa que había perdido el árbol y sobretodo, cómo iba a decirle al niño que no había balón, ni tampoco títere de tela con forma de dinosaurio. “Papá, inexplicablemente, extravió los obsequios, Quino, pero te quiere mucho” No, no podía decirle eso. Entonces, buscando una respuesta, hizo lo que debió haber hecho desde el principio, miró por la ventana de la sala y terminó de comprender con terror incrédulo, lo que estaba pasando. Le vino una imagen de su hijo haciendo preguntas a la salida de un centro comercial: autos mojados, calor, gente con paraguas, lluvia a cántaros y sin embargo, la atmósfera se esforzaba por ser verde y roja – ¿Papá, por qué donde vivimos no cae nieve? – Le explicó con sencillez que era una cosa de clima, que en el Puerto, en Navidad siempre hace calor pero no por eso era menos Navidad, pero fue gracioso que a más de las otras cosas, Joaquín pidiera una bufanda ese año, él culpó a la publicidad, siempre trastocándoles la mente a los chicos. Pero ahora, frente a sus ojos, se extendía una calle larga con pequeños pinos salpicados de blanco, en un vecindario que no reconocía.&lt;br /&gt;Saltando los vidrios deambuló errático por toda la plata baja de la casa, cerrando y abriendo puertas, ya sin el menor cuidado por hacer ruido. Era parecida pero no era igual, vagamente similar a la suya, sin el reloj regalado por la madre en la pared del comedor, sin silla tapizada de verde por allá. Atónito y extraviado deambuló intentando reconocer algo suyo y se le ocurrió que si abrazaba a Joaquín todo iba a estar bien, que si lo tomaba entre sus brazos y lo apretaba, entonces habría orden y coherencia y sabría que eso del colesterol alto puede hacerle pasar malos ratos, ya lo decía ella –, para hacer de Santa sólo le faltaba la barba–. Entonces corrió escaleras arriba con el estrépito de los caballos desbocados y tomó hacia la izquierda, pero no había cuarto, ni había niño preguntón, solo una pared blanca y lisa a la que él dio un puñetazo enérgico con una mano que ya sabía, que no quería reconocer, no era la suya, una mano nervuda y llena de vellos que golpeaba y golpeaba, hasta las lágrimas.&lt;br /&gt;Ya la luz empezaba a dibujar el contorno de los objetos cuando entró, descorazonado al dormitorio. Iba a intentar la única cosa que no había hecho para que todo tuviera sentido: volver a dormir. Retornar al agua del sueño agitado del que había salido, a ver si era posible recuperar en medio de la autopista donde transitan las almas de los padres exhaustos, su cuerpo. De algo tenía que servirle esa capacidad para cerrar los ojos en cualquier situación, que tanto ella había criticado, ¿quién no ha tenido un mal sueño en la vida? Entonces se tendió junto a ese otro cuerpo de mujer hacia el que no deseaba volver la vista, sin prestar atención al frío, al verdadero frío que le hacía tiritar los hombros, ni a la costumbre que tenía ese otro hombre de descansar con los pies fuera de la cama, ni al despertador que sonaba escandalosamente porque ya era hora de bajar para colocar los regalos de Navidad alrededor del árbol. Apretó los párpados concentrándose en la respiración, como quien está dispuesto a nadar y sabe que le espera un largo trecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7661073144792917698#_ednref1" name="_edn1"&gt;[i]&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;“Era la noche antes de Navidad, cuando en toda la casa, ni una sola criatura se movía…”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-5725338828874666558?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/5725338828874666558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/por-toda-la-casa-un-cuento-de-navidad.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5725338828874666558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5725338828874666558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/por-toda-la-casa-un-cuento-de-navidad.html' title='Por toda la casa ( un cuento de Navidad por Solange Rodríguez P)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzK8pGauzgI/AAAAAAAAA3c/-fafJ3H33n4/s72-c/cama.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-5606577581931693914</id><published>2009-12-22T04:50:00.000-08:00</published><updated>2009-12-22T04:59:30.889-08:00</updated><title type='text'>Las nieves del Kilimanjaro de Ernest Hemingway ( Sí, otra vez)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzDA4mocesI/AAAAAAAAA3Q/sU_2db7SCxc/s1600-h/nieveskilimanjarocartel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5418042430402099906" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 179px; CURSOR: hand; HEIGHT: 265px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzDA4mocesI/AAAAAAAAA3Q/sU_2db7SCxc/s320/nieveskilimanjarocartel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Esta es otra historia clásica de Hemingway que tiene como características la incomunicación, el desencuentro y el despecio profundo por los compañeros de vida cuando ya no pueden seguirnos en el camino. Honestamente no sé cómo lograron hacerlo película. Sigue siendo una historia de amor no correspondido. ¿Existe alguno, después de todo? Se acercan las fiestas, pero antes, habrá sorpresa!!!&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5895 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, «Ngáje Ngái», «la Casa de Dios». Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo por aquellas alturas.&lt;br /&gt;-Lo maravilloso es que no duele -dijo-. Así se sabe cuándo empieza.&lt;br /&gt;-¿De veras?&lt;br /&gt;-Absolutamente. Aunque siento mucho lo del olor. Supongo que debe molestarte.&lt;br /&gt;-¡No! No digas eso, por favor.&lt;br /&gt;-Míralos -dijo él-. ¿Qué será lo que los atrae? ¿Vendrán por la vista o por el olfato?&lt;br /&gt;El catre donde yacía el hombre estaba situado a la sombra de una ancha mimosa. Ahora dirigía su mirada hacia el resplandor de la llanura, mientras tres de las grandes aves se agazapaban en posición obscena y otras doce atravesaban el cielo, provocando fugaces sombras al pasar.&lt;br /&gt;-No se han movido de allí desde que nos quedamos sin camión -dijo-. Hoy por primera vez han bajado al suelo. He observado que al principio volaban con precaución, como temiendo que quisiera cogerlas para mi despensa. Esto es muy divertido, ya que ocurrirá todo lo contrario.&lt;br /&gt;-Quisiera que no fuese así.&lt;br /&gt;-Es un decir. Si hablo, me resulta más fácil soportarlo. Pero puedes creer que no quiero molestarte, por supuesto.&lt;br /&gt;-Bien sabes que no me molesta -contestó ella-. ¡Me pone tan nerviosa no poder hacer nada! Creo que podríamos aliviar la situación hasta que llegue el aeroplano.&lt;br /&gt;-O hasta que no venga...&lt;br /&gt;-Dime qué puedo hacer. Te lo ruego. Ha de existir algo que yo sea capaz de hacer.&lt;br /&gt;-Puedes irte; eso te calmaría. Aunque dudo que puedas hacerlo. Tal vez será mejor que me mates. Ahora tienes mejor puntería. Yo te enseñé a tirar, ¿no?&lt;br /&gt;-No me hables así, por favor. ¿No podría leerte algo?&lt;br /&gt;-¿Leerme qué?&lt;br /&gt;-Cualquier libro de los que no hayamos leído. Han quedado algunos.&lt;br /&gt;-No puedo prestar atención. Hablar es más fácil. Así nos peleamos, y no deja de ser un buen pasatiempo.&lt;br /&gt;-Para mí, no. Nunca quiero pelearme. Y no lo hagamos más. No demos más importancia a mis nervios, tampoco. Quizá vuelvan hoy mismo con otro camión. Tal vez venga el avión...&lt;br /&gt;-No quiero moverme -manifestó el hombre-. No vale la pena ahora; lo haría únicamente si supiera que con ello te encontrarías más cómoda.&lt;br /&gt;-Eso es hablar con cobardía.&lt;br /&gt;-¿No puedes dejar que un hombre muera lo más tranquilamente posible, sin dirigirle epítetos ofensivos? ¿Qué se gana con insultarme?&lt;br /&gt;-Es que no vas a morir.&lt;br /&gt;-No seas tonta. Ya me estoy muriendo. Mira esos bastardos -y levantó la vista hacia los enormes y repugnantes pájaros, con las cabezas peladas hundidas entre las abultadas plumas. En aquel instante bajó otro y, después de correr con rapidez, se acercó con lentitud hacia el grupo.&lt;br /&gt;-Siempre están cerca de los campamentos. ¿No te habías fijado nunca? Además, no puedes morir si no te abandonas...&lt;br /&gt;-¿Dónde has leído eso? ¡Maldición! ¡Qué estúpida eres!&lt;br /&gt;-Podrías pensar en otra cosa.&lt;br /&gt;-¡Por el amor de Dios! -exclamó-. Eso es lo que he estado haciendo.&lt;br /&gt;Luego se quedó quieto y callado por un rato y miró a través de la cálida luz trémula de la llanura, la zona cubierta de arbustos. Por momentos, aparecían gatos salvajes, y, más lejos, divisó un hato de cebras, blanco contra el verdor de la maleza. Era un hermoso campamento, sin duda. Estaba situado debajo de grandes árboles y al pie de una colina. El agua era bastante buena allí y en las cercanías había un manantial casi seco por donde los guacos de las arenas volaban por la mañana.&lt;br /&gt;-¿No quieres que lea, entonces? -preguntó la mujer, que estaba sentada en una silla de lona, junto al catre-. Se está levantando la brisa.&lt;br /&gt;-No, gracias.&lt;br /&gt;-Quizá venga el camión.&lt;br /&gt;-Al diablo con él. No me importa un comino.&lt;br /&gt;-A mí, sí.&lt;br /&gt;-A ti también te importan un bledo muchas cosas que para mí tienen valor.&lt;br /&gt;-No tantas, Harry.&lt;br /&gt;-¿Qué te parece si bebemos algo?&lt;br /&gt;-Creo que te hará daño. Dijeron que debías evitar todo contacto con el alcohol. En todo caso, no te conviene beber.&lt;br /&gt;-¡Molo! -gritó él.&lt;br /&gt;-Sí, bwana.&lt;br /&gt;-Trae whisky con soda.&lt;br /&gt;-Sí, bwana.&lt;br /&gt;-¿Por qué bebes? No deberías hacerlo -le reprochó la mujer-. Eso es lo que entiendo por abandono. Sé que te hará daño.&lt;br /&gt;-No. Me sienta bien.&lt;br /&gt;«Al fin y al cabo, ya ha terminado todo -pensó-. Ahora no tendré oportunidad de acabar con eso. Y así concluirán para siempre las discusiones acerca de si la bebida es buena o mala.»&lt;br /&gt;Desde que le empezó la gangrena en la pierna derecha no había sentido ningún dolor, y le desapareció también el miedo, de modo que lo único que sentía era un gran cansancio y la cólera que le provocaba el que esto fuera el fin. Tenía muy poca curiosidad por lo que le ocurriría luego. Durante años lo había obsesionado, sí, pero ahora no representaba esencialmente nada. Lo raro era la facilidad con que se soportaba la situación estando cansado.&lt;br /&gt;Ya no escribiría nunca las cosas que había dejado para cuando tuviera la experiencia suficiente para escribirlas. Y tampoco vería su fracaso al tratar de hacerlo. Quizá fuesen cosas que uno nunca puede escribir, y por eso las va postergando una y otra vez. Pero ahora no podría saberlo, en realidad.&lt;br /&gt;-Quisiera no haber venido a este lugar -dijo la mujer. Lo estaba mirando mientras tenía el vaso en la mano y apretaba los labios-. Nunca te hubiera ocurrido nada semejante en París. Siempre dijiste que te gustaba París. Podíamos habernos quedado allí, entonces, o haber ido a otro sitio. Yo hubiera ido a cualquier otra parte. Dije, por supuesto, que iría adonde tú quisieras. Pero si tenías ganas de cazar, podíamos ir a Hungría y vivir con más comodidad y seguridad.&lt;br /&gt;-¡Tu maldito dinero!&lt;br /&gt;-No es justo lo que dices. Bien sabes que siempre ha sido tan tuyo como mío. Lo abandoné todo, te seguí por todas partes y he hecho todo lo que se te ha ocurrido que hiciese. Pero quisiera no haber pisado nunca estas tierras.&lt;br /&gt;-Dijiste que te gustaba mucho.&lt;br /&gt;-Sí, pero cuando tú estabas bien. Ahora lo odio todo. Y no veo por qué tuvo que sucederte lo de la infección en la pierna. ¿Qué hemos hecho para que nos ocurra?&lt;br /&gt;-Creo que lo que hice fue olvidarme de ponerle yodo en seguida. Entonces no le di importancia porque nunca había tenido ninguna infección. Y después, cuando empeoró la herida y tuvimos que utilizar esa débil solución fénica, por haberse derramado los otros antisépticos, se paralizaron los vasos sanguíneos y comenzó la gangrena. -Mirándola, agregó-: ¿Qué otra cosa, pues?&lt;br /&gt;-No me refiero a eso.&lt;br /&gt;-Si hubiésemos contratado a un buen mecánico en vez de un imbécil conductor kikuyú, hubiera averiguado si había combustible y no hubiera dejado que se quemara ese cojinete...&lt;br /&gt;-No me refiero a eso.&lt;br /&gt;-Si no te hubieses separado de tu propia gente, de tu maldita gente de Old Westbury, Saratoga, Palm Beach, para seguirme...&lt;br /&gt;-¡Caramba! Te amaba. No tienes razón al hablar así. Ahora también te quiero. Y te querré siempre. ¿Acaso no me quieres tú?&lt;br /&gt;-No -respondió el hombre-. No lo creo. Nunca te he querido.&lt;br /&gt;-¿Qué estás diciendo, Harry? ¿Has perdido el conocimiento?&lt;br /&gt;-No. No tengo ni siquiera conocimiento para perder.&lt;br /&gt;-No bebas eso. No bebas, querido. Te lo ruego. Tenemos que hacer todo lo que podamos para zafarnos de esta situación.&lt;br /&gt;-Hazlo tú, pues. Yo estoy cansado.&lt;br /&gt;En su imaginación vio una estación de ferrocarril en Karagatch. Estaba de pie junto a su equipaje. La potente luz delantera del expreso Simplón-Oriente atravesó la oscuridad, y abandonó Tracia, después de la retirada. Ésta era una de las cosas que había reservado para escribir en otra ocasión, lo mismo que lo ocurrido aquella mañana, a la hora del desayuno, cuando miraba por la ventana las montañas cubiertas de nieve de Bulgaria y el secretario de Nansen le preguntó al anciano si era nieve. Éste lo miró y le dijo: «No, no es nieve. Aún no ha llegado el tiempo de las nevadas.» Entonces, el secretario repitió a las otras muchachas: «No. Como ven, no es nieve.» Y todas decían: «No es nieve. Estábamos equivocadas.» Pero era nieve, en realidad, y él las hacía salir de cualquier modo si se efectuaba algún cambio de poblaciones. Y ese invierno tuvieron que pasar por la nieve, hasta que murieron...&lt;br /&gt;Y era nieve también lo que cayó durante toda la semana de Navidad, aquel año en que vivían en la casa del leñador, con el gran horno cuadrado de porcelana que ocupaba la mitad del cuarto, y dormían sobre colchones rellenos de hojas de haya. Fue la época en que llegó el desertor con los pies sangrando de frío para decirle que la Policía estaba siguiendo su rastro. Le dieron medias de lana y entretuvieron con la charla a los gendarmes hasta que las pisadas hubieron desaparecido.&lt;br /&gt;En Schrunz, el día de Navidad, la nieve brillaba tanto que hacía daño a los ojos cuando uno miraba desde la taberna y veía a la gente que volvía de la iglesia. Allí fue donde subieron por la ruta amarillenta como la orina y alisada por los trineos que se extendían a lo largo del río, con las empinadas colinas cubiertas de pinos, mientras llevaban los esquíes al hombro. Fue allí donde efectuaron ese desenfrenado descenso por el glaciar, para ir a la Madlenerhaus. La nieve parecía una torta helada, se desmenuzaba como el polvo, y recordaba el silencioso ímpetu de la carrera, mientras caían como pájaros.&lt;br /&gt;La ventisca los hizo permanecer una semana en la Madlenerhaus, jugando a los naipes y fumando a la luz de un farol. Las apuestas iban en aumento a medida que Herr Lent perdía. Finalmente, lo perdió todo. Todo: el dinero que obtenía con la escuela de esquí, las ganancias de la temporada y también su capital. Lo veía ahora con su nariz larga, mientras recogía las cartas y las descubría, Sans Voir. Siempre jugaban. Si no había nada de nieve, jugaban; y si había mucha también. Pensó en la gran parte de su vida que pasaba jugando.&lt;br /&gt;Pero nunca había escrito una línea acerca de ello, ni de aquel claro y frío día de Navidad, con las montañas a lo lejos, a través de la llanura que había recorrido Gardner, después de cruzar las líneas, para bombardear el tren que llevaba a los oficiales austriacos licenciados, ametrallándolos mientras ellos se dispersaban y huían. Recordó que Gardner se reunió después con ellos y empezó a contar lo sucedido, con toda tranquilidad, y luego dijo: «¡Tú, maldito! ¡Eres un asesino de porquería!»&lt;br /&gt;Y con los mismos austriacos que habían matado entonces se había deslizado después en esquíes. No; con los mismos, no. Hans, con quien paseó con esquí durante todo el año, estaba en los Káiser-Jagers (Cazadores imperiales), y cuando fueron juntos a cazar liebres al valle pequeño, conversaron encima del aserradero, sobre la batalla de Pasubio y el ataque a Pertica y Asalone, y jamás escribió una palabra de todo eso. Ni tampoco de Monte Corno, ni de lo que ocurrió en Siete Commum, ni lo de Arsiero.&lt;br /&gt;¿Cuántos inviernos había pasado en el Vorarlberg y el Arlberg? Fueron cuatro, y recordó la escena del pie a Bludenz, en la época de los regalos, el gusto a cereza de un buen kirsch y el ímpetu de la corrida a través de la blanda nieve, mientras cantaban: «¡Hi! ¡Ho!, dijo Rolly.»&lt;br /&gt;Así recorrieron el último trecho que los separaba del empinado declive, y siguieron en línea recta, pasando tres veces por el huerto; luego salieron y cruzaron la zanja, para entrar por último en el camino helado, detrás de la posada. Allí se desataron los esquíes y los arrojaron contra la pared de madera de la casa. Por la ventana salía la luz del farol y se oían las notas de un acordeón que alegraba el ambiente interior, cálido, lleno de humo y de olor a vino fresco.&lt;br /&gt;-¿Dónde nos hospedamos en París? -preguntó a la mujer que estaba sentada a su lado en una silla de lona, en África.&lt;br /&gt;-En el «Crillon», ya lo sabes.&lt;br /&gt;-¿Por qué he de saberlo?&lt;br /&gt;-Porque allí paramos siempre.&lt;br /&gt;-No. No siempre.&lt;br /&gt;-Allí y en el «Pavillion Henri-Quatre», en St. Germain. Decías que te gustaba con locura.&lt;br /&gt;-Ese cariño es una porquería -dijo Harry-, y yo soy el animal que se nutre y engorda con eso.&lt;br /&gt;-Si tienes que desaparecer, ¿es absolutamente preciso destruir todo lo que dejas atrás? Quiero decir, si tienes que deshacerte de todo: ¿debes matar a tu caballo y a tu esposa y quemar tu silla y tu armadura?&lt;br /&gt;-Sí. Tu podrido dinero era mi armadura. Mi Corcel y mi Armadura.&lt;br /&gt;-No digas eso...&lt;br /&gt;-Muy bien. Me callaré. No quiero ofenderte.&lt;br /&gt;-Ya es un poco tarde.&lt;br /&gt;-De acuerdo. Entonces seguiré hiriéndote. Es más divertido, ya que ahora no puedo hacer lo único que realmente me ha gustado hacer contigo.&lt;br /&gt;-No, eso no es verdad. Te gustaban muchas cosas y yo hacía todo lo que querías. ¡Oh! ¡Por el amor de Dios! Deja ya de fanfarronear, ¿quieres?&lt;br /&gt;-Escucha -dijo-. ¿Crees que es divertido hacer esto? No sé, francamente, por qué lo hago. Será para tratar de mantenerte viva, me imagino. Me encontraba muy bien cuando empezamos a charlar. No tenía intención de llegar a esto, y ahora estoy loco como un zopenco y me porto cruelmente contigo. Pero no me hagas caso, querida. No des ninguna importancia a lo que digo. Te quiero. Bien sabes que te quiero. Nunca he querido a nadie como te quiero a ti.&lt;br /&gt;Y deslizó la mentira familiar que le había servido muchas veces de apoyo.&lt;br /&gt;-¡Qué amable eres conmigo!&lt;br /&gt;-Ahora estoy lleno de poesía. Podredumbre y poesía. Poesía podrida...&lt;br /&gt;-Cállate, Harry. ¿Por qué tienes que ser malo ahora? ¿Eh?&lt;br /&gt;-No me gusta dejar nada -contestó el hombre-. No me gusta dejar nada detrás de mí.&lt;br /&gt;Cuando despertó anochecía. El sol se había ocultado detrás de la colina y la sombra se extendía por toda la llanura, mientras los animalitos se alimentaban muy cerca del campamento, con rápidos movimientos de cabeza y golpes de cola. Observó que sobresalían por completo de la maleza. Los pájaros, en cambio, ya no esperaban en tierra. Se habían encaramado todos a un árbol, y eran muchos más que antes. Su criado particular estaba sentado al lado del catre.&lt;br /&gt;-La memsahib fue a cazar -le dijo-. ¿Quiere algo bwana?&lt;br /&gt;-Nada.&lt;br /&gt;Ella había ido a conseguir un poco de carne buena y, como sabía que a él le gustaba observar a los animales, se alejó lo bastante para no provocar disturbios en el espacio de llanura que el hombre abarcaba con su mirada.&lt;br /&gt;«Siempre está pensativa -meditó Harry-. Reflexiona sobre cualquier cosa que sabe, que ha leído, o que ha oído alguna vez. Y no tiene la culpa de haberme conocido cuando yo ya estaba acabado. ¿Cómo puede saber una mujer que uno no quiere decir nada con lo que dice, y que habla sólo por costumbre y para estar cómodo?»&lt;br /&gt;Desde que empezó a expresar lo contrario de lo que sentía, sus mentiras le procuraron más éxitos con las mujeres que cuando les decía la verdad. Y lo grave no eran sólo las mentiras, sino el hecho de que ya no quedaba ninguna verdad para contar. Estaba acabando de vivir su vida cuando empezó una nueva existencia, con gente distinta y de más dinero, en los mejores sitios que conocía y en otros que constituyeron la novedad.&lt;br /&gt;«Uno deja de pensar y todo es maravilloso. Uno se cuida para que esta vida no lo arruine como le ocurre a la mayoría y adopta la actitud de indiferencia hacia el trabajo que solía hacer cuando ya no es posible hacerlo. Pero, en lo más mínimo de mi espíritu, pensé que podría escribir sobre esa gente, los millonarios, y diría que yo no era de esa clase, sino un simple espía en su país. Pensé en abandonarles y escribir todo eso, para que, aunque sólo fuera una vez, lo escribiese alguien bien compenetrado con el asunto.» Pero luego se dio cuenta de que no podía llevar a cabo tal empresa, pues cada día que pasaba sin escribir, rodeado de comodidades y siendo lo que despreciaba, embotaba su habilidad y reblandecía su voluntad de trabajo, de modo que, finalmente, no hizo absolutamente nada. Y la gente que conocía ahora vivía mucho más tranquila si él no trabajaba. En África había pasado la temporada más feliz de su vida y entonces se le ocurrió volver para empezar de nuevo. Fue así como se realizó la expedición de caza con el mínimo de comodidad. No pasaban penurias, pero tampoco podían permitirse lujos, y él pensó que podría volver a vivir así, de algún modo que le permitiese eliminar la grasa de su espíritu, igual que los boxeadores que van a trabajar y entrenarse a las montañas para quemar la grasa de su cuerpo.&lt;br /&gt;La mujer, por su parte, se había mostrado complacida. Decía que le gustaba. Le gustaba todo lo que era atractivo, lo que implicara un cambio de escenario, donde hubiera gente nueva y las cosas fuesen agradables. Y él sintió la ilusión de regresar al trabajo con más fuerza de voluntad que perdiera.&lt;br /&gt;«Y ahora que se acerca el fin -pensó-, ya que estoy seguro de que esto es el fin, no tengo por qué volverme como esas serpientes que se muerden ellas mismas cuando les quiebran el espinazo. Esta mujer no tiene la culpa, después de todo. Si no fuese ella, sería otra. Si he vivido de una mentira trataré de morir de igual modo.»&lt;br /&gt;En aquel instante oyó un estampido, más allá de la colina.&lt;br /&gt;«Tiene muy buena puntería esta buena y rica perra, esta amable guardiana y destructora de mi talento. ¡Tonterías! Yo mismo he destruido mi talento. ¿Acaso tengo que insultar a esta mujer porque me mantiene? He destruido mi talento por no usarlo, por traicionarme a mí mismo y olvidar mis antiguas creencias y mi fe, por beber tanto que he embotado el límite de mis percepciones, por la pereza y la holgazanería, por las ínfulas, el orgullo y los prejuicios, y, en fin, por tantas cosas buenas y malas. ¿Qué es esto? ¿Un catálogo de libros viejos? ¿Qué es mi talento, en fin de cuentas? Era un talento, bueno, pero, en vez de usarlo, he comerciado con él. Nunca se reflejó en las obras que hice, sino en ese problemático "lo que podría hacer". Por otra parte, he preferido vivir con otra cosa que un lápiz o una pluma. Es raro, ¿no?, pero cada vez que me he enamorado de una nueva mujer, siempre tenía más dinero que la anterior... Cuando dejé de enamorarme y sólo mentía, como por ejemplo con esta mujer; con ésta, que tiene más dinero que todas las demás, que tiene todo el dinero que existe, que tuvo marido e hijos, y amantes que no la satisficieron, y que me ama tiernamente como hombre, como compañero y con orgullosa posesión; es raro lo que me ocurre, ya que, a pesar de que no la amo y estoy mintiendo, sería capaz de darle más por su dinero que cuando amaba de veras. Todos hemos de estar preparados para lo que hacemos. El talento consiste en cómo vive uno la vida. Durante toda mi existencia he regalado vitalidad en una u otra forma, y he aquí que cuando mis afectos no están comprometidos, como ocurre ahora, uno vale mucho más para el dinero. He hecho este descubrimiento, pero nunca lo escribiré. No, no puedo escribir tal cosa, aunque realmente vale la pena.»&lt;br /&gt;Entonces apareció ella, caminando hacia el campamento a través de la llanura. Usaba pantalones de montar y llevaba su rifle. Detrás, venían los dos criados con un animal muerto cada uno. «Todavía es una mujer atractiva -pensó Harry-, y tiene un hermoso cuerpo.» No era bonita, pero a él le gustaba su rostro. Leía una enormidad, era aficionada a cabalgar y a cazar y, sin duda alguna, bebía muchísimo. Su marido había muerto cuando ella era una mujer relativamente joven, y por un tiempo se dedicó a sus dos hijos, que no la necesitaban y a quienes molestaban sus cuidados; a sus caballos, a sus libros y a las bebidas. Le gustaba leer por la noche, antes de cenar, y mientras tanto, bebía whisky escocés y soda. Al acercarse la hora de la cena ya estaba embriagada y, después de otra botella de vino con la comida, se encontraba lo bastante ebria como para dormirse.&lt;br /&gt;Esto ocurrió mientras no tuvo amantes. Luego, cuando los tuvo, no bebió tanto, porque no precisaba estar ebria para dormir... Pero los amantes la aburrían. Se había casado con un hombre que nunca la fastidiaba, y los otros hombres le resultaban extraordinariamente pesados.&lt;br /&gt;Después, uno de sus hijos murió en un accidente de aviación. Cuando sucedió aquello, no quiso más amantes, y como la bebida no le servía ya de anestésico, pensó en empezar una nueva vida. De repente, se sintió aterrorizada por su soledad. Pero necesitaba alguien a quien poder corresponder.&lt;br /&gt;Empezó del modo más simple. A la mujer le gustaba lo que Harry escribía y envidiaba la vida que llevaba. Pensaba que él realizaba todo lo que se proponía. Los medios a través de los cuales trabaron relación y el modo de enamorarse de ese hombre formaban parte de una constante progresión que se desarrollaba mientras ella construía su nueva vida y se desprendía de los residuos de su anterior existencia.&lt;br /&gt;Él sabía que ella tenía mucho dinero, muchísimo, y que la maldita era una mujer muy atractiva. Entonces se acostó pronto con ella, mejor que con cualquier otra, porque era más rica, porque era deliciosa y muy sensible, y porque nunca metía bulla. Y ahora, esa vida que la mujer se forjara estaba a punto de terminar por el solo hecho de que él no se puso yodo, dos semanas antes, cuando una espina le hirió la rodilla, mientras se acercaba a un rebaño de antílopes con objeto de sacarles una fotografía. Los animales, con la cabeza erguida, atisbaban y olfateaban sin cesar, y sus orejas estaban tensas, como para escuchar el más leve ruido que les haría huir hacia la maleza. Y así fue: huyeron antes de que él pudiera sacar la fotografía.&lt;br /&gt;Y ella ahora estaba aquí. Harry volvió la cabeza para mirarla.&lt;br /&gt;-¡Hola! -le dijo.&lt;br /&gt;-Cacé un buen carnero -manifestó la mujer-. Te haré un poco de caldo y les diré que preparen puré de papas. ¿Cómo te encuentras?&lt;br /&gt;-Mucho mejor.&lt;br /&gt;-¡Maravilloso! Te aseguro que pensaba encontrarte mejor. Estabas durmiendo cuando me fui.&lt;br /&gt;-Dormí muy bien. ¿Anduviste mucho?&lt;br /&gt;-No. Llegué más allá de la colina. Tuve suerte con la puntería.&lt;br /&gt;-Te aseguro que tiras de un modo extraordinario.&lt;br /&gt;-Es que me gusta. Y África también me gusta. De veras. Si mejorases, ésta sería la mejor época de mi vida. No sabes cuánto me gusta salir de caza contigo. Me ha gustado mucho más el país.&lt;br /&gt;-A mí también.&lt;br /&gt;-Querido, no sabes qué maravilloso es encontrarte mejor. No podía soportar lo de antes. No podía verte sufrir. Y no volverás a hablarme otra vez como hoy, ¿verdad? ¿Me lo prometes?&lt;br /&gt;-No. No recuerdo lo que dije.&lt;br /&gt;-No tienes que destrozarme, ¿sabes? No soy nada más que una mujer vieja que te ama y quiere que hagas lo que se te antoje. Ya me han destrozado dos o tres veces. No quieres destrozarme de nuevo, ¿verdad? El aeroplano estará aquí mañana.&lt;br /&gt;-¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt;-Estoy segura. Se verá obligado a aterrizar. Los criados tienen la leña y el pasto preparados para hacer la hoguera. Hoy fui a darles un vistazo. Hay sitio de sobra para aterrizar y tenemos las hogueras preparadas en los dos extremos.&lt;br /&gt;-¿Y por qué piensas que vendrá mañana?&lt;br /&gt;-Estoy segura de que vendrá. Hoy se ha retrasado. Luego, cuando estemos en la ciudad, te curarán la pierna. No ocurrirán esas cosas horribles que dijiste.&lt;br /&gt;-Vayamos a tomar algo. El sol se ha ocultado ya.&lt;br /&gt;-¿Crees que no te hará daño?&lt;br /&gt;-Voy a beber.&lt;br /&gt;-Beberemos juntos, entonces. ¡Molo, letti dui whiskey-soda! -gritó la mujer.&lt;br /&gt;-Sería mejor que te pusieras las botas. Hay muchos mosquitos.&lt;br /&gt;-Lo haré después de bañarme...&lt;br /&gt;Bebieron mientras las sombras de la noche lo envolvían todo, pero un poco antes de que reinase la oscuridad, y cuando no había luz suficiente como para tirar, una hiena cruzó la llanura y dio la vuelta a la colina.&lt;br /&gt;-Esa porquería cruza por allí todas las noches -dijo el hombre-. Ha hecho lo mismo durante dos semanas.&lt;br /&gt;-Es la que hace ruido por la noche. No me importa. Aunque son unos animales asquerosos.&lt;br /&gt;Y mientras bebían juntos, sin que él experimentara ningún dolor, excepto el malestar de estar siempre postrado en la misma posición, y los criados encendían el fuego, que proyectaba sus sombras sobre las tiendas, Harry pudo advertir el retorno de la sumisión en esta vida de agradable entrega. Ella era, francamente, muy buena con él. Por la tarde había sido demasiado cruel e injusto. Era una mujer delicada, maravillosa de verdad. Y en aquel preciso instante se le ocurrió pensar que iba a morir.&lt;br /&gt;Llegó esta idea con ímpetu; no como un torrente o un huracán, sino como una vaciedad repentinamente repugnante, y lo raro era que la hiena se deslizaba ligeramente por el borde...&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa, Harry?&lt;br /&gt;-Nada. Sería mejor que te colocaras al otro lado. A barlovento.&lt;br /&gt;-¿Te cambió la venda Molo?&lt;br /&gt;-Sí. Ahora llevo la que tiene ácido bórico.&lt;br /&gt;-¿Cómo te encuentras?&lt;br /&gt;-Un poco mareado.&lt;br /&gt;-Voy a bañarme. En seguida volveré. Comeremos juntos, y después haré entrar el catre.&lt;br /&gt;«Me parece -se dijo Harry- que hicimos bien dejándonos de pelear.» Nunca se había peleado mucho con esta mujer, y, en cambio, con las que amó de veras lo hizo siempre, de tal modo que, finalmente, lo corrosivo de las disputas destruía todos los vínculos de unión. Había amado demasiado, pedido muchísimo y acabado con todo.&lt;br /&gt;Pensó ahora en aquella ocasión en que se encontró solo en Constantinopla, después de haber reñido en París antes de irse. Pasaba todo el tiempo con prostitutas y cuando se dio cuenta de que no podía matar su soledad, sino que cada vez era peor, le escribió a la primera, a la que abandonó. En la carta le decía que nunca había podido acostumbrarse a estar solo... Le contó cómo, cuando una vez le pareció verla salir del «Regence», la siguió ansiosamente, y que siempre hacía lo mismo al ver a cualquier mujer parecida por el bulevar, temiendo que no fuese ella, temiendo perder esa esperanza. Le dijo cómo la extrañaba más cada vez que se acostaba con otra; que no importaba lo que ella hiciera, pues sabía que no podía curarse de su amor. Escribió esta carta en el club y la mandó a Nueva York, pidiéndole que le contestara a la oficina en París. Esto le pareció más seguro. Y aquella noche la extrañó tanto que le pareció sentir un vacío en su interior. Entonces salió a pasear, sin rumbo fijo, y al pasar por «Maxim's» recogió una muchacha y la llevó a cenar. Fue a un sitio donde se pudiera bailar después de la cena, pero la mujer era muy mala bailadora, y entonces la dejó por una perra armenia, que se restregaba contra él. Se la quitó a un artillero británico subalterno, después de una disputa. El artillero le pegó en el cuerpo y junto a un ojo. Él le aplicó un puñetazo con la mano izquierda y el otro se arrojó sobre él y lo cogió por la chaqueta, arrancándole una manga. Entonces lo golpeó en pleno rostro con la derecha, echándolo hacia delante. Al caer el inglés se hirió en la cabeza y Harry salió corriendo con la mujer porque oyeron que se acercaba la policía. Tomaron un taxi y fueron a Rimmily Hissa, a lo largo del Bósforo, y después dieron la vuelta. Era una noche más bien fresca y se acostaron en seguida. Ella parecía más bien madura, pero tenía la piel suave y un olor agradable. La abandonó antes de que se despertase, y con la primera luz del día fue al «Pera Palace». Tenía un ojo negro y llevaba la chaqueta bajo el brazo, ya que había perdido una manga.&lt;br /&gt;Aquella misma noche partió para Anatolia y, en la última parte del viaje, mientras cabalgaban por los campos de adormideras que recolectaban para hacer opio, y las distancias parecían alargarse cada vez más, sin llegar nunca al sitio donde se efectuó el ataque con los oficiales que marcharon a Constantinopla, recordó que no sabía nada, ¡maldición!, y luego la artillería acribilló a las tropas, y el observador británico gritó como un niño.&lt;br /&gt;Aquella fue la primera vez que vio hombres muertos con faldas blancas de ballet y zapatos con cintas. Los turcos se hicieron presentes con firmeza y en tropel. Entonces vio que los hombres de faldón huían, perseguidos por los oficiales que hacían fuego sobre ellos, y él y el observador británico también tuvieron que escapar. Corrieron hasta sentir una aguda punzada en los pulmones y tener la boca seca. Se refugiaron detrás de unas rocas, y los turcos seguían atacando con la misma furia. Luego vio cosas que ahora le dolía recordar, y después fue mucho peor aún. Así, pues, cuando regresó a París no quería hablar de aquello ni tan sólo oír que lo mencionaran. Al pasar por el café vio al poeta norteamericano delante de un montón de platillos, con estúpido gesto en el rostro, mientras hablaba del movimiento «dadá» con un rumano que decía llamarse Tristán Tzara, y que siempre usaba monóculo y tenía jaqueca. Por último, volvió a su departamento con su esposa, a la que amaba otra vez. Estaba contento de encontrarse en su hogar y de que hubieran terminado todas las peleas y todas las locuras. Pero la administración del hotel empezó a mandarle la correspondencia al departamento, y una mañana, en una bandeja, recibió una carta en contestación a la suya. Cuando vio la letra le invadió un sudor frío y trató de ocultar la carta debajo de otro sobre. Pero su esposa dijo: «¿De quién es esa carta, querido?»; y ése fue el principio del fin. Recordaba la buena época que pasó con todas ellas, y también las peleas. Siempre elegían los mejores sitios para pelearse. ¿Y por qué tenían que reñir cuando él se encontraba mejor? Nunca había escrito nada referente a aquello, pues, al principio, no quiso ofender a nadie, y después, le pareció que tenía muchas cosas para escribir sin necesidad de agregar otra. Pero siempre pensaba que al final lo escribiría también. No era mucho, en realidad. Había visto los cambios que se producían en el mundo; no sólo los acontecimientos, aunque observó con detención gran cantidad de ellos y de gente; también sabía apreciar ese cambio más sutil que hay en el fondo y podía recordar cómo era la gente y cómo se comportaba en épocas distintas. Había estado en aquello, lo observaba de cerca, y tenía el deber de escribirlo. Pero ya no podría hacerlo...&lt;br /&gt;-¿Cómo te encuentras? -preguntó la mujer, que salía de la tienda después de bañarse.&lt;br /&gt;-Muy bien.&lt;br /&gt;-¿Podrías comer algo, ahora?&lt;br /&gt;Vio a Molo detrás de la mujer, con la mesa plegadiza, mientras el otro sirviente llevaba los platos.&lt;br /&gt;-Quiero escribir.&lt;br /&gt;-Sería mejor que tomaras un poco de caldo para fortalecerte.&lt;br /&gt;-Si voy a morirme esta noche, ¿para qué quiero fortalecerme?&lt;br /&gt;-No seas melodramático, Harry; te lo ruego.&lt;br /&gt;-¿Por qué diablos no usas la nariz? ¿No te das cuenta de que estoy podrido hasta la cintura? ¿Para qué demonios serviría el caldo ahora? Molo, trae whisky-soda.&lt;br /&gt;-Toma el caldo, por favor -dijo ella suavemente.&lt;br /&gt;-Bueno.&lt;br /&gt;El caldo estaba demasiado caliente. Tuvo que dejarlo enfriar en la taza, y por último lo tragó sin sentir náuseas.&lt;br /&gt;-Eres una excelente mujer -dijo él-. No me hagas caso.&lt;br /&gt;Ella lo miró con el rostro tan conocido y querido por los lectores de Spur y Town and Country. Pero Town and Country nunca mostraba esos senos deliciosos ni los muslos útiles ni esas manos echas para acariciar espaldas. Al mirarla y observar su famosa y agradable sonrisa, sintió que la muerte se acercaba de nuevo.&lt;br /&gt;Esta vez no fue con ímpetu. Fue un ligero soplo, como las que hacen vacilar la luz de la vela y extienden la llama con su gigantesca sombra proyectada hasta el techo.&lt;br /&gt;-Después pueden traer mi mosquitero, colgarlo del árbol y encender el fuego. No voy a entrar en la tienda esta noche. No vale la pena moverse. Es una noche clara. No lloverá.&lt;br /&gt;«Conque así es como uno muere, entre susurros que no se escuchan. Pues bien, no habrá más peleas.» Hasta podía prometerlo. No iba a echar a perder la única experiencia que le faltaba. Aunque probablemente lo haría. «Siempre lo he estropeado todo.» Pero quizá no fuese así en esta ocasión.&lt;br /&gt;-No puedes tomar dictados, ¿verdad?&lt;br /&gt;-Nunca supe -contestó ella.&lt;br /&gt;-Está bien.&lt;br /&gt;No había tiempo, por supuesto, pero en aquel momento le pareció que todo se podía poner en un párrafo si se interpretaba bien.&lt;br /&gt;Encima del lago, en una colina, veía una cabaña rústica que tenía las hendiduras tapadas con mezcla. Junto a la puerta había un palo con una campana, que servía para llamar a la gente a comer. Detrás de la casa, campos, y más allá de los campos estaba el monte. Una hilera de álamos se extendía desde la casa hasta el muelle. Un camino llevaba hasta las colinas por el límite del monte, y a lo largo de ese camino él solía recoger zarzas. Luego, la cabaña se incendió y todos los fusiles que había en las perchas encima del hogar, también se quemaron. Los cañones de las escopetas, fundido el plomo de las cámaras para cartuchos, y las cajas fueron destruidos lentamente por el fuego, sobresaliendo del montón de cenizas que fueron usadas para hacer lejía en las grandes calderas de hierro, y cuando le preguntamos al Abuelo si podíamos utilizarla para jugar, nos dijo que no. Allí estaban, pues, sus fusiles y nunca volvió a comprar otros. Ni volvió a cazar. La casa fue reconstruida en el mismo sitio, con madera aserrada. La pintaron de blanco; desde la puerta se veían los álamos y, más allá, el lago; pero ya no había fusiles. Los cañones de las escopetas que habían estado en las perchas de la cabaña yacían ahora afuera, en el montón de cenizas que nadie se atrevió a tocar jamás.&lt;br /&gt;En la Selva Negra, después de la guerra, alquilamos un río para pescar truchas, y teníamos dos maneras de llegar hasta aquel sitio. Había que bajar al valle desde Trisberg, seguir por el camino rodeado de árboles y luego subir por otro que atravesaba las colinas, pasando por muchas granjas pequeñas, con las grandes casas de Schwarzwald, hasta que cruzaba el río. La primera vez que pescamos recorrimos todo ese trayecto.&lt;br /&gt;La otra manera consistía en trepar por una cuesta empinada hasta el límite de los bosques, atravesando luego las cimas de las colinas por el monte de pinos, y después bajar hasta una pradera, desde donde se llegaba al puente. Había abedules a lo largo del río, que no era grande, sino estrecho, claro y profundo, con pozos provocados por las raíces de los abedules. El propietario del hotel, en Trisberg, tuvo una buena temporada. Era muy agradable el lugar y todos eran grandes amigos. Pero el año siguiente se presentó la inflación, y el dinero que ganó durante la temporada anterior no fue suficiente para comprar provisiones y abrir el hotel; entonces, se ahorcó.&lt;br /&gt;Aquello era fácil de dictar, pero uno no podía dictar lo de la Plaza Contrescarpe, donde las floristas teñían sus flores en la calle, y la pintura corría por el empedrado hasta la parada de los autobuses; y los ancianos y las mujeres, siempre ebrios de vino; y los niños con las narices goteando por el frío. Ni tampoco lo del olor a sobaco, roña y borrachera del café «Des Amateurs», y las rameras del «Bal Musette», encima del cual vivían. Ni lo de la portera que se divertía en su cuarto con el soldado de la Guardia Republicana, que había dejado el casco adornado con cerdas de caballo sobre una silla. Y la inquilina del otro lado del vestíbulo, cuyo marido era ciclista, y que aquella mañana, en la lechería, sintió una dicha inmensa al abrir L'Auto y ver la fotografía de la prueba Parls-Tours, la primera carrera importante que disputaba, y en la que se clasificó tercero. Enrojeció de tanto reír, y después subió al primer piso llorando, mientras mostraba por todas partes la página de deportes. El marido de la encargada del «Bal Musette» era conductor de taxi y cuando él, Harry, tenía que tomar un avión a primera hora, el hombre le golpeaba la puerta para despertarlo y luego bebían un vaso de vino blanco en el mostrador de la cantina, antes de salir. Conocía a todos los vecinos de ese barrio, pues todos, sin excepción, eran pobres.&lt;br /&gt;Frecuentaban la Plaza dos clases de personas: los borrachos y los deportistas. Los borrachos mataban su pobreza de ese modo; los deportistas iban para hacer ejercicio. Eran descendientes de los comuneros y resultaba fácil describir sus ideas políticas. Todos sabían cómo habían muerto sus padres, sus parientes, sus hermanos y sus amigos cuando las tropas de Versalles se apoderaron de la ciudad, después de la Comuna, y ejecutaron a toda persona que tuviera las manos callosas, que usara gorra o que llevara cualquier otro signo que revelase su condición de obrero. Y en aquella pobreza, en aquel barrio del otro lado de la calle de la «Boucherie Chevaline» y la cooperativa de vinos, escribió el comienzo de todo lo que iba a hacer. Nunca encontró una parte de París que le gustase tanto como aquélla, con sus enormes árboles, las viejas casas de argamasa blanca con la parte baja pintada de pardo, los autobuses verdes que daban vueltas alrededor de la plaza, el color purpúreo de las flores que se extendían por el empedrado, el repentino declive pronunciado de la calle Cardenal Lemoine hasta el río y, del otro lado, la apretada muchedumbre de la calle Mouffetard. La calle que llevaba al Panteón y la otra que él siempre recorría en bicicleta, la única asfaltada de todo el barrio, suave para los neumáticos, con las altas casas y el hotel grande y barato donde había muerto Paul Verlaine. Como los departamentos que alquilaban sólo constaban de dos habitaciones, él tenía una habitación aparte en el último piso, por la cual pagaba sesenta francos mensuales. Desde allí podía ver, mientras escribía, los techos, las chimeneas y todas las colinas de París.&lt;br /&gt;Desde el departamento sólo se veían los grandes árboles y la casa del carbonero, donde también se vendía vino, pero de mala calidad; la cabeza de caballo de oro que colgaba frente a la «Boucherie Chevaline», en cuya vidriera se exhibían los dorados trozos de res muerta, y la cooperativa pintada de verde, donde compraban el vino, bueno y barato. Lo demás eran paredes de argamasa y ventanas de los vecinos. Los vecinos que, por la noche, cuando algún borracho se sentaba en el umbral, gimiendo y gruñendo con la típica ivresse francesa que la propaganda hace creer que no existe, abrían las ventanas, dejando oír el murmullo de la conversación. «¿Dónde está el policía? El bribón desaparece siempre que uno lo necesita. Debe de estar acostado con alguna portera. Que venga el agente.» Hasta que alguien arrojaba un balde de agua desde otra ventana y los gemidos cesaban. «¿Qué es eso? Agua. ¡Ahí ¡Eso se llama tener inteligencia!» Y entonces se cerraban todas las ventanas.&lt;br /&gt;Marie, su sirvienta, protestaba contra la jornada de ocho horas, diciendo: «Mi marido trabaja hasta las seis, sólo se emborracha un poquito al salir y no derrocha demasiado. Pero si trabaja nada más que hasta las cinco, está borracho todas las noches y una se queda sin dinero para la casa. Es la esposa del obrero la que sufre la reducción del horario.»&lt;br /&gt;-¿Quieres un poco más de caldo? -le preguntaba su mujer.&lt;br /&gt;-No, muchísimas gracias, aunque está muy bueno.&lt;br /&gt;-Toma un poquito más, ¿no?&lt;br /&gt;-Prefiero un whisky con soda.&lt;br /&gt;-No te sentará bien.&lt;br /&gt;-Ya lo sé. Me hace daño. Cole Porter escribió la letra y la música de eso: te estás volviendo loca por mí.&lt;br /&gt;-Bien sabes que me gusta que bebas, pero...&lt;br /&gt;-¡Oh! Sí, ya lo sé: sólo que me sienta mal.&lt;br /&gt;«Cuando se vaya -pensó-, tendré todo lo que quiera. No todo lo que quiera, sino todo lo que haya.» ¡Ay! Estaba cansado. Demasiado cansado. Iba a dormir un rato. Estaba tranquilo porque la muerte ya se había ido. Tomaba otra calle, probablemente. Iba en bicicleta, acompañada, y marchaba en absoluto silencio por el empedrado...&lt;br /&gt;No, nunca escribió nada sobre París. Nada del París que le interesaba. Pero ¿y todo lo demás que tampoco había escrito?&lt;br /&gt;¿Y lo del rancho y el gris plateado de los arbustos de aquella región, el agua rápida y clara de los embalses de riego, y el verde oscuro de la alfalfa? El sendero subía hasta las colinas. En el verano, el ganado era tan asustadizo como los ciervos. En otoño, entre gritos y rugidos estrepitosos, lo llevaban lentamente hacia el valle, levantando una polvareda con sus cascos. Detrás de las montañas se dibujaba el limpio perfil del pico a la luz del atardecer, y también cuando cabalgaba por el sendero bajo la luz de la luna. Ahora recordaba la vez que bajó atravesando el monte, en plena oscuridad, y tuvo que llevar al caballo por las riendas, pues no se veía nada... Y todos los cuentos y anécdotas, en fin, que había pensado escribir.&lt;br /&gt;¿Y el imbécil peón que dejaron a cargo del rancho en aquella época, con la consigna de que no dejara tocar el heno a nadie? ¿Y aquel viejo bastardo de los Forks que castigó al muchacho cuando éste se negó a entregarle determinada cantidad de forraje? El peón tomó entonces el rifle de la cocina y le disparó un tiro cuando el anciano iba a entrar en el granero. Y cuando volvieron a la granja, hacía una semana que el viejo había muerto. Su cadáver congelado estaba en el corral y los perros lo habían devorado en parte. A pesar de todo, envolvieron los restos en una frazada y la ataron con una cuerda. El mismo peón los ayudó en la tarea. Luego, dos de ellos se llevaron el cadáver, con esquíes, por el camino, recorriendo las sesenta millas hasta la ciudad, y regresaron en busca del asesino. El peón no pensaba que se lo llevarían preso. Creía haber cumplido con su deber, y que yo era su amigo y pensaba recompensar sus servicios. Por eso, cuando el alguacil le colocó las esposas se quedó mudo de sorpresa y luego se echó a llorar. Ésta era una de las anécdotas que dejó para escribir más adelante. Conocía por lo menos veinte anécdotas parecidas y buenas y nunca había escrito ninguna. ¿Por qué?&lt;br /&gt;-Tú les dirás por qué -dijo.&lt;br /&gt;-¿Por qué qué, querido?&lt;br /&gt;-Nada.&lt;br /&gt;Desde que estaba con él, la mujer no bebía mucho. «Pero si vivo -pensó Harry-, nunca escribiré nada sobre ella ni sobre los otros.» Los ricos eran perezosos y bebían muchísimo, o jugaban demasiado al backgammon. Eran perezosos; por eso siempre repetían lo mismo. Recordaba al pobre Julián, que sentía un respetuoso temor por todos ellos, y que una vez empezó a contar un cuento que decía: «Los muy ricos son gente distinta. No se parecen ni a usted ni a mí.» Y alguien lo interrumpió para manifestar: «Ya lo creo. Tienen más dinero que nosotros.» Pero esto no le causó ninguna gracia a Julián, que pensaba que los ricos formaban una clase social de singular encanto. Por eso, cuando descubrió lo contrario, sufrió una decepción totalmente nueva.&lt;br /&gt;Harry despreciaba siempre a los que se desilusionaban, y eso se comprendía fácilmente. Creía que podía vencerlo todo y a todos, y que nada podría hacerle daño, ya que nada le importaba.&lt;br /&gt;Muy bien. Pues ahora no le importaba un comino la muerte. El dolor era una de las pocas cosas que siempre había temido. Podía aguantarlo como cualquier mortal, mientras no fuese demasiado prolongado y agotador, pero en esta ocasión había algo que lo hería espantosamente, y cuando iba a abandonarse a su suerte, cesó el dolor.&lt;br /&gt;Recordaba aquella lejana noche en que Williamson, el oficial del cuerpo de bombarderos, fue herido por una granada lanzada por un patrullero alemán, cuando él atravesaba las alambradas; y cómo, llorando, nos pidió a todos que lo matásemos. Era un hombre gordo, muy valiente y buen oficial, aunque demasiado amigo de las exhibiciones fantásticas. Pero, a pesar de sus alardes, un foco lo iluminó aquella noche entre las alambradas, y sus tripas empezaron a desparramarse por las púas a consecuencia de la explosión de la granada, de modo que cuando lo trajeron vivo todavía, tuvieron que matarlo, «¡Mátame, Harry! ¡Mátame, por el amor de Dios!» Una vez sostuvieron una discusión acerca de que Nuestro Señor nunca nos manda lo que no podemos aguantar, y alguien exponía la teoría de que, diciendo eso en un determinado momento, el dolor desaparece automáticamente. Pero nunca se olvidaría del estado de Williamson aquella noche. No le pasó nada hasta que se terminaron las tabletas de morfina que Harry no usaba ni para él mismo. Después, matarlo fue la única solución.&lt;br /&gt;Lo que tenía ahora no era nada en comparación con aquello; y no habría habido motivo de preocupación, a no ser que empeorara con el tiempo. Aunque tal vez estuviera mejor acompañado.&lt;br /&gt;Entonces pensó un poco en la compañía que le hubiera gustado tener.&lt;br /&gt;«No -reflexionó-, cuando uno hace algo que dura mucho, y ha empezado demasiado tarde, no puede tener la esperanza de volver a encontrar a la gente todavía allí. Toda la gente se ha ido. La reunión ha terminado y ahora has quedado solo con tu patrona. ¡Bah! Este asunto de la muerte me está fastidiando tanto como las demás cosas.»&lt;br /&gt;-Es un fastidio -dijo en voz alta.&lt;br /&gt;-¿Qué, queridito?&lt;br /&gt;-Todo lo que dura mucho.&lt;br /&gt;Harry miró el rostro de la mujer, que estaba entre el fuego y él. Ella se había recostado en la silla y la luz de la hoguera brillaba sobre su cara de agradables contornos, y entonces se dio cuenta de que ella tenía sueño. Oyó también que la hiena hacía ruido algo más allá del límite del fuego.&lt;br /&gt;-He estado escribiendo -dijo él-, pero me cansé.&lt;br /&gt;-¿Crees que podrás dormir?&lt;br /&gt;-Casi seguro. ¿Por qué no vas adentro?&lt;br /&gt;-Me gusta quedarme sentada aquí, contigo.&lt;br /&gt;-¿Te encuentras mal? -le preguntó a la mujer.&lt;br /&gt;-No. Tengo un poco de sueño.&lt;br /&gt;-Yo también.&lt;br /&gt;En aquel momento sintió que la muerte se acercaba de nuevo.&lt;br /&gt;-Te aseguro que lo único que no he perdido nunca es la curiosidad -le dijo más tarde.&lt;br /&gt;-Nunca has perdido nada. Eres el hombre más completo que he conocido.&lt;br /&gt;-¡Dios mío! ¡Qué poco sabe una mujer! ¿Qué es eso? ¿Tu intuición?&lt;br /&gt;Porque en aquel instante la muerte apoyaba la cabeza sobre los pies del catre y su aliento llegaba hasta la nariz de Harry.&lt;br /&gt;-Nunca creas eso que dicen de la guadaña y la calavera. Del mismo modo podrían ser dos policías en bicicleta, o un pájaro, o un hocico ancho como el de la hiena.&lt;br /&gt;Ahora avanzaba sobre él, pero no tenía forma. Ocupaba espacio, simplemente.&lt;br /&gt;-Dile que se marche.&lt;br /&gt;No se fue, sino que se acercó aún más.&lt;br /&gt;-¡Qué aliento del demonio tienes! -le dijo a la muerte-. ¡Tú, asquerosa bastarda!&lt;br /&gt;Se acercó otro poco y él ya no podía hablarle, y cuando la muerte lo advirtió, se aproximó todavía más, mientras Harry trataba de echarla sin hablar; pero todo su peso estaba sobre su pecho, y mientras se acuclillaba allí y le impedía moverse o hablar, oyó que su mujer decía:&lt;br /&gt;-Bwana ya se ha dormido. Levanten el catre y llévenlo a la tienda, pero con cuidado.&lt;br /&gt;No podía decirle que la hiciera marcharse, y allí estaba la muerte, sentada sobre su pecho, cada vez más pesada, impidiéndole hasta respirar.&lt;br /&gt;Y entonces, mientras levantaban el catre, se encontró repentinamente bien ya que el peso dejó de oprimirle el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya era de día y habían transcurrido varias horas de la mañana cuando oyó el aeroplano. Parecía muy pequeño. Los criados corrieron a encender las hogueras, usando kerosene y amontonando la hierba hasta formar dos grandes humaredas en cada extremo del terreno que ocupaba el campamento. La brisa matinal llevaba el humo hacia las tiendas. El aeroplano dio dos vueltas más, esta vez a menor altura, y luego planeó y aterrizó suavemente. Después, Harry vio que se acercaba el viejo Compton, con pantalones, camisa de color y sombrero de fieltro oscuro.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa, amigo? -preguntó el aviador.&lt;br /&gt;-La pierna -le respondió Harry-. Anda mal. ¿Quieres comer algo o has desayunado ya?&lt;br /&gt;-Gracias. Voy a tomar un poco de té. Traje el Puss Moth que ya conoces, y como hay sitio para uno solo, no podré llevar a la memsahib. Tu camión está en el camino.&lt;br /&gt;Helen llamó aparte a Compton para decirle algo. Luego, él volvió más animado que antes.&lt;br /&gt;-Te llevaré en seguida -dijo-. Después volveré a buscar a la mem. Lo único que temo es tener que detenerme en Arusha para cargar combustible. Convendría salir ahora mismo.&lt;br /&gt;-¿Y el té?&lt;br /&gt;-No importa; no te preocupes.&lt;br /&gt;Los peones levantaron el catre y lo llevaron a través de las verdes tiendas hasta el avión, pasando entre las hogueras que ardían con todo su resplandor. La hierba se había consumido por completo y el viento atizaba el fuego hacia el pequeño aparato. Costó mucho trabajo meter a Harry, pero una vez que estuvo adentro se acostó en el asiento de cuero, y ataron su pierna a uno de los brazos del que ocupaba Compton. Saludó con la mano a Helen y a los criados. El motor rugía con su sonido familiar. Después giraron rápidamente, mientras Compie vigilaba y esquivaba los pozos hechos por los jabalíes. Así, a trompicones atravesaron el terreno, entre las fogatas, y alzaron vuelo con el último choque. Harry vio a los otros abajo, agitando las manos; y el campamento, junto a la colina, se veía cada vez más pequeño: la amplia llanura, los bosques y la maleza, y los rastros de los animales que llegaban hasta los charcos secos, y vio también un nuevo manantial que no conocía. Las cebras, ahora con su lomo pequeño, y las bestias, con las enormes cabezas reducidas a puntos, parecían subir mientras el avión avanzaba a grandes trancos por la llanura, dispersándose cuando la sombra se proyectaba sobre ellos. Cada vez eran más pequeños, el movimiento no se notaba, y la llanura parecía estar lejos, muy lejos. Ahora era grisamarillenta. Estaban encima de las primeras colinas y las bestias les seguían siempre el rastro. Luego pasaron sobre unas montañas con profundos valles de selvas verdes y declives cubiertos de bambúes, y después, de nuevo los bosques tupidos y las colinas que se veían casi chatas. Después, otra llanura, caliente ahora, morena, y púrpura por el sol. Compie miraba hacia atrás para ver cómo cabalgaba. Enfrente, se elevaban otras oscuras montañas.&lt;br /&gt;Por último, en vez de dirigirse a Arusha, dieron la vuelta hacia la izquierda. Supuso, sin ninguna duda, que al piloto le alcanzaba el combustible. Al mirar hacia abajo, vio una nube rosada que se movía sobre el terreno, y en el aire algo semejante a las primeras nieves de unas ventiscas que aparecen de improviso, y entonces supo que eran las langostas que venían del Sur. Luego empezaron a subir. Parecían dirigirse hacia el Este. Después se oscureció todo y se encontraron en medio de una tormenta en la que la lluvia torrencial daba la impresión de estar volando a través de una cascada, hasta que salieron de ella. Compie volvió la cabeza sonriendo y señaló algo. Harry miró, y todo lo que pudo ver fue la cima cuadrada del Kilimanjaro, ancha como el mundo entero; gigantesca, alta e increíblemente blanca bajo el sol. Entonces supo que era allí adonde iba.&lt;br /&gt;En aquel instante, la hiena cambió sus lamentos nocturnos por un sonido raro, casi humano, como un sollozo. La mujer lo oyó y se estremeció de inquietud. No se despertó, sin embargo. En su sueño, se veía en la casa de Long Island, la noche antes de la presentación en sociedad de su hija. Por alguna razón estaba allí su padre, que se portó con mucha descortesía. Pero la hiena hizo tanto ruido que ella se despertó y por un momento, llena de temor, no supo dónde estaba. Luego tomó la linterna portátil e iluminó el catre que le habían entrado después de dormirse Harry. Vio el bulto bajo el mosquitero, pero ahora le parecía que él había sacado la pierna, que colgaba a lo largo de la cama con las vendas sueltas. No aguantó más.&lt;br /&gt;-¡Molo! -llamó-. ¡Molo! ¡Molo!&lt;br /&gt;Y después dijo:&lt;br /&gt;-¡Harry! ¡Harry! -Y levantando la voz-: ¡Harry! ¡Contéstame, te lo ruego! ¡Oh, Harry!&lt;br /&gt;No hubo respuesta y tampoco lo oyó respirar.&lt;br /&gt;Fuera de la tienda, la hiena seguía lanzando el mismo gemido extraño que la despertó. Pero los latidos del corazón le impedían oírlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-5606577581931693914?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/5606577581931693914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/las-nieves-del-kilimanjaro-de-ernest.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5606577581931693914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5606577581931693914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/las-nieves-del-kilimanjaro-de-ernest.html' title='Las nieves del Kilimanjaro de Ernest Hemingway ( Sí, otra vez)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SzDA4mocesI/AAAAAAAAA3Q/sU_2db7SCxc/s72-c/nieveskilimanjarocartel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-3988706131849001076</id><published>2009-12-15T07:35:00.000-08:00</published><updated>2009-12-20T17:52:34.736-08:00</updated><title type='text'>Colinas como elefantes blancos de Ernest Hemingway</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SyetadAqQvI/AAAAAAAAA24/QGCIK9GSUpU/s1600-h/elefante.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415487746911912690" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SyetadAqQvI/AAAAAAAAA24/QGCIK9GSUpU/s320/elefante.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Una de las historias de amor más sugestivas de la Literatura. Felices vísperas.&lt;br /&gt;¿Qué es lo que ocultan? ¿Qué ve ella en el horizonte? ¿Qué ve él? Nótese la fuerza de los diálogos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El americano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace calor —dijo el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tomemos cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Grandes? —preguntó una mujer desde el umbral.&lt;br /&gt;-Sí. Dos grandes.&lt;br /&gt;La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Parecen elefantes blancos —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza.&lt;br /&gt;—No, claro que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto.&lt;br /&gt;La muchacha miró la cortina de cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice?&lt;br /&gt;—Anís del Toro. Es una bebida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Podríamos probarla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oiga —llamó el hombre a través de la cortina.&lt;br /&gt;La mujer salió del bar.&lt;br /&gt;—Cuatro reales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Queremos dos de Anís del Toro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Con agua?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo quieres con agua?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé —dijo la muchacha—. ¿Sabe bien con agua?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sabe mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Los quieren con agua? —preguntó la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, con agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sabe a orozuz —dijo la muchacha y dejó el vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así pasa con todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si dijo la muchacha—- Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.&lt;br /&gt;—Oh, basta ya.&lt;br /&gt;—Tú empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.&lt;br /&gt;—Bien, tratemos de pasar un buen rato.&lt;br /&gt;—De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?&lt;br /&gt;—Fue ocurrente.&lt;br /&gt;—Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?&lt;br /&gt;—Supongo.&lt;br /&gt;La muchacha contempló las colinas.&lt;br /&gt;—Son preciosas colinas —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.&lt;br /&gt;—¿Tomamos otro trago?&lt;br /&gt;—De acuerdo.&lt;br /&gt;El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.&lt;br /&gt;—La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre—.&lt;br /&gt;—Es preciosa —dijo la muchacha.&lt;br /&gt;—En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig —dijo el hombre—. En realidad no es una operación.&lt;br /&gt;La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.&lt;br /&gt;—Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.&lt;br /&gt;La muchacha no dijo nada.&lt;br /&gt;—Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.&lt;br /&gt;—¿Y qué haremos después?&lt;br /&gt;—Estaremos bien después. Igual que como estábamos.&lt;br /&gt;—¿Qué te hace pensarlo?&lt;br /&gt;—Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.&lt;br /&gt;La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.&lt;br /&gt;—Y piensas que estaremos bien y seremos felices.&lt;br /&gt;—Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.&lt;br /&gt;—Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices.&lt;br /&gt;—Bueno —dijo el hombre—, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.&lt;br /&gt;—¿Y tú de veras quieres?&lt;br /&gt;—Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.&lt;br /&gt;—Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?&lt;br /&gt;—Te quiero. Tú sabes que te quiero.&lt;br /&gt;—Sí, pero si lo hago, ¿nunca volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?&lt;br /&gt;—Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.&lt;br /&gt;—Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?&lt;br /&gt;—No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.&lt;br /&gt;—Entonces lo haré. Porque yo no me importo.&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no me importo.&lt;br /&gt;—Bueno, pues a mí sí me importas.&lt;br /&gt;—Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.&lt;br /&gt;—No quiero que lo hagas si te sientes así.&lt;br /&gt;La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.&lt;br /&gt;—Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.&lt;br /&gt;—¿Qué dijiste?&lt;br /&gt;—Dije que podríamos tenerlo todo.&lt;br /&gt;—Podemos tenerlo todo.&lt;br /&gt;—No, no podemos.&lt;br /&gt;—Podemos tener todo el mundo.&lt;br /&gt;—No, no podemos.&lt;br /&gt;—Podemos ir a donde quiera.&lt;br /&gt;—No, no podemos. Ya no es nuestro.&lt;br /&gt;—Es nuestro.&lt;br /&gt;—No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.&lt;br /&gt;—Pero no nos los han quitado.&lt;br /&gt;—Ya veremos tarde o temprano.&lt;br /&gt;—Vuelve a la sombra —dijo él—. No debes sentirte así.&lt;br /&gt;—No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas.&lt;br /&gt;—No quiero que hagas nada que no quieras hacer…&lt;br /&gt;—Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?&lt;br /&gt;—Bueno. Pero tienes que darte cuenta…&lt;br /&gt;—Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco?&lt;br /&gt;Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.&lt;br /&gt;—Tienes que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.&lt;br /&gt;—¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.&lt;br /&gt;—Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.&lt;br /&gt;—Sí, sabes que es perfectamente sencillo.&lt;br /&gt;—Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.&lt;br /&gt;—¿Querrías hacer algo por mi?&lt;br /&gt;—Yo haría cualquier cosa por ti.&lt;br /&gt;—¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?&lt;br /&gt;Él no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.&lt;br /&gt;—Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto.&lt;br /&gt;—Voy a gritar —dijo la muchacha.&lt;br /&gt;La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.&lt;br /&gt;—El tren llega en cinco minutos —dijo.&lt;br /&gt;—¿Qué dijo? —preguntó la muchacha.&lt;br /&gt;—Que el tren llega en cinco minutos.&lt;br /&gt;La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.&lt;br /&gt;—Iré llevando las maletas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió.&lt;br /&gt;—De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.&lt;br /&gt;El recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.&lt;br /&gt;—¿Te sientes mejor? —preguntó él.&lt;br /&gt;—Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;Cuento publicado originalmente en la colección Hombres sin mujeres. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-3988706131849001076?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/3988706131849001076/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/colinas-como-elefantes-blancos-de.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3988706131849001076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3988706131849001076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/colinas-como-elefantes-blancos-de.html' title='Colinas como elefantes blancos de Ernest Hemingway'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SyetadAqQvI/AAAAAAAAA24/QGCIK9GSUpU/s72-c/elefante.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-3254352314068397796</id><published>2009-12-07T08:32:00.000-08:00</published><updated>2009-12-07T08:38:10.666-08:00</updated><title type='text'>Sólo cenizas hallarás de Raúl Pérez Torres</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sx0vS-KnQnI/AAAAAAAAA2Q/4HNvQne8-H4/s1600-h/siglo_de_cenizas_2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; 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"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 102);font-size:9;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;Toña La Negra&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Te lo digo con el corazón en la mano, Patitas, cuando la conocí yo ya era malo sin excesos. Dios y el diablo me llevaban de la mano. Claro, tenía yo veinte años. Lo que pasa es que sus ojos olían a menta, ¿puedes creerlo? Es lo único que recuerdo. El olor de sus ojos que me viene en bocanadas. Sí, seguro, no es lo único, pero es lo que más recuerdo. Ojos desilusionados, como desvaídos por el tiempo.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Puede ser que te suene a falsete lo que te narro, pero toma en cuenta que este rollo ya está atravesado por el tiempo, la memoria y, de alguna manera, la cultura.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Siempre la espiaba a la salida de la Facultad. Sí, Filosofía, ¿qué otra cosa podía estudiar yo que no quería estudiar nada? Llena de polvo de tiza y pesa­dumbre salía ella de dictar sus clases. Me parecía a veces que primero salía ella, vacía, sin contornos, y luego sus mil años que se le metían en el cuerpo al final de la escalera. Era cuando se sacudía la blusa con un ademán efímero y se alisaba un poco el cabe­llo con un gesto y un movimiento imperceptible de su cuello que me alimentaba para toda la vida de ese tiempo de vida. No, ¿estás loco?, yo no era su alum­no, ni modo, ¿quieres saber cuál era la materia que dictaba? Enseñaba una disciplina que no existe: Cosmogonía del Vidente. Te imaginas. Era como pa­ra reírse. Yo me habría reído de no haber estado ena­morado como un perro.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Solamente tenía tres alumnos, medio lelos, que la seguían a todas partes como hipnotizados, le pren­dían el tabaco, la rodeaban en el café, le acomodaban la silla, le recitaban poemas orientales, pero especial­mente la protegían como una coraza para que no le llegara el mal viento, ni el susurro de los otros (que era yo), ni la música estrafalaria de Vangelis, en el bar, que porfiadamente decía &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;"good to see you",&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; ni siquiera la impotente caricia de mi mente que se des­perdiciaba entre el humo antes de llegar a tocarla.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Sí, tenía un nombre, pero era un nombre rutinario, un nombre que te hacía entrever el desafecto de sus padres. Se llamaba Esthela. Pero no es de su nom­bre de lo que quiero hablarte, sino de la estela que ella iba dejando en mi camino, camino que sin ella pudo haber sido el de un gran futbolista, o un tre­mendo líder, o por lo menos un auspicioso pederasta, pero ahí tienes Patitas, siempre la vida de un joven desalmado tiene sus ojos verdes, y fue en una exposi­ción del pana, del Marcelo Aguirre, donde por fin Esthela detuvo su trajinar para reparar en mí. Sí, des­pacio, loco, como tú dices, despacio te desenrollo es­ta historia para que dure más en la cerveza que en la vida real. Marcelo Aguirre, o sea ese pintor que ha bajado a los infiernos, el que nos ha abierto una puerta que no se sabe a dónde llevará, sí, sí, pero no, tus lecturas son tibias, ligeras, nada del Dante, nada de Beatriz, apenas la zorra de la inteligencia devo­rándose a sí misma.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Ella estaba sola en uno de los salones, es decir que la sorprendí sola, ¿entiendes lo que te quiero decir?, estaban sus tres zombies, desde luego, pero &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;ella&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; esta­ba sola, sola, desprotegida, desmamantada, huérfana, ella y el cuadro, ella y el túnel del óleo. ¿Te dije Pa­titas que yo ya era malo sin excesos? Bueno, me pu­se atrás de esa soledad que daba frío, atrás pero enci­ma, pero &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;dentro,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; ¡maldita sea, para qué sirven las pa­labras!, las palabras son como la camisa, nunca la piel. Bueno, me puse atrás de su nuca, en posición de orar al dios de su nuca, a que me escuchara aquel músculo porfiado y en actitud de firmes, les pedí a Yahvé, a Otúm, a Pachacámac, a Jesús, a Taita Mar­cos, una brizna de solidaridad y de energía para que alargue las manos de mi cerebro en actitud de súplica y el milagro se dio, ella regresó su mirada llena de colores tétricos y se topó de golpe con la felicidad de mi edad.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Fresco, suave nomás. Ponte las pilas para que cap­tes. Lo que te cuento tiene mucho que ver con la cer­veza y con aquello que en ese tiempo se llamaba te­nacidad. Así se acercó ella a mí en ese momento, obsesionada por la fulguración de mi amor, pálida te puedo decir si la palidez tiene el color de la magno­lia, como dice el bolero, se acercó pálida, se acercó lívida y tímida y besó el carbón de mi mejilla al tiempo en que decía, casi avergonzada de su desaso­siego: "el sueño es la mayor conquista del arte mo­derno". "No", le dije yo, mientras viajaba por el oro de su vejez, "el arte moderno es la pesadilla".&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;¿Qué más quieres que te cuente? El resto es siem­pre el resto. La magia es el principio, el resto es el final. Lo que sucede es que con ella siempre fue el principio. Ya luego empecé a conocer sus cadenas, el simulacro de los años sesenta, la algarabía román­tica que alguna vez vivió y que la dejó desarticulada como la plastilina, sin ánimo de enfrentar este riquí­simo tiempo del vacío.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;De allí fuímonos (te lo digo con esa palabreja para aclararte la velocidad) fuímonos hacia Guápulo, so­los, por primera vez, solos, a recoger sus pasos, a re­coger su edad. La noche era muy noche esa noche. A veces me parecía que era como la sonrisa del ne­gro, es decir una noche con espasmos, es decir una noche que por momentos se blanqueaba, chispeaba, con sus palabras.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Hablaba mucho, atropelladamente, me recriminaba mi tiempo en el que se habían perdido las rosas, y la sensualidad, y las palabras bellas, y las utopías. "Qué son ustedes", me decía, con el afán de meter en un saco mi juventud, "generación ambigua, irónica, desalmada; ustedes alimentan la vaciedad, son 'mon­jes' del vacío, eso es lo que son, viven al día porque el pensamiento no les alcanza para el otro. ¿Crees que no te he mirado, crees que no he mirado tus tris­tes poses de estar más allá?", y lo decía poniendo én­fasis en ese "más allá" que lo tiraba más lejos "uste­des han llegado al momento de la nada intelectual", ("¿no has leído a Macedonio?", me preguntaba mien­tras yo desfallecía en el ojo de su cintura) "ustedes tienen una especie de humorismo trágico de la vida, y está centrado solamente en la emoción, en el estado de ánimo, en la ironía, sin conciencia moral ni política. A nosotros nos asombraba todo, íbamos de asom­bro en asombro, de descubrimiento en descubrimien­to, de búsqueda en búsqueda. ¡Asómbrense de vivir carajo!".&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;"De vivir a la vera de un río pestilente", dije yo, "un río de palabras gastadas, de actitudes gastadas". Pero solo lo dije por parecer duro, por alimentar su palabra. Desde luego prefería que ella hablara, que me desnudara de todo conocimiento, de toda refle­xión. Te digo sinceramente, casi no me importaba lo que ella pensara. Ella no creía mucho en lo que de­cía, o en el mejor de los casos, estaba dándole de co­mer a su culpa. Pero qué me importaba su culpa mientras tuviera a mi lado esos huesos fosforescen­tes.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Guápulo. Yo ya sabía todo de las calaveras, de las lecturas, del ácido, de la pintura, de la mariguana que se había consumido en homenaje al hombre nuevo, inclusive ya la había entrevisto en sueños a ella (¿si te he dicho que yo primero sueño y después vivo?), vestida de negro o con algún estropajo hindú, sanda­lias, un collar de coral y pepitas doradas y su shigra repleta de piedritas de cuarzo, de ámbar, y de un Sartre subrayadísimo y manchadas sus páginas con el amarillento y circular alcohol de la vida, subiendo agitada, bullente, pictórica quizá, con una alegría co­munitaria, una alegría de minga, porque un poco era eso lo que hacían, minga para arreglar la cabeza, para arreglar el mundo, para desarreglar el orden. Sí, yo la miraba subir, en el sueño, con su rostro triangular que ya pronosticaba abatimiento, y mientras ahora me hablaba como de una gran lejanía, como si fuera su eco y no ella, yo la veía subir, y subir, y subir, quince años antes, incansable, urgente, llena el cora­zón de carbones encendidos, y de los Beatles, y de Los Panchos, sin pensar ni por un momento en la ce­niza que iba quedando en el camino y que esa noche, precisamente, la estábamos recogiendo para que ella calentara un poco su corazón.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Arrimada al mirador del calicanto, de espaldas a mí y a la Iglesia, bebía del tarrito de cerveza alema­na, como los pájaros, con breves piquidos, con un le­vísimo sonido gutural, con una persistente, tenaz &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;saudade&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; (dicen que no hay traducción para esa pala­breja pero conténtate con saber que se trata de una bola de melancolía que se te atraganta en la memo­ria) mientras yo me dirigía al carro y ponía en su ho­nor aquel bolerísimo recuperado por Luis Miguel:&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;"usted es la culpable de todas mis angustias..." Sí, de todas mis angustias Patitas, menos de esa, menos de la angustia de estar a su lado y beber el tiempo de su cuerpo, porque esa no era angustia, sino algo co­mo el salto en paracaídas. No, no he tenido esa ex­periencia, pero sí alas delta, me he lanzado desde Cruz Loma, ha de ser algo así porque su cuerpo era un abismo en el que yo iba cayendo poco a poco, un abismo de sortilegios y de hechicerías que me iban llevando en el aire hasta la cima de esa época, que por ella, hubiera querido vivirla en carne propia.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;A la tercera &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;Clausen,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; me dijo con desparpajo que ya se orinaba. Por allí había una casetita que alguna vez sirvió para esos menesteres pero que ahora yacía cuarteada, vacía, sin la alegría del desagüe del retre­te; para allá se dirigió acompañada del oso de su me­lancolía. Su estela me arrastraba con la fuerza del hu­racán, pero claro, no la seguí, no seas tan burdo; es­peré que regresara y con su permiso me volé al mis­mo sitio. Su olor todavía estaba allí, más penetrante aún, más tirano, y allí estaba la hierba humedecida por su urgencia, me incliné entonces y recogí con un­ción una hojita sobre la que había orinado, hasta aho­ra la tengo guardada entre las páginas del / &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;Ching, &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;Libro Sagrado que algún día me regaló para que su­piera quién era yo y a dónde iba. De vez en cuando la saco para olería, sí, la hojita, aún conserva ese singu­lar sabor a su pubis, que era como de té pero un po­quito más salobre. Sí, de té, no sé Patitas, no sé, nunca he probado la infusión de coca, ¿un poco amo­niacal?, no es eso lo que quiero decir, mientras yo me esfuerzo por encantar tú te esfuerzas por descifrar. Claro, eres más pollo que yo.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;“Estás preciosa", le dije mientras miraba emboba­do su perfil nítido, negro, recortado en el turbulento lila de esa noche. "Pareces una mujer de Viver". "Tú estás loco", me dijo madremente, acariciando mi rostro con el dorso de su mano fría, "pero tu locura es demasiado normal".&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Bueno, en vista de que mi inocencia me tornaba impune, le rogué que fuéramos para mi cuarto, "allí tengo unas reliquias musicales", le dije sin ánimo de ofenderla, o no sé, "allí duermen entreverados Lucho Gatica y Led Zepellin, María Luisa Landín y Tina Turner, Elvis Presley y Daniel Santos, Leo Marini y Nat King Colé. Y claro, Julio, siempre Julio" ¿Iglesias? ¡Qué Iglesias! no seas tarado, Julio Jaramillo. "Vamos", me dijo, hiriéndome en alguna parte por su falta de resistencia.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Pero pedí más cerveza, Patitas, si quieres que te eche el resto. Aunque el resto ya sabes...&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Bueno, la primera noche me porté como un enano verde. Si te cuento lo que pasó no me creerás, pero ahí te va. La primera noche lloré por su belleza. Cuando la miré desnuda me eché a llorar como un coreano, era tan conmovedora, tan desgarrante su desnudez, apenas quedaba bajo el sol pecoso de su hombro el corpiño de encaje negro, la vacuna, para qué decirte más. De puro desprotegido me afiancé a sus pechos lánguidos, no, no era nostalgia, ¡qué Edipo!, nada de Edipo, era solamente miedo, miedo a la maravilla. Besaba sus pechos y ella agrandaba los ojos, yo sentía que por aquellos ojos entraba mi edad, toda la nostalgia que ella sentía por mi edad. De to­das maneras fue un fracaso. Casi siempre la primera vez es un fracaso, no, no es disculpa, lo que pasa es que los cuerpos no se ensamblan, no se constituyen, se miran extraños, como animales.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Luego, varios días después, el aleteo y el quejido fueron uno solo, pero aquella noche yo sentía, no sé por qué, que hacíamos el amor junto a una gran mul­titud, quizás era a causa de sus recuerdos, que entra­ban en bandada en el cuarto, se apoderaban de mi lengua, de mis manos, de mis ansias, y hasta sentía que me querían echar de la cama como a un indeseable.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Cuando dimos fin a ese simulacro, ella se puso muy triste y empezó a llorar, llora que llora, con un llanto lastimero, monocorde, como la garúa de Lima. El silencio era una charca llena de sapos. Al amane­cer se vistió y se fue. Esthela. Me puse entonces a recoger su inteligencia olvidada en mi cuerpo, con la esperanza de cotidianizarla, de darle un sentido más sencillo, menos agitado, pero nada, porque a partir de aquella noche empecé a amarla como un autista, co­mo una yegua mansa que la seguía a todas partes, que hacía todas las cosas por ella, para ella, no que­ría que ella hiciera nada doméstico, nada prosaico, nada humano en definitiva, le traía agua pura de una acequia sagrada del Pichincha, le preparaba infusio­nes de hierbas para sus malestares, le calentaba los pies frotándolos con mis labios, coleccionaba bromas para sus horas de espanto, le compraba frutas exóti­cas para perfumar su piel, níspero, pomarosa, manda­rina de viento, contrataba saltimbanquis para su sole­dad, en fin, yo estaba en el mundo para servirle, para que su corazón no sufra la trivialidad, ni la estupidez, ni la maldad circundante. No estar a su lado me frac­cionaba. Alguna escena de teatro, un libro, una can­ción, una película que ella no podía compartir conmi­go, me dejaba triste, disminuido, paralítico, ¡carajo!, puede que yo exagere como una mala corista, pero qué quieres, va media docena, y este momento todo tiene su sombra, hasta el color de la cerveza me re­cuerda las mariposas de su risa. Me resultaba un mar­tirio, una tortura no estar a su lado, yo, imagínate, que siempre me retiraba de las peladas para poder extrañarlas, para poder quererlas un poquito.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Casi siempre amanecía a su lado porque ella me concedió la gracia de dormir en su casa los días lunes, miércoles y viernes, que no eran días de mal presagio. Pero aquellos amaneceres en los que despertaba solo en mi cuarto, poco a poco iba tomando conciencia de eso que los &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;ciudadanos&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; llaman realidad; me encomendaba a ella como a una diosa, para que ayudara en ese nuevo día a soportar la presencia de los militares, la caída del pelo. el olor de los cu­ras, las charlas de la familia. Entonces me levantaba y tenía apenas ánimo para llegar a la ducha y soñar en el agua su cuerpo líquido.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;No te rías cabrón, no tenía nada de cómico, yo es­taba llegando a la locura de la sensiblería, como la de los homosexuales. Imagínate que un día por teléfo­no, me dijo con su voz de felpa "te he estado pensan­do" y yo quedé tan triste y desolado como un trapea­dor, porque eso significaba que había momentos en que no lo hacía, en que no me pensaba, entonces yo, ¡estúpido alfeñique!, ¿por qué no podía sacarla de mi maldita cabeza ni por un instante?&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Por aquél tiempo yo deletreaba la poesía, sí, nunca pasé de allí, pero quién a los veinte años no ha orde­nado en columna sus vulgaridades y sus quejumbres. deletreaba la poesía y la atormentaba diariamente con mis poemas y mis flores que ella se las llevaba a sus labios con un gesto que en alguna parte era japo­nés... A propósito de japonés, por ese tiempo apare­ció el alemán, un antropólogo con ojos de frambuesa que había alquilado un cuarto en lo de Esthela. La primera vez que lo vi conversando con ella. el cora­zón se me fue al piso, era lindo el cabrón, lindo como un retablo, como un dios. como el rostro de Marión Brando al momento en que muere en "Los dioses vencidos", ¿viste esa película?, ¡qué va!, vos no has pasado de Pink Floyd hermanito. Bueno, te digo que era lindo y a mí su imagen junto a la de Esthela me hizo trizas, me desbarató más bien dicho porque era como si alguien hubiera puesto en el rostro del joven Jesús el &lt;em&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;aura&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; que le faltaba, y luego, más tarde, la atormenté sistemáticamente con mis celos absurdos, sin que ella diera la menor importancia al hecho, con su carita llena de amor, con sus labios húmedos que se prodigaban en reconocer todo mi cuerpo, un cuer­po joven que todas las noches estaba inventando, pa­ra ella, inventando tanto que alguna vez me dijo: "lo que más amo de tu cuerpo es la perversión, es una perversión que no te concierne, como la de los ni­ños", pero yo siempre a la expectativa de sus gestos, a la caza de algo que me descifrara su malquerer, al­go que no podía definirlo ni siquiera en las nítidas noches largas, insomnes, en las que me pasaba como si fuera un amanuense de sus mínimas palabras, de sus actitudes, de su mirada desmayada en otros carre­tes. Nunca había tenido cerca de mí un rostro que cambiara de expresión con tanta rapidez, de repente era la perplejidad, la estupidez, la tristeza, muy poco. pero muy poco la alegría. Su rostro era piséis, ¿está claro?&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Muchas veces ella mortificaba mi amor hablándome y hablándome de cosas pasadas, mientras la miraba ya desnuda, abierta como una amapola, sentada sobre mi pecho y yo sin poder contener la vulgaridad de mis manos, de mi lengua que quería paladear la miel salada de sus muslos, porque yo no necesitaba escucharla sino bebería, saborearla, catarla, entonces frente a mis ansias se paraba en seco y me miraba con ojos extraviados, lejanos, fríos. ¿Qué pasa?, le preguntaba yo con la vergüenza que se siente frente a la propia desnudez analizada, y ella me respondía, "no pasa nada, la edad es lo que pasa", y se ponía a hablarme de sus malditos años sesenta, de no sé qué guerrilla y no sé qué montañas. "Recuerdo", me de­cía, "recuerdo aquellos años, cuando todavía nos amábamos los unos a los otros, y nos respetábamos, y la inteligencia era como un vino macerado que se repartía una y otra vez". Pero me lo decía de una manera tan lejana, tan vaga, como si fuera una refe­rencia al paleolítico. De esas sesiones yo salía abu­rrido como un esquimal porque luego ella saltaba de la cama sin consideración alguna a mi hombría, y se ponía a sacar de sus cofres aquellos recuerdos con­servados con naftalina, fotografías amarillentas de cuando era reina del colegio, presidenta del curso, abanderada, campeona de oratoria, hijita de papá, sus quince años, sus veinte en un canchón de Portovelo abrazada de Olimpo Cárdenas, y las revistas Ecran y Lana Turner y Ava Gardner y Rock Hudson, ¿sabías Patitas que era maricón?, y James Deán y Julieta Greco y se ponía a recitar pilches poemas de César Dávila, de Vallejo y del coquito Adoum. No sé por qué ahora que estamos chupando, mi recuerdo de ella se parece a la viudez, pero no es para tanto hermano, no te pongas amargo, pareces argentino, espérate un momento, ya vengo, voy al baño, siempre que me pongo muy lúcido siento ganas de vomitar.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Bueno, te sigo palabreando. Una noche soñé que ella me hablaba en otros idiomas, te das cuenta pen­dejo, me hablaba en otros idiomas, ¿por qué soñé que me hablaba en otros idiomas? No lo sé, ya no me importa, pero pesado y amargo y borracho como es­taba, los huracanes de la liviandad me permitieron permanecer despierto y angustiado hasta el día si­guiente en que me levanté y fui a su casa mordido por perros imprevistos. Golpeé su puerta, su adorada puerta de madera vieja que yo había claveteado con rigor para que no le entrara el frío. Ella la entreabrió con el desasosiego triste de la complicidad, su rostro estaba lleno de pesadumbre (déjame decir pesadum­bre para que mi dolor sea menor), pero no, ¡qué va!, era cansancio, agotamiento, a ti no te puedo mentir, a nadie puedo mentir.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Sírvete la última cerveza. Patitas, ya van a cerrar, pero lo que viene merece la última bielita, bien, no es nada, no pasó nada, más bien dicho lo que pasó es nada. Solamente que al trasluz, en el intersticio que dejaba su pelo desordenado, pude divisar nítidamente la figura dorada y desnuda del alemán. Imagínate es­to: sus ojos espantados mirándome, y atrás, alum­brando la cama, el sol del alemán.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;El vómito me alcanzó en el patio de los geranios. De mis entrañas empezó a salir una masa negra y pe­sada, como de sangre coagulada y me vino a la cabe­za aquella imagen o palabra que vi o leí en alguna película o libro. El venado cuando se ve perdido se deja morir. No lucha. Le estalla el corazón. Solo eso. Le estalla el corazón.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Eso me habría pasado a mí Patitas, si en la esquina no me encuentro con el flaco Encalada que traía mi maletín de fútbol en la mano. "Te he estado buscan­do por todas partes", me dijo, "ahora es la final del campeonato y tu mamá me sugirió que te buscara donde la vieja".&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Fue el día en que ganamos cinco a cero al equipo de la Belisario.&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Yo hice cuatro goles.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-3254352314068397796?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/3254352314068397796/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/solo-cenizas-hallaras-de-raul-perez.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3254352314068397796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3254352314068397796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/solo-cenizas-hallaras-de-raul-perez.html' title='Sólo cenizas hallarás de Raúl Pérez Torres'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sx0vS-KnQnI/AAAAAAAAA2Q/4HNvQne8-H4/s72-c/siglo_de_cenizas_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7844973246313272085</id><published>2009-12-07T07:44:00.000-08:00</published><updated>2009-12-07T08:17:18.656-08:00</updated><title type='text'>Tutoría  virtual del mes de diciembre</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sx0qPeIgymI/AAAAAAAAA2A/pKfVHwFiZd4/s1600-h/piruleta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 208px; height: 278px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sx0qPeIgymI/AAAAAAAAA2A/pKfVHwFiZd4/s320/piruleta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412528772444375650" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Locos, felices fiestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);"&gt;Por motivos ya conversados, les dejo el siguiente desafío para que lo trabajen hasta la última semana del mes de diciembre porque habrá una postrera consigna para enero, para quien desee tomarla. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="color: rgb(51, 51, 51);"&gt;Se escribe sobre lo que no se tiene, no se ha tenido y no se podrá tener"&lt;/span&gt;,&lt;/span&gt; dice Vargas Llosa.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0); font-weight: bold;"&gt; Quisiera que elaboren un relato de amor no correspondido. Esta vez, necesito un mayor trabajo en el diseño de personajes ( en lo físico, lo psicológico y lo sociológico) a más de  diálogos. Recueden que deben mostrar acciones, no decirlas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Les copio dos micros de Ana María Shúa como bocadillo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: left; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,Times,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;La&lt;span style="font-size:100%;"&gt; mujer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left; font-weight: bold;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman,Times,serif;font-size:130%;"  &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Un hombre  sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los  perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se  eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y  al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que  jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y  el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-weight: bold;"&gt;Filtro de amor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span&gt;Para hacerse  querer, machacar en un mortero de plomo diez ojos de murciélago y una cabeza de  mamba fresca hasta redu­cirlas a una pasta. Incorporar lentamente quince  dientes de ajo crudo y disolver en bencina. Cuando la persona amada beba este  filtro le crecerá¡ de inmediato el labio superior hasta colgar por debajo de la  barbilla, sus ojos perderán color, adquiriendo un aspecto protuberante, la  nariz se le achatará a la manera de los cerdos, la columna vertebral, combada,  formará una joroba, las articulaciones de las manos le quedarán ríidas y  deformes, se le ennegrecerán los dientes y se enamorará perdidamente de  usted.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman,Times,serif;font-size:85%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7844973246313272085?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7844973246313272085/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/tutoria-virtual-del-mes-de-diciembre.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7844973246313272085'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7844973246313272085'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/12/tutoria-virtual-del-mes-de-diciembre.html' title='Tutoría  virtual del mes de diciembre'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sx0qPeIgymI/AAAAAAAAA2A/pKfVHwFiZd4/s72-c/piruleta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7137138094645123087</id><published>2009-11-24T17:45:00.000-08:00</published><updated>2009-11-24T17:59:05.607-08:00</updated><title type='text'>El coco de Stephen King</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwyPSWSSk3I/AAAAAAAAA1c/fWS8Cuu8uf0/s1600/l_silla-paseo-mutsy-gama-transporter-cuco-transporter-black-negro-mutsy_1247232208.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407854797947835250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwyPSWSSk3I/AAAAAAAAA1c/fWS8Cuu8uf0/s320/l_silla-paseo-mutsy-gama-transporter-cuco-transporter-black-negro-mutsy_1247232208.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;strong&gt;Ya hemos escuchado hablar mucho de este mounstruo de la literatura de terror, ahora leeremos un texto de uno de sus primeros libros de cuentos. Espero su respuesta. Mis verguenzas y cariños&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Recurro a usted porque quiero contarle mi historia –dijo el hombre acostado sobre el diván del doctor Harper.&lt;br /&gt;El hombre era Lester Billings, de Waterbury, Connecticut. Según la ficha de la enfermera Vickers, tenía veintiocho años, trabajaba para una empresa industrial de Nueva York, estaba divorciado, y había tenido tres hijos. Todos muertos.&lt;br /&gt;—No puedo recurrir a un cura porque no soy católico. No puedo recurrir a un abogado porque no he hecho nada que deba consultar con él. Lo único que hice fue matar a mis hijos. De uno en uno. Los maté a todos.&lt;br /&gt;El doctor Harper puso en marcha el magnetófono.&lt;br /&gt;Billings estaba duro como una estaca sobre el diván, sin darle un ápice de sí. Sus pies sobresalían, rígidos, por el extremo. Era la imagen de un hombre que se sometía a una humillación necesaria. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho, como un cadáver. Sus facciones se mantenían escrupulosamente compuestas. Miraba el simple cielo raso, blanco, de paneles, como si por su superficie desfilaran escenas e imágenes.&lt;br /&gt;—Quiere decir que los mató realmente, o...&lt;br /&gt;—No. –Un movimiento impaciente de la mano—. Pero fui el responsable. Denny en 1967. Shirl en 1971. Y Andy este año. Quiero contárselo.&lt;br /&gt;El doctor Harper no dio nada. Le pareció que Billings tenía un aspecto demacrado y envejecido. Su cabello raleaba, su tez estaba pálida. Sus ojos encerraban todos los secretos miserables del whisky.&lt;br /&gt;—Fueron asesinados, ¿entiende? Pero nadie lo cree. Si lo creyeran, todo se arreglaría.&lt;br /&gt;—¿Por qué?&lt;br /&gt;—Porque...&lt;br /&gt;Billings se interrumpió y se irguió bruscamente sobre los codos, mirando hacia el otro extremo de la habitación.&lt;br /&gt;—¿Qué es eso? –bramó. Sus ojos se habían entrecerrado, reduciéndose a dos tajos oscuros.&lt;br /&gt;—¿Qué es qué?&lt;br /&gt;—Esa puerta.&lt;br /&gt;—El armario empotrado –respondió el doctor Harper—. Donde cuelgo mi abrigo y dejo mis chanclos.&lt;br /&gt;—Ábralo. Quiero ver lo que hay dentro.&lt;br /&gt;El doctor Harper se levantó en silencio, atravesó la habitación y abrió la puerta. Dentro, una gabardina marrón colgaba de una de las cuatro o cinco perchas. Abajo habían un par de chanclos relucientes. Dentro de uno de ellos había un ejemplar cuidadosamente doblado del New York Times. Eso era todo.&lt;br /&gt;—¿Conforme? –preguntó el doctor Harper.&lt;br /&gt;—Sí. –Billings dejó de apoyarse sobre los codos y volvió a la posición anterior.&lt;br /&gt;—Decía –manifestó el doctor Harper mientras volvía a su silla—, que si se pudiera probar el asesinato de sus tres hijos, todos sus problemas se solucionarían. ¿Por qué?&lt;br /&gt;—Me mandarían a la cárcel –explicó Billings inmediatamente—. Para toda la vida. Y en una cárcel uno puede ver lo que hay dentro de todas las habitaciones. Todas las habitaciones. –Sonrió a la nada.&lt;br /&gt;—¿Cómo fueron asesinados sus hijos?&lt;br /&gt;—¡No trate de arrancármelo por la fuerza!&lt;br /&gt;Billings se volvió y miró a Harper con expresión aviesa.&lt;br /&gt;—Se lo diré, no se preocupe. No soy uno de sus chalados que se pasean por el mundo y pretenden ser Napoleón o que justifican haberse aficionado a la heroína porque la madre no los quería. Sé que no me creerá. No me interesa. No importa. Me bastará con contárselo.&lt;br /&gt;—Muy bien. –El doctor Harper extrajo su pipa.&lt;br /&gt;—Me casé con Rita en 1965... Yo tenía veintiún años y ella dieciocho. Estaba embarazada. Ese hijo fue Denny. –Sus labios se contorsionaron para formar una sonrisa gomosa, grotesca, que desapareció en un abrir y cerrar de ojos—. Tuve que dejar la Universidad y buscar empleo, pero no me importó. Los amaba a los dos. Éramos muy felices. Rita volvió a quedar embarazada poco después del nacimiento de Denny, y Shirl vino al mundo en diciembre de 1966. Andy nació en el verano de 1969, cuando Denny ya había muerto. Andy fue un accidente. Eso dijo Rita. Aseguró que a veces los anticonceptivos fallan. Yo sospecho que fue más que un accidente. Los hijos atan al hombre, usted sabe. Eso les gusta a las mujeres, sobre todo cuando el hombre es más inteligente que ellas. ¿No le parece?&lt;br /&gt;Harper emitió un gruñido neutro.&lt;br /&gt;—Pero no importa. A pesar de todo los quería. –Lo dijo con tono casi vengativo, como si hubiera amado a los niños para castigar a su esposa.&lt;br /&gt;—¿Quién mató a los niños? –preguntó Harper.&lt;br /&gt;—El coco –respondió inmediatamente Lester Billings—. El coco los mató a todos. Sencillamente, salió del armario y los mató. –Se volvió y sonrió—. Claro, usted cree que estoy loco. Lo leo en su cara. Pero no me importa. Lo único que deseo es desahogarme e irme.&lt;br /&gt;—Le escucho –dijo Harper.&lt;br /&gt;—Todo comenzó cuando Denny tenía casi dos años y Shirl era apenas un bebé. Denny empezó a llorar cuando Rita lo tenía en la cama. Verá, teníamos un apartamento de dos dormitorios. Shirl dormía en una cuna, en nuestra habitación. Al principio pensé que Denny lloraba porque ya no podía llevarse el biberón a la cama. Rita dijo que no nos obstináramos, que tuviéramos paciencia, que le diéramos el biberón y que él ya lo dejaría solo. Pero así es como los chicos se echan a perder. Si eres tolerante con ellos los malcrías. Después te hacen sufrir. Se dedican a violar chicas, sabe, o empiezan a drogarse. O se hacen maricas. ¿Se imagina lo horrible que es despertar una mañana y descubrir que su chico, su hijo varón, es marica?&lt;br /&gt;&gt;&gt;Sin embargo, después de un tiempo, cuando vimos que no se acostumbraba, empecé a acostarle yo mismo. Y si no dejaba de llorar le daba una palmada. Entonces Rita dijo que repetía a cada rato "luz, luz". Bueno, no sé. ¿Quién entiende lo que dicen los niños tan pequeños? Sólo las madres lo saben.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Rita quiso instalarle una lámpara de noche. Uno de esos artefactos que se adosan a la pared con la figura del Ratón Mikey o de Huckleberry Hound o de lo que sea. No se lo permití. Si un niño no le pierde el miedo a la oscuridad cuando es pequeño, nunca se acostumbrará a ella.&lt;br /&gt;&gt;&gt;De todos modos, murió el verano que siguió al nacimiento de Shirl. Esa noche lo metí en la cama y empezó a llorar en seguida. Esta vez entendí lo que decía. Señaló directamente el armario cuando lo dijo. "El coco –gritó—. El coco, papá."&lt;br /&gt;&gt;&gt;Apagué la luz y salí de la habitación y le pregunté a Rita por qué le había enseñado esa palabra al niño. Sentí deseos de pegarle un par de bofetadas, pero me contuve. Juró que nunca se la había enseñado. La acusé de ser una condenada embustera.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Verá, ése fue un mal verano para mí. Sólo conseguí que me emplearan para cargar camiones de &lt;&lt;pepsi–cola&gt;&gt; en un almacén, y estaba siempre cansado. Shirl se despertaba y lloraba todas las noches y Rita la tomaba en brazos y gimoteaba. Le aseguro que a veces tenía ganas de arrojarlas a las dos por la ventana. Jesús, a veces los mocosos te hacen perder la chaveta. Podrías matarlos.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Bien, el niño me despertó a las tres de la mañana, puntualmente. Fui al baño, medio dormido, sabe, y Rita me preguntó si había ido a ver a Denny. Le contesté que lo hiciera ella y volví a acostarme. Estaba casi dormido cuando Rita empezó a gritar.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Me levanté y entré en la habitación. El crío estaba acostado boca arriba, muerto. Blanco como la harina excepto donde la sangre se había..., se había acumulado, por efecto de la gravedad. La parte posterior de las piernas, la cabeza, las... eh... las nalgas. Tenía los ojos abiertos. Eso era lo peor, sabe. Muy dilatados y vidriosos, como los de las cabezas de alce que algunos tipos cuelgan sobre la repisa. Como en las fotos de esos chinitos de Vietnam. Pero un crío norteamericano no debería tener esa expresión. Muerto boca arriba. Con pañales y pantaloncitos de goma porque durante las últimas dos semanas había vuelto a orinarse encima. Qué espanto. Yo amaba a ese niño.&lt;br /&gt;Billings meneó la cabeza lentamente y después volvió a ostentar la misma sonrisa gomosa, grotesca.&lt;br /&gt;—Rita chillaba hasta desgañitarse. Trató de alzar a Denny y mecerlo, pero no se lo permití. A la poli no le gusta que uno toque las evidencias. Lo sé...&lt;br /&gt;—¿Supo entonces que había sido el coco? –preguntó Harper apaciblemente.&lt;br /&gt;—Oh, no. Entonces no. Pero vi algo. En ese momento no le di importancia, pero mi mente lo archivó.&lt;br /&gt;—¿Qué fue?&lt;br /&gt;—La puerta del armario estaba abierta. No mucho. Apenas una rendija. Pero verá, yo sabía que la había dejado cerrada. Dentro había bolsas de plástico. Un crío se pone a jugar con una de ellas y adiós. Se asfixia. ¿Lo sabía?&lt;br /&gt;—Sí. ¿Qué sucedió después?&lt;br /&gt;Billings se encogió de hombros.&lt;br /&gt;—Lo enterramos. –Miró con morbosidad sus manos, que habían arrojado tierra sobre tres pequeños ataúdes.&lt;br /&gt;—¿Hubo una investigación?&lt;br /&gt;—Claro que sí. –Los ojos de Billings centellearon con un brillo sardónico—. Vino un jodido matasanos con un estetoscopio y un maletín negro lleno de chicles y una zamarra robada de alguna escuela veterinaria. ¡Colapso en la cuna, fue el diagnóstico! ¿Ha oído alguna vez semejante disparate? ¡El crío tenía tres años!&lt;br /&gt;—El colapso en la cuna es muy común durante el primer año de vida –explicó Harper puntillosamente—, pero el diagnóstico ha aparecido en los certificados de defunción de niños de hasta cinco años, a falta de otro mejor...&lt;br /&gt;—¡Mierda! –espetó Billings violentamente.&lt;br /&gt;Harper volvió a encender su pipa.&lt;br /&gt;—Un mes después del funeral instalamos a Shirl en la antigua habitación de Denny. Rita se resistió con uñas y dientes, pero yo dije la última palabra. Me dolió, por supuesto. Jesús, me encantaba tener a la mocosa con nosotros. Pero no hay que sobreproteger a los niños, pues en tal caso se convierten en lisiados. Cuando yo era niño mi madre me llevaba a la playa y después se ponía ronca gritando: &lt;&lt;¡No te internes tanto! ¡No te metas allí! ¡Hay corrientes submarinas! ¡Has comido hace una hora! ¡No te zambullas de cabeza!&gt;&gt; Le juro por Dios que incluso me decía que me cuidara de los tiburones. ¿Y cuál fue el resultado? Que ahora ni siquiera soy capaz de acercarme al agua. Es verdad. Si me arrimo a una playa me atacan los calambres. Cuando Denny vivía, Rita consiguió que la llevase una vez con los niños a Savin Rock. Se me descompuso el estómago. Lo sé, ¿entiende? No hay que sobreproteger a los niños. Y uno tampoco debe ser complaciente consigo mismo. La vida continúa. Shirl pasó directamente a la cuna de Denny. Claro que arrojamos el colchón viejo a la basura. No quería que mi pequeña se llenara de microbios.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Así transcurrió un año. Y una noche, cuando estoy metiendo a Shirl en su cuna, empieza a aullar y chillar y llorar. "¡El coco, papá, el coco!"&lt;br /&gt;&gt;&gt;Eso me sobresaltó. Decía lo mismo que Denny. Y empecé a recordar la puerta del armario, apenas entreabierta cuando lo encontramos. Quise llevarla por esa noche a nuestra habitación.&lt;br /&gt;—¿Y la llevó?&lt;br /&gt;—No. –Billings se miró las manos y las facciones se convulsionaron—. ¿Cómo podía confesarle a Rita que me había equivocado? Tenía que ser fuerte. Ella había sido siempre una marioneta..., recuerde con cuánta facilidad se acostó conmigo cuando aún no estábamos casados.&lt;br /&gt;—Por otro lado –dijo Harper—, recuerde con cuánta facilidad usted se acostó con ella.&lt;br /&gt;Billings, que estaba cambiando la posición de sus manos, se puso rígido y volvió lentamente la cabeza para mirar a Harper.&lt;br /&gt;—¿Pretende tomarme el pelo?&lt;br /&gt;—Claro que no –respondió Harper.&lt;br /&gt;—Entonces deje que lo cuente a mi manera –espetó Billings—. Estoy aquí para desahogarme. Para contar mi historia. No hablaré de mi vida sexual, si eso es lo que usted espera. Rita y yo hemos tenido una vida sexual muy normal, sin perversiones. Sé que a algunas personas les excita hablar de eso, pero no soy una de ellas.&lt;br /&gt;—De acuerdo –asintió Harper.&lt;br /&gt;—De acuerdo –repitió Billings, con ofuscada arrogancia. Parecía haber perdido el hilo de sus pensamientos, y sus ojos se desviaron, inquietos, hacia la puerta del armario, que estaba herméticamente cerrada.&lt;br /&gt;—¿Prefiere que la abra? –preguntó Harper.&lt;br /&gt;—¡No! –se apresuró a exclamar Billings. Lanzó una risita nerviosa—. ¿Qué interés podría tener en ver sus chanclos?&lt;br /&gt;Y después de una pausa, dijo:&lt;br /&gt;—El coco la mató también a ella. –Se frotó la frente, como si fuera ordenando sus recuerdos—. Un mes más tarde. Pero antes sucedió algo más. Una noche oí un ruido ahí dentro. Y después Shirl gritó. Abrí muy rápidamente la puerta... la luz del pasillo estaba encendida... y... ella estaba sentada en la cuna, llorando, y... algo se movió. En las sombras, junto al armario. Algo se deslizó.&lt;br /&gt;—¿La puerta del armario estaba abierta?&lt;br /&gt;—Un poco. Sólo una rendija. –Billings se humedeció los labios—. Shirl hablaba a gritos del coco. Y dijo algo más que sonó como &lt;&lt;garras&gt;&gt;. Sólo que ella dijo &lt;&lt;galas&gt;&gt;, sabe. A los niños les resulta difícil pronunciar la &lt;&lt;erre&gt;&gt;. Rita vino corriendo y preguntó qué sucedía. Le contesté que la habían asustado las sombras de las ramas que se movían en el techo.&lt;br /&gt;—¿Galochas? –preguntó Harper.&lt;br /&gt;—¿Eh?&lt;br /&gt;—Galas... galochas. Son una especie de chanclos. Quizás había visto las galochas en el armario y se refería a eso.&lt;br /&gt;—Quizá –murmuró Billings—. Quizá se refería a eso. Pero yo no lo creo. Me pareció que decía &lt;&lt;garras&gt;&gt;. –Sus ojos empezaron a buscar otra vez la puerta del armario—. Garras, largas garras –su voz se había reducido a un susurro.&lt;br /&gt;—¿Miró dentro del armario?&lt;br /&gt;—S-sí. –Las manos de Billings estaban fuertemente entrelazadas sobre su pecho, tan fuertemente que se veía una luna blanca en cada nudillo.&lt;br /&gt;—¿Había algo dentro? ¿Vio al...?&lt;br /&gt;—¡No vi nada! –chilló Billings de súbito. Y las palabras brotaron atropelladamente, como si hubieran arrancado un corcho negro del fondo de su alma—. Cuando murió la encontré yo, verá. Y estaba negra. Completamente negra. Se había tragado la lengua y estaba negra como una negra de un espectáculo de negros, y me miraba fijamente. Sus ojos parecían los de un animal embalsamado: muy brillantes y espantosos, como canicas vivas, como si estuvieran diciendo &lt;&lt;me&gt;&gt;.&lt;br /&gt;Su voz se apagó gradualmente. Un solo lagrimón silencioso se deslizó por su mejilla.&lt;br /&gt;—Fue una convulsión cerebral, ¿sabe? A veces les sucede a los niños. Una mala señal del cerebro. Le practicaron la autopsia en Hartford y nos dijeron que se había asfixiado al tragarse la lengua durante una convulsión. Y yo tuve que volver solo a casa porque Rita se quedó allí, bajo el efecto de los sedantes. Estaba fuera de sí. Tuve que volver solo a casa, y sé que a un crío no le atacan las convulsiones por una alteración cerebral. Las convulsiones pueden ser el producto de un susto. Y yo tuve que volver solo a la casa donde estaba eso. Dormí en el sofá –susurró—. Con la luz encendida.&lt;br /&gt;—¿Sucedió algo?&lt;br /&gt;—Tuve un sueño –contestó Billings—. Estaba en una habitación oscura y había algo que yo no podía..., no podía ver bien. Estaba en el armario. Hacía un ruido..., un ruido viscoso. Me recordaba un comic que había leído en mi infancia. Cuentos de la cripta. ¿Lo conoce? ¡Jesús! Había un personaje llamado Graham Ingles, capaz de invocar a los monstruos más abominables del mundo... y a algunos de otros mundos. De todos modos, en este relato una mujer ahogaba a su marido, ¿entiende? Le ataba unos bloques de cemento a los pies y lo arrojaba a una cantera inundada. Pero él volvía. Estaba totalmente podrido y de color negro verdoso y los peces le habían devorado un ojo y tenía algas enredadas en el pelo. Volvía y la mataba. Y cuando me desperté en mitad de la noche, pensé que lo encontraría inclinándose sobre mí. Con garras... largas garras...&lt;br /&gt;El doctor Harper consultó su reloj digital embutido en su mesa. Lester Billings estaba hablando desde hacía casi media hora.&lt;br /&gt;—Cuando su esposa volvió a casa –dijo—, ¿cuál fue su actitud respecto a usted?&lt;br /&gt;—Aún me amaba –respondió Billings orgullosamente—. Seguía siendo una mujer sumisa. Ése es el deber de la esposa, ¿no le parece? La liberación femenina sólo sirve para aumentar el número de chalados. Lo más importante es que cada cual sepa ocupar su lugar... Su... su... eh...&lt;br /&gt;—¿Su sitio en la vida?&lt;br /&gt;—¡Eso es! –Billings hizo chasquear los dedos—. Y la mujer debe seguir al marido. Oh, durante los primeros cuatro o cinco meses que siguieron a la desgracia estuvo bastante mustia..., arrastraba los pies por la casa, no cantaba, no veía la TV, no reía. Yo sabía que se sobrepondría. Cuando los niños son tan pequeños, uno no llega a encariñarse tanto. Después de un tiempo hay que mirar su foto para recordar cómo eran, exactamente.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Quería otro bebé –agregó, con tono lúgubre—. Le dije que era una mala idea. Oh, no de forma definitiva, sino por un tiempo. Le dije que era hora de que nos conformáramos y empezáramos a disfrutar el uno del otro. Antes nunca habíamos tenido la oportunidad de hacerlo. Si queríamos ir al cine, teníamos que buscar una babysitter. No podíamos ir a la ciudad a ver un partido de fútbol si los padres de ella no aceptaban cuidar a los críos, porque mi madre no quería tener tratos con nosotros. Denny había nacido demasiado poco tiempo después de que nos casamos, ¿entiende? Mi madre dijo que Rita era una zorra, una vulgar trotacalles. ¿Qué le parece? Una vez me hizo sentar y me recitó la lista de las enfermedades que podía pescarme si me acostaba con una tro... con una prostituta. Me explicó cómo un día aparecía una llaguita en la ver... en el pene, y al día siguiente se estaba pudriendo. Ni siquiera aceptó venir a la boda.&lt;br /&gt;Billings tamborileó con los dedos sobre su pecho.&lt;br /&gt;—El ginecólogo de Rita le vendió un chisme llamado DIU... dispositivo intrauterino. Absolutamente seguro, dijo el médico. Bastaba insertarlo en el..., en el aparato femenino, y listo. Si hay algo allí, el óvulo no se fecunda. Ni siquiera se nota. –Ni siquiera sabes que está allí. Y al año siguiente volvió a quedar embarazada. Vaya seguridad absoluta.&lt;br /&gt;—Ningún método anticonceptivo es perfecto –explicó Harper—. La píldora sólo lo es en el noventa y ocho por ciento de los casos. El DIU puede ser expulsado por contracciones musculares, por un fuerte flujo menstrual y, en casos excepcionales, durante la evacuación.&lt;br /&gt;—Sí. O la mujer se lo puede quitar.&lt;br /&gt;—Es posible.&lt;br /&gt;—¿Y entonces qué? Empieza a tejer prendas de bebé, canta bajo la ducha, y come encurtidos como una loca. Se sienta sobre mis rodillas y dice que debe ser la voluntad de Dios. Mierda.&lt;br /&gt;—¿El bebé nació al finalizar el año que siguió a la muerte de Shirl?&lt;br /&gt;—Exactamente. Un varón. Le llamó Andrew Lester Billings. Yo no quise tener nada que ver con él, por lo menos al principio. Decidí que puesto que ella había armado el jaleo, tenía que apañárselas sola. Sé que esto puede parecer brutal, pero no olvide cuánto había sufrido yo.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Sin embargo terminé por cobrarle cariño, sabe. Para empezar, era el único de la camada que se parecía a mí. Denny guardaba parecido con su madre, y Shirley no se había parecido a nadie, excepto tal vez a la abuela Ann. Pero Andy era idéntico a mí.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Cuando volvía de trabajar iba a jugar con él. Me cogía sólo el dedo y sonreía y gorgoteaba. A las nueve semanas ya sonreía como su papá. ¿Cree lo que le estoy contando?&lt;br /&gt;&gt;&gt;Y una noche, hete aquí que salgo de una tienda con un móvil para colgar sobre la cuna del crío. ¡Yo! Yo siempre he pensado que los críos no valoran los regalos hasta que tienen edad suficiente para dar las gracias. Pero ahí estaba yo, comprándole un chisme ridículo, y de pronto me di cuenta de que lo quería más que a nadie. Ya había conseguido un nuevo empleo, muy bueno: vendía taladros de la firma &lt;&lt;cluett&gt;&gt;. Había prosperado mucho y cuando Andy cumplió un año nos mudamos a Waterbury. La vieja casa tenía demasiados malos recuerdos.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Y demasiados armarios.&lt;br /&gt;&gt;&gt;El año siguiente fue el mejor para nosotros. Daría todos los dedos de la mano derecha por poder vivirlo de nuevo. Oh, aún había guerra en Vietnam, y los hippies seguían paseándose desnudos, y los negros vociferaban mucho, pero nada de eso nos afectaba. Vivíamos en una calle tranquila, con buenos vecinos. Éramos felices –resumió sencillamente—. Un día le pregunté a Rita si no estaba preocupada. Usted sabe, dicen que no hay dos sin tres. Contestó que eso no se aplicaba a nosotros. Que Andy era distinto, que Dios lo había rodeado con un círculo mágico.&lt;br /&gt;Billings miró el techo con expresión morbosa.&lt;br /&gt;—El año pasado no fue tan bueno. Algo cambió en la casa. Empecé a dejar los chanclos en el vestíbulo porque ya no me gustaba abrir la puerta del armario. Pensaba constantemente: ¿Y qué harás si está ahí dentro, agazapado y listo para abalanzarse apenas abras la puerta? Y empecé a imaginar que oía ruidos extraños, como si algo negro y verde y húmedo se estuviera moviendo apenas, ahí dentro.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Rita me preguntaba si no trabajaba demasiado, y empecé a insultarla como antes. Me revolvía el estómago dejarlos solos para ir a trabajar, pero al mismo tiempo me alegraba salir. Que Dios me ayude, me alegraba salir. Verá, empecé a pensar que nos había perdido durante un tiempo cuando nos mudamos. Había tenido que buscarnos, deslizándose por las calles durante la noche y quizá reptando por las alcantarillas. Olfateando nuestro rastro. Necesitó un año, pero nos encontró. Ha vuelto, me dije. Le apetece Andy y le apetezco yo. Empecé a sospechar que quizá si piensas mucho tiempo en algo, y crees que existe, termina por corporizarse. Quizá todos los monstruos con los que nos asustaban cuando éramos niños, Frankenstein y el Hombre Lobo y la Momia, existían realmente. Existían en la medida suficiente para matar a los niños que aparentemente habían caído en un abismo o se habían ahogado en un lago o tan sólo habían desaparecido. Quizá...&lt;br /&gt;—¿Se está evadiendo de algo, señor Billings?&lt;br /&gt;Billings permaneció un largo rato callado. En el reloj digital pasaron dos minutos. Por fin dijo bruscamente:&lt;br /&gt;—Andy murió en febrero. Rita no estaba en casa. Había recibido una llamada de su padre. Su madre había sufrido un accidente de coche un día después de Año Nuevo y creían que no se salvaría. Esa misma noche Rita cogió el autobús.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Su madre no murió, pero estuvo mucho tiempo, dos meses, en la lista de pacientes graves. Yo tenía una niñera excelente que estaba con Andy durante el día. Pero por la noche nos quedábamos solos. Y las puertas de los armarios porfiaban en abrirse.&lt;br /&gt;Billings se humedeció los labios.&lt;br /&gt;—El niño dormía en la misma habitación que yo. Es curioso, además. Una vez, cuando cumplió dos años, Rita me preguntó si quería instalarlo en otro dormitorio. Spock u otro de esos charlatanes sostiene que es malo que los niños duerman con los padres, ¿entiende? Se supone que eso les produce traumas sexuales o algo parecido. Pero nosotros sólo lo hacíamos cuando el crío dormía. Y no quería mudarlo. Tenía miedo, despue´s de lo que les había pasado a Denny y a Shirl.&lt;br /&gt;—¿Pero lo mudó, verdad? –preguntó el doctor Harper.&lt;br /&gt;—Sí –respondió Billings. En sus facciones apareció una sonrisa enfermiza y amarilla—. Lo mudé.&lt;br /&gt;Otra pausa. Billings hizo un esfuerzo por proseguir. —¡Tuve que hacerlo! –espetó por fin—. ¡Tuve que hacerlo! Todo había andado bien mientras Rita estaba en la casa, pero cuando ella se fue, eso empezó a envalentonarse. Empezó a... –Giró los ojos hacia Harper y mostró los dientes con una sonrisa feroz—. Oh, no me creerá. Sé qué es lo que piensa. No soy más que otro loco de su fichero. Lo sé. Pero usted no estaba allí, maldito fisgón.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Una noche todas las puertas de la casa se abrieron de par en par. Una mañana, al levantarme, encontré un rastro de cieno e inmundicia en el vestíbulo, entre el armario de los abrigos y la puerta principal. ¿Eso salía? ¿O entraba? ¡No lo sé! ¡Juro ante Dios que no lo sé! Los discos aparecían totalmente rayados y cubiertos de limo, los espejos se rompían... y los ruidos... los ruidos...&lt;br /&gt;Se pasó la mano por el cabello.&lt;br /&gt;—Me despertaba a las tres de la mañana y miraba la oscuridad y al principio me decía: &lt;&lt;es&gt;&gt; Pero por debajo del tic-tac oía que algo se movía sigilosamente. Pero no con demasiado sigilo, porque quería que yo lo oyera. Era un deslizamiento pegajoso, como el de algo salido del fregadero de la cocina. O un chasquido seco, como el de garras que se arrastraran suavemente sobre la baranda de la escalera. Y cerraba los ojos, pensando que si oírlo era espantoso, verlo sería...&lt;br /&gt;&gt;&gt;Y siempre temía que los ruidos se interrumpieran fugazmente, y que luego estallara una risa sobre mi cara, y una bocanada de aire con olor a coles rancias. Y que unas manos se cerraran sobre mi cuello.&lt;br /&gt;Billings estaba pálido y tembloroso.&lt;br /&gt;—De modo que lo mudé. Verá, sabía que primero iría a buscarle a él. Porque era más débil. Y así fue. La primera vez chilló en mitad de la noche y finalmente, cuando reuní los cojones suficientes para entrar, lo encontré de pie en la cama y gritando: &lt;&lt;el&gt;&gt;&lt;br /&gt;La voz de Billings sonaba atiplada, como la de un niño. Sus ojos parecían llenar toda su cara. Casi dio la impresión de haberse encogido en el diván.&lt;br /&gt;—Pero no pude. –El tono atiplado infantil perduró—. No pude. Y una hora más tarde oí un alarido. Un alarido sobrecogedor, gorgoteante. Y me di cuenta de que le amaba mucho porque entré corriendo, sin siquiera encender la luz. Corrí, corrí, corrí, oh, Jesús María y José, le había atrapado. Le sacudía, le sacudía como un perro sacude un trapo y vi algo con unos repulsivos hombros encorvados y una cabeza de espantapájaros y sentí un olor parecido al que despide un ratón muerto en una botella de gaseosa y oí... –Su voz se apagó y después recobró el timbre de adulto—. Oí cómo se quebraba el cuello de Andy. –La voz de Billings sonó fría y muerta—. Fue un ruido semejante al del hielo que se quiebra cuando uno patina sobre un estanque en invierno.&lt;br /&gt;—¿Qué sucedió después?&lt;br /&gt;Oh, eché a correr –respondió Billings con la misma voz fría, muerta—. Fui a una cafetería que estaba abierta durante toda la noche. ¿Qué le parece esto, como prueba de cobardía? Me metí en una cafetería y bebí seis tazas de café. Después volví a casa. Ya amanecía. Llamé a la policía aun antes de subir al primer piso. Estaba tumbado en el suelo mirándome. Acusándome. Había perdido un poco de sangre por una oreja. Pero sólo una rendija.&lt;br /&gt;Se cayó. —Harper miró el reloj digital. Habían pasado cincuenta minutos.&lt;br /&gt;—Pídale una hora a la enfermera –dijo—. ¿Los martes y jueves?&lt;br /&gt;—Sólo he venido a contarle mi historia –respondió Billings—. Para desahogarme. Le mentí a la policía ¿sabe? Dije que probablemente el crío había tratado de bajar de la cuna por la noche y..., se lo tragaron. Claro que sí. Eso era lo que parecía. Un accidente, como los otros. Pero Rita comprendió la verdad. Rita... comprendió... finalmente.&lt;br /&gt;—Señor billings, tenemos que conversar mucho –manifestó el doctor Harper después de una pausa—. Cre que podremos eliminar parte de sus sentimientos de culpa, pero antes tendrá que desear realmente librarse de ellos.&lt;br /&gt;—¿Acaso piensa que no lo deseo? –exclamó Billings, apartando el antebrazo de sus ojos. Estaban rojos, irritados, doloridos.&lt;br /&gt;—Aún no –prosiguió Harper afablemente—. ¿Los martes y jueves?&lt;br /&gt;—Maldito curandero –masculló Billings después de un largo silencio—. Está bien. Está bien.&lt;br /&gt;—Pídale hora a la enfermera, señor Billings. Adiós.&lt;br /&gt;Billings soltó una risa hueca y salió rápidamente de la consulta, sin mirar atrás.&lt;br /&gt;La silla de la enfermera estaba vacía. Sobre el secante del escritorio había un cartelito que decía &lt;&lt;vuelvo&gt;&gt;.&lt;br /&gt;Billings se volvió y entró nuevamente en la consulta.&lt;br /&gt;—Doctor, su enfermera ha...&lt;br /&gt;Pero la puerta del armario estaba abierta. Sólo una pequeña rendija.&lt;br /&gt;—Qué lindo –dijo la voz desde el interior del armario—. Qué lindo.&lt;br /&gt;Las palabras sonaron como si hubieran sido articuladas por una boca llena de algas descompuestas.&lt;br /&gt;Billings se quedó paralizado donde estaba mientras la puerta del armario se abría. Tuvo una vaga sensación de tibieza en el bajo vientre cuando se orinó encima.&lt;br /&gt;—Qué lindo –dijo el coco mientras salía arrastrando los pies.&lt;br /&gt;Aún sostenía su máscara del doctor Harper en una mano podrida, de garras espatuladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del libro "El umbral de la noche" (Night Shift)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7137138094645123087?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7137138094645123087/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/el-coco-de-stephen-king.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7137138094645123087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7137138094645123087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/el-coco-de-stephen-king.html' title='El coco de Stephen King'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwyPSWSSk3I/AAAAAAAAA1c/fWS8Cuu8uf0/s72-c/l_silla-paseo-mutsy-gama-transporter-cuco-transporter-black-negro-mutsy_1247232208.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-8057955460564064169</id><published>2009-11-19T20:21:00.000-08:00</published><updated>2009-11-19T20:27:52.326-08:00</updated><title type='text'>Medium de Pío Baroja</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwYatU41k6I/AAAAAAAAA1U/R3u0vzQMnfU/s1600/Atritas_-_Medium_Antigod.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5406037768708395938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 319px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwYatU41k6I/AAAAAAAAA1U/R3u0vzQMnfU/s320/Atritas_-_Medium_Antigod.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;Del maestro español de la generación del 98, el terror es la perturbación creada por el lenguaje, piénsenlo mientras leen esta construccion verdaderamente inquietante. Buenas noches. Juaaaaaaaaaaaaa...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Soy un hombre intranquilo, nervioso, muy nervioso; pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. He analizado todo, he profundizado todo, y vivo intranquilo. ¿Por qué? No lo he sabido todavía.&lt;br /&gt;Desde hace tiempo duermo mucho, con un sueño sin ensueño; al menos, cuando me despierto, no recuerdo si he soñado; pero debo soñar; no comprendo por qué se me figura que debo soñar. A no ser que esté soñando ahora cuando hablo; pero duermo mucho; una prueba clara de que no estoy loco.&lt;br /&gt;La médula mía está vibrando siempre, y los ojos de mi espíritu no hacen más que contemplar una cosa desconocida, una cosa gris que se agita con ritmo al compás de las pulsaciones de las arterias en mi cerebro.&lt;br /&gt;Pero mi cerebro no piensa, y, sin embargo, está en tensión; podría pensar, pero no piensa... ¡Ah! ¿Os sonreís, dudáis de mi palabra? Pues bien, sí. Lo habéis adivinado. Hay un espíritu que vibra dentro de mi alma. Os lo contaré:&lt;br /&gt;Es hermosa la infancia, ¿verdad? Para mí, el tiempo más horroroso de la vida. Yo tenía, cuando era niño, un amigo; se llamaba Román Hudson; su padre era inglés, y su madre, española.&lt;br /&gt;Le conocí en el Instituto. Era un buen chico; sí, seguramente era un buen chico; muy amable, muy bueno; yo era huraño y brusco.&lt;br /&gt;A pesar de estas diferencias, llegamos a hacer amistades, y andábamos siempre juntos. Él era un buen estudiante, y yo, díscolo y desaplicado; pero como Román siempre fue un buen muchacho, no tuvo inconveniente en llevarme a su casa y enseñarme sus colecciones de sellos.&lt;br /&gt;La casa de Román era muy grande y estaba junto a la plaza de las Barcas, en una callejuela estrecha, cerca de una casa en donde se cometió un crimen, del cual se habló mucho en Valencia. No he dicho que pasé mi niñez en Valencia. La casa era triste, muy triste, todo lo triste que puede ser una casa, y tenía en la parte de atrás un huerto muy grande, con las paredes llenas de enredaderas de campanillas blancas y moradas.&lt;br /&gt;Mi amigo y yo jugábamos en el jardín, en el jardín de las enredaderas, y en un terrado ancho, con losas, que tenía sobre la cerca enormes tiestos de pitas.&lt;br /&gt;Un día se nos ocurrió a los dos hacer una expedición por los tejados y acercarnos a la casa del crimen, que nos atraía por su misterio. Cuando volvimos a la azotea, una muchacha nos dijo que la madre de Román nos llamaba.&lt;br /&gt;Bajamos del terrado y nos hicieron entrar en una sala grande y triste. Junto a un balcón estaban sentadas la madre y la hermana de mi amigo. La madre leía; la hija bordaba. No sé por qué, me dieron miedo.&lt;br /&gt;La madre con su voz severa, nos sermoneó por la correría nuestra, y luego comenzó a hacerme un sinnúmero de preguntas acerca de mi familia y de mis estudios. Mientras hablaba la madre, la hija sonreía; pero de una manera tan rara, tan rara...&lt;br /&gt;-Hay que estudiar -dijo, a modo de conclusión, la madre.&lt;br /&gt;Salimos del cuarto, me marché a casa y toda la tarde y toda la noche no hice más que pensar en las dos mujeres.&lt;br /&gt;Desde aquel día esquivé como pude el ir a casa de Román. Un día vi a su madre y a su hermana que salían de una iglesia, las dos enlutadas; y me miraron y sentí frío al verlas.&lt;br /&gt;Cuando concluimos el curso ya no veía a Román: estaba tranquilo: pero un día me avisaron de su casa, diciéndome que mi amigo estaba enfermo. Fui, y le encontré en la cama, llorando, y en voz baja me dijo que odiaba a su hermana. Sin embargo, la hermana, que se llamaba Ángeles, le cuidaba con esmero y le atendía con cariño; pero tenía una sonrisa tan rara, tan rara...&lt;br /&gt;Una vez, al agarrar de un brazo a Román, hizo una mueca de dolor.&lt;br /&gt;-¿Qué tienes? -le pregunté.&lt;br /&gt;Y me enseñó un cardenal inmenso, que rodeaba su brazo como un anillo.&lt;br /&gt;Luego, en voz baja, murmuró:&lt;br /&gt;-Ha sido mi hermana.&lt;br /&gt;-¡Ah! Ella...&lt;br /&gt;-No sabes la fuerza que tiene; rompe un cristal con los dedos, y hay una cosa más extraña: que mueve un objeto cualquiera de un lado a otro sin tocarlo.&lt;br /&gt;Días después me contó, temblando de terror, que a las doce de la noche, hacía ya cerca de una semana que sonaba la campanilla de la escalera, se abría la puerta y no se veía a nadie.&lt;br /&gt;Román y yo hicimos un gran número de pruebas. Nos apostábamos junto a la puerta..., llamaban..., abríamos..., nadie. Dejábamos la puerta entreabierta, para poder abrir en seguida... ; llamaban..., nadie.&lt;br /&gt;Por fin quitamos el llamador a la campanilla, y la campanilla sonó, sonó..., y los dos nos miramos estremecidos de terror.&lt;br /&gt;-Es mi hermana, mi hermana -dijo Román.&lt;br /&gt;Y, convencidos de esto, buscamos los dos amuletos por todas partes, y pusimos en su cuarto una herradura, un pentagrama y varias inscripciones triangulares con la palabra mágica: «Abracadabra.»&lt;br /&gt;Inútil, todo inútil; las cosas saltaban de sus sitios, y en las paredes se dibujaban sombras sin contornos y sin rostro.&lt;br /&gt;Román languidecía, y para distraerle, su madre le compró una hermosa máquina fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, y llevábamos la máquina en nuestras expediciones.&lt;br /&gt;Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas. En seguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.&lt;br /&gt;Dejamos a secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para sacar las positivas.&lt;br /&gt;Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos una palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído. Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados. Ángeles miró las fotografías y sonrió, sonrió. Esto era lo grave.&lt;br /&gt;Yo salí de la azotea y bajé las escaleras de la casa tropezando, cayéndome, y al llegar a la calle eché a correr, perseguido por el recuerdo de la sonrisa de Ángeles. Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, la vi en el fondo de la luna, sonriendo, sonriendo siempre.&lt;br /&gt;¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente!, porque los locos no duermen, y yo duermo... ¡Ah! ¿Creíais que yo no sabía esto? Los locos no duermen, y yo duermo. Desde que nací, todavía no he despertado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-8057955460564064169?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/8057955460564064169/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/medium-de-pio-baroja.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8057955460564064169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8057955460564064169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/medium-de-pio-baroja.html' title='Medium de Pío Baroja'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwYatU41k6I/AAAAAAAAA1U/R3u0vzQMnfU/s72-c/Atritas_-_Medium_Antigod.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-1710645205811612778</id><published>2009-11-18T04:47:00.000-08:00</published><updated>2009-11-18T05:15:18.310-08:00</updated><title type='text'>Mariposas por Samatha Schewlin</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwPysIPaWtI/AAAAAAAAA1M/7bQJ1ARs-lc/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405430817715018450" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 154px; CURSOR: hand; HEIGHT: 120px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwPysIPaWtI/AAAAAAAAA1M/7bQJ1ARs-lc/s320/images.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Siguiendo con el hilo conductor del terror y los universos perturbados, a continuación les presento, para su comentario el cuento Mariposa de la ya conocida Samantha Schewlin. Su estructura es bastante clásica y su final, revelador. Les recuerdo que deberán estar ya leyendo los cuentos de Poe: Él retrato oval, La caída de la casa Usher, el señor Baldemar y La máscara de la muerte roja.&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#990000;"&gt;Cuando haya novedades en sus blogs, o los hayan creado, por favor, notificarme y al resto de los compañeros. Buena semana. Habrá otro cuento, el viernes. Espero sus relatos de terror.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya vas a ver qué lindo vestido tiene hoy la mía, le dice Calderón a Gorriti, le queda tan bien con esos ojos almendrados, por el color, viste; y esos piecitos… Están junto al resto de los padres, esperan ansiosos la salida de sus hijos. Calderón habla pero Gorriti solo mira las puertas todavía cerradas. Vas a ver, dice Calderón, quédate acá, hay que quedarse cerca porque ya salen. ¿Y el tuyo como va? El otro hace un gesto de dolor y se señala los dientes. No me digas, dice Calderón ¿Y le hiciste el cuento de los ratones…? Ah no; con la mía no se puede, es demasiado inteligente. Gotorri mira al reloj. En cualquier momento se abren las puertas y los chicos salen disparados, riendo a gritos en un tumulto de colores, a veces manchados con tempera, o de chocolates. Pero por alguna razón, el timbre se retrasa. Los padres esperan. Una mariposa se posa en el brazo de Calderón, que se apura a atraparla. La mariposa lucha por escapar, pero el une sus alas y la sostiene de las puntas. Aprieta fuerte para que no se le escape. Vas a ver cuando la vea, le dice a Gorriti sacudiéndola, le va a encantar. Pero aprieta tanto que empieza a sentir que las puntas se empastan. Desliza los dedos hacia abajo y comprueba que la ha marcado. La mariposa intenta soltarse, se sacude y una de las alas se abre al medio como un papel. Calderón lo lamenta, intenta inmovilizarla para ver bien los daños, pero termina con quedarse con una parte del ala pegada a uno de sus dedos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gorriti lo mira con asco niega, le hace un gesto para que la tire. Calderón la suelta. La mariposa cae al piso. Se mueve con torpeza, intenta volar pero ya no puede. Al fin se queda quieta, sacude las alas, pero ya no intenta nada mas. Gurriti le dice que termine con eso de una vez y el, por el propio bien de la mariposa por supuesto, la pisa con firmeza. No alcanza a apartar el pie cuando advierte que algo extraño sucede. Mira hacia las puertas y entonces , como un viento repentino hubierse violado las cerraduras, las puertas se abren, y cientos de mariposas de todos los colores y tamaños se abalanzan sobre los padres que esperan. Piensa si irían a atacarlo, tal ves piensa que va a morir. Los otros padres no parecen asustarse; las mariposas solo revolotean entre ellos. Una ultima cruza rezagada y se une al resto. Calderon se queda mirando las puertas abiertas, y tras los vidrios del hall central, las salas silenciosas. Algunos padres todavía se amontonaban frente a las puertas gritan los nombre se sus hijos. Entonces las mariposas, todas ellas en pocos segúndos, se alejan volando en distintas direcciones.Los padres intentan atraparlas. Calderon, en cambio, permanece inmóvil.No se anima a apartar el pie de la que ha matado, teme, quizás, reconocer en las alas muertas los colores de la suya.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-1710645205811612778?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/1710645205811612778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/mariposas-por-samatha-schewlin.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1710645205811612778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1710645205811612778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/mariposas-por-samatha-schewlin.html' title='Mariposas por Samatha Schewlin'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SwPysIPaWtI/AAAAAAAAA1M/7bQJ1ARs-lc/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-4570896011245705996</id><published>2009-11-10T09:50:00.001-08:00</published><updated>2009-11-10T09:58:29.599-08:00</updated><title type='text'>La pata de mono de W. W. Jacobs</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SvmpX1R5S5I/AAAAAAAAA1E/tVofe2pMHhE/s1600-h/371748360_04f7d070cc_o.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5402535454911843218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 250px; CURSOR: hand; HEIGHT: 246px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SvmpX1R5S5I/AAAAAAAAA1E/tVofe2pMHhE/s320/371748360_04f7d070cc_o.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura del segundo módulo sobre el cuento clásico.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El relato que sigue a continuación fue incluido por Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo en su famosa Antología de la literatura fantástica. Jacobs (1863-1943), humorista inglés, (autor de Many Cargoes (1896); The Skipper's Wooing (1911); Sea Whispers (1926) ), fraguó esta historia donde la superstición pierde su carácter supuestamente grotesco o risible para convertirse en una fuerza real y poderosa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Tener en cuenta la construcción de los personajes, el manejo dosificado de los hechos y el final abierto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa, los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez; el primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.&lt;br /&gt;-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.&lt;br /&gt;-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.&lt;br /&gt;-No creo que venga esta noche -dijo el padre con la mano sobre el tablero.&lt;br /&gt;-Mate -contestó el hijo.&lt;br /&gt;-Esto es lo malo de vivir tan lejos -vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia-. De todos los suburbios, éste es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa.&lt;br /&gt;-No te aflijas, querido -dijo suavemente su mujer-, ganarás la próxima vez.&lt;br /&gt;El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.&lt;br /&gt;-Ahí viene -dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.&lt;br /&gt;Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.&lt;br /&gt;-El sargento-mayor Morris -dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.&lt;br /&gt;Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.&lt;br /&gt;-Hace veintiún años -dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo-. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.&lt;br /&gt;-No parece haberle sentado tan mal -dijo la señora White amablemente.&lt;br /&gt;-Me gustaría ir a la India -dijo el señor White-. Sólo para dar un vistazo.&lt;br /&gt;-Mejor quedarse aquí -replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.&lt;br /&gt;-Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas -dijo el señor White-. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?&lt;br /&gt;-Nada -contestó el soldado apresuradamente-. Nada que valga la pena oír.&lt;br /&gt;-¿Una pata de mono? -preguntó la señora White.&lt;br /&gt;-Bueno, es lo que se llama magia, tal vez -dijo con desgana el militar.&lt;br /&gt;Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero, llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.&lt;br /&gt;-A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular - dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.&lt;br /&gt;La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.&lt;br /&gt;-¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.&lt;br /&gt;-Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.&lt;br /&gt;Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.&lt;br /&gt;-Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.&lt;br /&gt;El sargento lo miró con tolerancia.&lt;br /&gt;-Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.&lt;br /&gt;-¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.&lt;br /&gt;-Se cumplieron -dijo el sargento.&lt;br /&gt;-¿Y nadie más pidió? -insistió la señora.&lt;br /&gt;-Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.&lt;br /&gt;Habló con tanta gravedad que produjo silencio.&lt;br /&gt;-Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda?&lt;br /&gt;El sargento sacudió la cabeza:&lt;br /&gt;-Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.&lt;br /&gt;-Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría?&lt;br /&gt;-No sé -contestó el otro-. No sé.&lt;br /&gt;Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.&lt;br /&gt;-Mejor que se queme - dijo con solemnidad el sargento.&lt;br /&gt;-Si usted no la quiere, Morris, démela.&lt;br /&gt;-No quiero -respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche las culpas de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.&lt;br /&gt;El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó:&lt;br /&gt;-¿Cómo se hace?&lt;br /&gt;-Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias.&lt;br /&gt;-Parece de las Mil y una noches -dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa-. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos?&lt;br /&gt;El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento.&lt;br /&gt;-Si está resuelto a pedir algo -dijo agarrando el brazo de White- pida algo razonable.&lt;br /&gt;El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.&lt;br /&gt;-Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros -dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa.&lt;br /&gt;-¿Le diste algo? -preguntó la señora mirando atentamente a su marido.&lt;br /&gt;-Una bagatela - contestó el señor White, ruborizándose levemente-. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán.&lt;br /&gt;-Sin duda -dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.&lt;br /&gt;El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.&lt;br /&gt;-No se me ocurre nada para pedirle -dijo con lentitud-. Me parece que tengo todo lo que deseo.&lt;br /&gt;-Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? - dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro-. Bastará con que pidas doscientas libras.&lt;br /&gt;El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.&lt;br /&gt;-Quiero doscientas libras -pronunció el señor White.&lt;br /&gt;Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él.&lt;br /&gt;-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-. Se retorció en mi mano como una víbora.&lt;br /&gt;-Pero yo no veo el dinero -observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa-. Apostaría que nunca lo veré.&lt;br /&gt;-Habrá sido tu imaginación, querido - dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.&lt;br /&gt;Sacudió la cabeza.&lt;br /&gt;-No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto.&lt;br /&gt;Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.&lt;br /&gt;-Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama -dijo Herbert al darles las buenas noches-. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.&lt;br /&gt;Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible.&lt;br /&gt;-Todos los viejos militares son iguales -dijo la señora White-. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte?&lt;br /&gt;-Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza - dijo Herbert.&lt;br /&gt;-Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias - dijo el padre.&lt;br /&gt;-Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta - dijo Herbert, levantándose de la mesa-. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte.&lt;br /&gt;La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido.&lt;br /&gt;Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes.&lt;br /&gt;-Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas - dijo al sentarse.&lt;br /&gt;- Sin duda -dijo el señor White-. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo.&lt;br /&gt;-Habrá sido en tu imaginación -dijo la señora suavemente.&lt;br /&gt;-Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era... ¿Qué sucede?&lt;br /&gt;Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar.&lt;br /&gt;Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla.&lt;br /&gt;Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio.&lt;br /&gt;-Vengo de parte de Maw &amp;amp; Meggins -dijo por fin.&lt;br /&gt;La señora White tuvo un sobresalto.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert?&lt;br /&gt;Su marido se interpuso.&lt;br /&gt;-Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor.&lt;br /&gt;Y lo miró patéticamente.&lt;br /&gt;-Lo siento... -empezó el otro.&lt;br /&gt;-¿Está herido? -preguntó, enloquecida, la madre.&lt;br /&gt;El hombre asintió.&lt;br /&gt;-Mal herido -dijo pausadamente-. Pero no sufre.&lt;br /&gt;- Gracias a Dios - dijo la señora White, juntando las manos-. Gracias a Dios.&lt;br /&gt;Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio.&lt;br /&gt;-Lo agarraron las máquinas - dijo en voz baja el visitante.&lt;br /&gt;- Lo agarraron las máquinas - repitió el señor White, aturdido.&lt;br /&gt;Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados.&lt;br /&gt;- Era el único que nos quedaba -le dijo al visitante-. Es duro.&lt;br /&gt;El otro se levantó y se acercó a la ventana.&lt;br /&gt;- La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida -dijo sin darse la vuelta-. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron.&lt;br /&gt;No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida.&lt;br /&gt;-Se me ha comisionado para declararles que Maw &amp;amp; Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente -prosiguió el otro-. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada.&lt;br /&gt;El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto?&lt;br /&gt;-Doscientas libras -fue la respuesta.&lt;br /&gt;Sin oír el grito de su mujer, el señor White sonrió levemente, extendió los brazos, como un ciego, y se desplomó, desmayado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;En el cementerio nuevo, a unas dos millas de distancia, marido y mujer dieron sepultura a su muerto y volvieron a la casa transidos de sombra y de silencio.&lt;br /&gt;Todo pasó tan pronto que al principio casi no lo entendieron y quedaron esperando alguna otra cosa que les aliviara el dolor. Pero los días pasaron y la expectativa se transformó en resignación, esa desesperada resignación de los viejos, que algunos llaman apatía. Pocas veces hablaban, porque no tenían nada que decirse; sus días eran interminables hasta el cansancio.&lt;br /&gt;Una semana después, el señor White, despertándose bruscamente en la noche, estiró la mano y se encontró solo.&lt;br /&gt;El cuarto estaba a oscuras; oyó cerca de la ventana, un llanto contenido. Se incorporó en la cama para escuchar.&lt;br /&gt;-Vuelve a acostarte -dijo tiernamente-. Vas a coger frío.&lt;br /&gt;-Mi hijo tiene más frío -dijo la señora White y volvió a llorar.&lt;br /&gt;Los sollozos se desvanecieron en los oídos del señor White. La cama estaba tibia, y sus ojos pesados de sueño. Un despavorido grito de su mujer lo despertó.&lt;br /&gt;-La pata de mono -gritaba desatinadamente-, la pata de mono.&lt;br /&gt;El señor White se incorporó alarmado.&lt;br /&gt;-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Qué sucede?&lt;br /&gt;Ella se acercó:&lt;br /&gt;-La quiero. ¿No la has destruido?&lt;br /&gt;-Está en la sala, sobre la repisa -contestó asombrado-. ¿Por qué la quieres?&lt;br /&gt;Llorando y riendo se inclinó para besarlo, y le dijo histéricamente:&lt;br /&gt;-Sólo ahora he pensado... ¿Por qué no he pensado antes? ¿Por qué tú no pensaste?&lt;br /&gt;-¿Pensaste en qué? -preguntó.&lt;br /&gt;-En los otros dos deseos -respondió en seguida-. Sólo hemos pedido uno.&lt;br /&gt;-¿No fue bastante?&lt;br /&gt;-No -gritó ella triunfalmente-. Le pediremos otro más. Búscala pronto y pide que nuestro hijo vuelva a la vida.&lt;br /&gt;El hombre se sentó en la cama, temblando.&lt;br /&gt;- Dios mío, estás loca.&lt;br /&gt;- Búscala pronto y pide - le balbuceó-; ¡mi hijo, mi hijo!&lt;br /&gt;El hombre encendió la vela.&lt;br /&gt;-Vuelve a acostarte. No sabes lo que estás diciendo.&lt;br /&gt;- Nuestro primer deseo se cumplió. ¿Por qué no hemos de pedir el segundo?&lt;br /&gt;- Fue una coincidencia.&lt;br /&gt;- Búscala y desea - gritó con exaltación la mujer.&lt;br /&gt;El marido se volvió y la miró:&lt;br /&gt;- Hace diez días que está muerto y además, no quiero decirte otra cosa, lo reconocí por el traje. Si ya entonces era demasiado horrible para que lo vieras...&lt;br /&gt;- ¡Tráemelo! - gritó la mujer arrastrándolo hacia la puerta- . ¿Crees que temo al niño que he criado?&lt;br /&gt;El señor White bajó en la oscuridad, entró en la sala y se acercó a la repisa.&lt;br /&gt;El talismán estaba en su lugar. Tuvo miedo de que el deseo todavía no formulado trajera a su hijo hecho pedazos, antes de que él pudiera escaparse del cuarto.&lt;br /&gt;Perdió la orientación. No encontraba la puerta. Tanteó alrededor de la mesa y a lo largo de la pared y de pronto se encontró en el zaguán, con el maligno objeto en la mano.&lt;br /&gt;Cuando entró en el dormitorio, hasta la cara de su mujer le pareció cambiada. Estaba ansiosa y blanca y tenía algo sobrenatural. Le tuvo miedo.&lt;br /&gt;-¡Pídelo! -gritó con violencia.&lt;br /&gt;-Es absurdo y perverso - balbuceó.&lt;br /&gt;-Pídelo - repitió la mujer.&lt;br /&gt;El hombre levantó la mano:&lt;br /&gt;-Deseo que mi hijo viva de nuevo.&lt;br /&gt;El talismán cayó al suelo. El señor White siguió mirándolo con terror. Luego, temblando, se dejó caer en una silla mientras la mujer se acercó a la ventana y levantó la cortina. El hombre no se movió de allí, hasta que el frío del alba lo traspasó. A veces miraba a su mujer que estaba en la ventana. La vela se había consumido; hasta casi apagarse. Proyectaba en las paredes y el techo sombras vacilantes.&lt;br /&gt;Con un inexplicable alivio ante el fracaso del talismán, el hombre volvió a la cama; un minuto después, la mujer, apática y silenciosa, se acostó a su lado.&lt;br /&gt;No hablaron; escuchaban el latido del reloj. Crujió un escalón. La oscuridad era opresiva; el señor White juntó coraje, encendió un fósforo y bajó a buscar una vela.&lt;br /&gt;Al pie de la escalera el fósforo se apagó. El señor White se detuvo para encender otro; simultáneamente resonó un golpe furtivo, casi imperceptible, en la puerta de entrada.&lt;br /&gt;Los fósforos cayeron. Permaneció inmóvil, sin respirar, hasta que se repitió el golpe. Huyó a su cuarto y cerró la puerta. Se oyó un tercer golpe.&lt;br /&gt;- ¿Qué es eso? - gritó la mujer.&lt;br /&gt;-Un ratón - dijo el hombre-. Un ratón. Se me cruzó en la escalera.&lt;br /&gt;La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa.&lt;br /&gt;- ¡Es Herbert! ¡Es Herbert! - La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó.&lt;br /&gt;-¿Qué vas a hacer? - le dijo ahogadamente.&lt;br /&gt;- ¡Es mi hijo; es Herbert! - gritó la mujer, luchando para que la soltara-. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta.&lt;br /&gt;- Por amor de Dios, no lo dejes entrar -dijo el hombre, temblando.&lt;br /&gt;-¿Tienes miedo de tu propio hijo? - gritó-. Suéltame. Ya voy, Herbert; ya voy.&lt;br /&gt;Hubo dos golpes más. La mujer se libró y huyó del cuarto. El hombre la siguió y la llamó, mientras bajaba la escalera. Oyó el ruido de la tranca de abajo; oyó el cerrojo; y luego, la voz de la mujer, anhelante:&lt;br /&gt;- La tranca -dijo-. No puedo alcanzarla.&lt;br /&gt;Pero el marido, arrodillado, tanteaba el piso, en busca de la pata de mono.&lt;br /&gt;- Si pudiera encontrarla antes de que eso entrara...&lt;br /&gt;Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo.&lt;br /&gt;Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera; y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón. El camino estaba desierto y tranquilo. (*)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;(*) Fuente: W.W. Jacobs, "la pata de mono", en Antología de la literatura fantástica, por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, y Silvina Ocampo, Buenos Aires, ed. Sudamericana, pp. 209-220.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-4570896011245705996?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/4570896011245705996/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/la-pata-de-mono-de-w-w-jacobs.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/4570896011245705996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/4570896011245705996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/11/la-pata-de-mono-de-w-w-jacobs.html' title='La pata de mono de W. W. Jacobs'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SvmpX1R5S5I/AAAAAAAAA1E/tVofe2pMHhE/s72-c/371748360_04f7d070cc_o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7778792509430053165</id><published>2009-10-28T16:47:00.001-07:00</published><updated>2009-10-28T16:52:24.338-07:00</updated><title type='text'>El pasajero de al lado por Santiago Roncagliolo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SujYL4ScmTI/AAAAAAAAA0s/rj3ieoFnA1I/s1600-h/mini_500_8601_1240428854730282.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SujYL4ScmTI/AAAAAAAAA0s/rj3ieoFnA1I/s320/mini_500_8601_1240428854730282.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397801852003457330" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Un cuento de estructura clásica con manejo interesante del narrador, que se desplaza entre dos personajes; también &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-size: 85%;"&gt;un ejemplo de final revelador, muy bien trabajado. Cada vez me convenzo más que el secreto de un buen cuento, es una buena historia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A disfrutrar lo que el  ganador del Alfaguara 2006 tiene que decirnos. Buen descanso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;F&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;ue sólo un susto.     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     El frenazo y el golpe. Los golpes. Estás un poco     aturdido, pero puedes moverte. Abres la portezuela y te bajas sin mirar al taxista. No te     duele nada. Eres un turista. Tu única obligación es pasarlo bien. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Para tu suerte, un autobús frena en la plaza. Te subes     sin ver a dónde va. Caminas hacia al fondo. Aparte del mendigo que duerme, no hay nadie     más ahí. Te sientas. Miras por la ventanilla. La ciudad y la mañana se extienden ante     tus ojos. Respiras hondo. Te relajas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     En la primera parada, sube una chica. Tiene unos veinte     años y es muy atractiva. Rubia. Todos aquí son rubios. Es la chica que siempre has     querido que se siente a tu costado. Va vestida informalmente, con jeans ajustados y     zapatillas. Su abrigo está cerrado, pero sugiere su rebosante camiseta blanca. Se sienta     a tu lado. No puedes evitar mirarla.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Notas que te mira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Al principio es imperceptible. Pero lo notas. Voltea a     verte rápidamente con el rabillo del ojo, durante sólo un instante. Cuando le devuelves     la mirada, vuelve a bajar los ojos. Se ruboriza. Trata de disimular una sonrisa.     Finalmente, como venciendo la timidez, dice coqueta:&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     -¿Qué estás mirando? ¡No me mires! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Vuelve a apartar la vista de ti, pero ahora no puede     dejar de sonreír. Hace un gesto, como cediendo a su impulso:&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     -¿Por qué me miras tanto? ¿Ah? Ya sé -Ahora se     entristece-. Se me nota ¿No? ¿Se me nota? Pensaba que no -Sonríe pícara-. ¿Te la     enseño? Si se me nota, ya no tengo que esconderla. ¿Quieres verla? -Se da aires de     interesante, pone una mirada cómplice y habla en voz baja, como si transmitiese un     secreto-. Está bien, mira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Se abre el abrigo y deja ver una enorme herida de bala en     su corazón. El resto del pecho está bañado en sangre. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Ríe pícaramente y se pone repentinamente seria para     anunciar:&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     -¿Ves? Estoy muerta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     ¿Verdad que no se nota a primera vista? Nunca se nota a     primera vista. No lo noté ni yo. Será porque es la primera vez que muero. No estoy     acostumbrada a ese cambio. En un momento estás ahí y lo de siempre: una bala perdida, un     asalto, quizá un tiroteo entre policías y narcos, pasa todos los días. Y luego ya no     estás. Sabes a qué me refiero ¿Verdad? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     A mí, además, me dispararon por ser demasiado sensible.     De verdad. Por solidarizarme. Íbamos Niki y yo a una pelea de perros. Niki es mi novio y     es héroe de guerra. Sí. De una guerra que hubo hace poco… No. No recuerdo dónde.     Niki tiene un perrito que se llama Buba y una pistola que se llama Umarex CPSport. Pero al     que más quiere es a Buba. Es un perro muy profesional. Ya ha despedazado a otros tres     perros y a un gato. No deja ni los pellejos. Increíble. A Niki le encanta. Es su mejor     amigo, de hecho. Entonces, íbamos en el auto, y Niki y Buba iban delante. Yo iba en el     asiento trasero. A Niki le gusta que nos sentemos así, dice que es el orden natural de     las cosas. Niki es muy ordenado con sus cosas. Y muy natural.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Saliendo de la ciudad hacia el… ¿Perródromo? No,     eso es para carreras ¿Cómo se llama donde hay peleas de perros? Bueno, íbamos para     allá y paramos en una gasolinera para que Niki fuese al baño. Aparte de una pistola y un     perro, Niki tiene problemas de incontinencia, pero no se lo digas nunca en voz alta, de     verdad, por tu bien. O sea que Buba y yo nos quedamos a solas en el auto. Perdona que me     interrumpa, pero no me mires demasiado la herida, por favor. Odio a los hombres que no     pueden levantar la vista del pecho de una. Y a las mujeres también. Si no estuviera     muerta, llamaría a Niki para que me haga respetar. ¿O.K? O.K.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Bueno, sigo: estamos en el auto ¿No? Buba y yo. Y Buba     me empieza a mirar con esa carita de que quiere ir al baño. O sea, no al baño, porque es     un animal ¿No? Pero a lo más cercano a un baño que pueda ir ¿O.K.? Y me mira para que     lo lleve. De verdad, no creerías que es un perro asesino si vieras la cara que pone     cuando quiere ir al baño. Se le chorrean los mofletes, se le caen los ojos y hace     gemiditos liiindis. Así que lo miro con carita de pena, lo comprendo ¿me entiendes? y le     abro la puerta para que pueda desahogarse. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Buba baja y yo lo acompaño unos pasos, pero luego veo     que en la tienda de la gasolinera hay una oferta de acondicionadores Revlon, así que me     detengo porque es algo importante y él sigue. Y entonces, aparece el otro perro. O sea,     una mierda de perro, perdón por la palabra ¿No? un chucho callejero y chusco con la cola     sin cortar y las orejas caídas ¿Has visto a los perros sin corte de orejas y cola? Aj,     horribles. Pues peor.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Bueno, te imaginarás ¿No? El chusco se pone a ladrar,     Buba se pone a ladrar, se caldean los ánimos, los acondicionadores Revlon sólo están de     oferta si te llevas un champú, Niki no termina nunca de hacer pila y, de repente, la     persecución de Buba al otro, los ladridos, los mordiscos. Lo de siempre, excepto el     camión. Lo del camión si que no había cómo preverlo porque, o sea, no es que una pueda     adivinar el futuro. Sabes a qué me refiero ¿Verdad? Yo llegué a escuchar el frenazo y     el quejido perruno. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Francamente, por esa mariconada de quejido, yo pensé que     había chancado al chusco.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Pero no fue así.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Cuando Niki salió del baño y vio a su perro, yo ya     estaba buscando protectores solares. Niki se arrodilló junto a Buba, le besó las     heridas, se puso de pie y vino directamente hacia mí. Yo lo recibí con una sonrisa,     pensando, mira, qué bien ¿No? Nosotros estamos vivos, o sea, ha podido ser peor. Y él     me recibió con cuatro disparos de la Umarex CPSport. Es amarilla la Umarex CPSport     ¿Algunas ves has visto una pistola amarilla? Niki tiene una. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Lo demás de estar muerto es rutinario. Sabes a qué me     refiero ¿Verdad? Es aburrido, porque ya nadie que esté vivo te escucha. Eso sí, vienen     por ti, te llevan en una camilla, o sea, ya estás muerta pero igual te llevan en una     camilla y en una ambulancia. Qué fuerte ¿No? Como si estuvieras viva. Eso te hace sentir     bien ¿No?. Valorada. Te llevan a una clínica privada, llenan unos papeles y ahí te     guardan. Hace frío ahí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Hace mucho frío.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Ya ahí conoces otros cadáveres, te comparas con ellos,     te das cuenta de que estás mucho mejor que ellos, o sea, te ves bien a pesar de las     dificultades ¿No? Y eso es importante para sentirte bien contigo misma. Claro, la herida     no ayuda, pero no te imaginas cómo está la gente ahí ¿Ah? O sea, no se cuidan nada. Y     eso que son gente bien ¿Ah? No creas que a cualquier muerto lo llevan a una clínica de     esas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Al principio sobre todo te sientes bien insegura. Es como     si te diera la regla pero sin parar y por el pecho. Entonces, es bien incómodo. Pero     luego llega un doctor guapísimo, de verdad. Sabes a lo que me refiero ¿No? Entonces     están tú y él a solas, pero no como con Buba en el auto, sino distinto, porque tú     estás muerta y él no es un perro, es como más íntimo ¿no? Y él empieza a tocarte, a     acariciarte, masajearte, pasa sus manos por tu cuerpo. Y están calientes sus manos. La     mayoría de las cosas vivas están calientes. Y luego te abre en canal para buscar cosas     en tu interior. Y ¿Sabes qué? Sientes… no sé… sientes que es la primera vez     que un hombre tiene interés en tu interior. No sé. Es como muy personal. Pero te dejas,     permites que sus manos recorran tu anatomía, te parece que nadie te había tocado antes     en serio. Y te da un poco de penita, de verdad. Hay cosas que yo no sabía que tenía, que     en toda mi vida nunca lo supe, como el duodeno, la aorta, el esternocleidomastoideo ¿No?     El tríceps si sabía, por el gimnasio. Y te dices, pucha, me habría gustado saber que     tenía todo esto porque, no sé ¿No? Es parte de ti y tienes que vivir con eso y éste     hombre las descubre para ti. No sé cómo explicarlo. Es algo supersuperpersonal. De haber     tenido fluidos, creo que hasta habría tenido un orgasmo. ¿Y sabes por qué hace eso el     forense? ¿Por qué me lo hizo a mí con ese cariño? No sé, lo he estado pensando un     montón, no creas, y… creo que lo hace porque a mí no se me nota. Claro, si me miras     bien, sí. Pero a primera vista no se me nota lo muerta. Yo creo que al forense le gustan     las muertas poco ostentosas. Yo soy muy sencilla. Y tú también, de verdad. Si no hubiera     visto tu accidente en el taxi, hasta pensaría que estás vivo. Uno te tiene que mirar     bien para darse cuenta, pero al final, un ojo con experiencia puede percibirlo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Es por tu mirada, creo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;     &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;     Tienes ojos de muerto. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7778792509430053165?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7778792509430053165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/el-pasajero-de-al-lado-por-santiago_28.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7778792509430053165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7778792509430053165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/el-pasajero-de-al-lado-por-santiago_28.html' title='El pasajero de al lado por Santiago Roncagliolo'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SujYL4ScmTI/AAAAAAAAA0s/rj3ieoFnA1I/s72-c/mini_500_8601_1240428854730282.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-1899710244210129311</id><published>2009-10-22T07:13:00.000-07:00</published><updated>2009-10-22T07:18:00.640-07:00</updated><title type='text'>Terapia extensiva ( módulo clásico)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SuBpigLA1uI/AAAAAAAAAzE/O6vH1WChWfQ/s1600-h/ilustraciones-divertidas-lluvia-letras.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5395428395062449890" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 252px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SuBpigLA1uI/AAAAAAAAAzE/O6vH1WChWfQ/s320/ilustraciones-divertidas-lluvia-letras.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Título: “ Locos en la casa” ( Terapia intensiva)&lt;br /&gt;Fecha de inicio: sábado 7 de noviembre&lt;br /&gt;Fecha de finalización: sábado 19 de diciembre&lt;br /&gt;Duración: Siete sábados de 9h00 a 11h30.&lt;br /&gt;Cupo máximo de integrantes: 10 personas&lt;br /&gt;Descripción: Breve taller de narrativa creativa destinado a personas que hayan elaborado ya textos de naturaleza creativa y deseen perfeccionar sus conocimientos con alguna base teórica donde se estudio de cuento clásico.&lt;br /&gt;Módulo junior: cuentos de W.W. Jacob, Poe, Maupassant, Chejov, Potter, Porter, Quiroga.&lt;br /&gt;Contenidos auténticos: Creación y mantenimiento de un blog con el avance de las consignas realizadas en clase en el que resto de los talleristas debe opinar.&lt;br /&gt;Contenidos teóricos:&lt;br /&gt;Personajes&lt;br /&gt;Diálogos&lt;br /&gt;Tonos y atmósfera&lt;br /&gt;Curva dramática.&lt;br /&gt;Requisito para ingresar: Los alumnos que deseen postular al taller a este nivel y no sean miembro de la “ Casa literaria”, deben enviar un relato a la dirección &lt;a href="mailto:hembradragon@gmail.com"&gt;hembradragon@gmail.com&lt;/a&gt; y en 24 horas recibirán respuesta de su admisión.&lt;br /&gt;Dirección: Calle primera 500 y las Monjas. Urdesa primer etapa.&lt;br /&gt;Costo: Sesenta dólares (Se cancela al inicio del taller) a la cuenta de ahorros de Produbanco 12006331543 a nombre de Solange Rodríguez Pappe.&lt;br /&gt;Informaciones:&lt;br /&gt;&lt;a href="mailto:hembradragon@gmail.com"&gt;hembradragon@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;099987603 ( movie) o al 2388470 de LA CASA MORADA&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-1899710244210129311?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/1899710244210129311/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/terapia-extensiva-modulo-clasico.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1899710244210129311'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1899710244210129311'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/terapia-extensiva-modulo-clasico.html' title='Terapia extensiva ( módulo clásico)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SuBpigLA1uI/AAAAAAAAAzE/O6vH1WChWfQ/s72-c/ilustraciones-divertidas-lluvia-letras.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-518376551360816844</id><published>2009-10-20T21:09:00.000-07:00</published><updated>2009-10-20T21:30:18.054-07:00</updated><title type='text'>El corazón delator ( Edgar Allan Poe)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/St6OJ-0YQMI/AAAAAAAAAys/z_evIIPN158/s1600-h/1181612507_f.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394905705769091266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 217px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/St6OJ-0YQMI/AAAAAAAAAys/z_evIIPN158/s320/1181612507_f.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Ya que estamos por entrar en un bloque de estudio de los clásicos, les propongo  la lectura del primero de los cuentos de Poe que me gustaría revisar con ustedes. " El corazón delator". ¿Cuál es el conflicto?  ¿Cómo se soluciona? Por ahora disfruten del cuento y del maravilloso video animado.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Quién está ahí? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.&lt;br /&gt;Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.&lt;br /&gt;Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.&lt;br /&gt;Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.&lt;br /&gt;Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!&lt;br /&gt;Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?&lt;br /&gt;Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.&lt;br /&gt;Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.&lt;br /&gt;Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.&lt;br /&gt;Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!&lt;br /&gt;-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="344" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/sl1l6v0ydfQ&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/sl1l6v0ydfQ&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-518376551360816844?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/518376551360816844/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/el-corazon-delator-edgar-allan-poe.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/518376551360816844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/518376551360816844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/el-corazon-delator-edgar-allan-poe.html' title='El corazón delator ( Edgar Allan Poe)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/St6OJ-0YQMI/AAAAAAAAAys/z_evIIPN158/s72-c/1181612507_f.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-548419976216605621</id><published>2009-10-13T19:25:00.000-07:00</published><updated>2009-10-14T06:23:22.379-07:00</updated><title type='text'>Mi vida con la ola por Octavio Paz</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StXQnzTOOQI/AAAAAAAAAx8/DnsDqqXItaE/s1600-h/la_ola_2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392445511050344706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 316px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StXQnzTOOQI/AAAAAAAAAx8/DnsDqqXItaE/s320/la_ola_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un cuento muy hermoso sobre la naturaleza destructiva de las relaciones humanas.&lt;br /&gt;Ya saben lo que se debe evaluar: Conflicto y tensión.´&lt;br /&gt;O por último, disfrútenlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando deje aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenian por el vestido flotante, se colgo de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas colericas de las mayores me paralizaron.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: "Su decisión estaba tomada. No podia volver." Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloro, grito, acaricio, amenazo. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policia? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrio la llave . Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvio abrir el depósito. Lo cerré con violencia.La señora se llevo el vaso a los labios: -Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamo al Conductor: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Este individuo echo sal al agua. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Conductor llamo al Inspector: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Conque usted echo substancias en el agua? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Inspector llamo al Policia en turno: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Conque usted echo veneno al agua? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Policia en turno llamo al Capitan:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Conque usted es el envenenador? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Capitán llamo a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estacion me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante dias no se me hablo, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creia, ni siquiera el carcelero, que movia la cabeza, diciendo: "El asunto es grave, verdaderamente grave. No había querido envenenar a unos niños?"&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una tarde me llevaron ante el Procurador.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Su asunto es difícil -repitió-. Voy a consignarlo al Juez Penal. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así paso un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llego el dia de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamo: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bueno, ya esta libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, por que la proxima le costara caro... Y me miro con la misma mirada seria con que todos me veian.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esa misma tarde tome el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegue a México. Tome un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba alli, cantando y riendo como siempre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Cómo regresaste? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojo en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgace mucho. Perdí muchas gotas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su presencia cambio mi vida. La casa de pasillos obscuros y muebles empolvados se llenó de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreir y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacia tiempo que habia abandanado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El amor era un juego, una creacion perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguia, increiblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecia en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caian sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrian de blancuras. O se extendia frenta a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me elvolvia como una musica o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vertigo, misteriosamente suspendido, para caer despues como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres latigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero jamás llegue al centro de su ser. Nunca toque el nudo del ay y de la muerte. Quiza en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño boton electrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer . Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, solo que no eran ondas concentricas, sino excentricas, que se extendian cada vez mas lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenia centro, sino un vacio parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.Tendido el uno al lado de otro , cambiabamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caia sobre mi pecho y alli se desplegaba como una vegetacion de rumores. Cantaba a mi oido, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan limpìda que podia leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubria de fosforecencias y abrazarla era abarazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia tambien negra y amarga. A horas inesperadas mugia, suspiraba, se retorcia. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oirla el viento del mar se ponia a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los dias nublados la irritaban; rompia muebles, decia malas palabras, me cubria de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupia, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecia fantastica, pero que era tal como la marea.Empezo a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus dias de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imagenes, que todas las noches salian de mi frente y se hundia en sus feroces o graciosos torbellinos). Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veia nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relampagas de colores. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entre todos aquellos peces habia unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberracion mi amiga se complacia en jugar con ellos, mostrandoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un día no pude mas; eche abajo la puerta y me arroje sobre ellos. Agiles y fantasmales, se me escapaban entre als manos mientras ella reia y me golpeaba hasta derribarme. Senti que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me deposito en la orilla y empezo a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de loas ahogados.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando volvi en mi, empece a temerla y a odiarla. Tenia descuidados mis asuntos. Empece a frecuentar los amigos y reanude viejas y queridas relaciones. Encontre a una amiga de juventud. Haciendole jurar que me guardaria el secreto, le conte mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibildad de salvar a un hombre.Mi redentora empleo todas sus artes, pero, qué podia una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante - y siempre identica a si misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El cielo se volvio gris. La niebla cayo sobre la ciudad. Lovia una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincon. Se puso fria; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvio impenetrable, revuelta. Yo salia con frecuencia y mis ausencias eran cada vez mas prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roia los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciendome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rapidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas asperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba. Huí. los horribles peces reían con risa feroz. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Allà en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frio y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el marmol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cnatinero amigo, que inmediantamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-548419976216605621?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/548419976216605621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/mi-vida-con-la-ola-por-octavio-paz.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/548419976216605621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/548419976216605621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/mi-vida-con-la-ola-por-octavio-paz.html' title='Mi vida con la ola por Octavio Paz'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StXQnzTOOQI/AAAAAAAAAx8/DnsDqqXItaE/s72-c/la_ola_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-4419644000227539988</id><published>2009-10-13T12:49:00.000-07:00</published><updated>2009-10-13T13:00:10.676-07:00</updated><title type='text'>Autoretrato hecho añicos por José Ovejero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StTaRAOGoMI/AAAAAAAAAx0/IDwGWX7Ih34/s1600-h/20080714185317.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392174639521112258" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StTaRAOGoMI/AAAAAAAAAx0/IDwGWX7Ih34/s320/20080714185317.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;He estado pensando que como actividad final, de esta primera parte del taller, sería conveniente hacer un ejercicio de reconocimiento, màs por el lado de la autoevaluación  que por el lado de la validación de la actividad. José Ovejero redacta un breve texto donde se describe tanto de maner física como moralmente de una forma muy emotiva e ingeniosa. Les propongo colocar una foto y hacer lo mismo. Finalmente la escritura es hacer algo parecido pero usando máscaras. Lo voy a aplicar para mí, hare mi parte.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace pocas semanas, en el sur de Francia, un hombre mató a tiros a su mujer y a sus dos hijos. Los vecinos declararon, como es habitual en estos casos, que eran una familia normal. El homicida, tras acabar con su familia, se colocó delante de un espejo y se suicidó de un disparo. Lo que más me interesa de esta noticia, y no se me va de la cabeza desde que la leí es: ¿qué era exactamente lo que quería ver ese hombre mientras apretaba por última vez el gatillo? Eso dice mucho sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que me doy cuenta: también resulta significativo que para empezar a hablar de mí mismo elija contar la historia de otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre que soy de verdad feliz tengo veinticinco años. Y cuando me siento deprimido regreso a los dieciocho. A los veinticinco cambié la trama de la novela en la que me estaba escribiendo y que comenzaba a resultar tan previsible como desalentadora. A pesar de ello, en aquella época escribía muy mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel joven de dieciocho años no podía ni siquiera intuir que yo iba a salvarle la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrío con demasiada frecuencia. Yo no me fiaría de alguien como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para hablar brevemente del físico:&lt;br /&gt;Los cabellos canosos desde muy pronto, los dientes demasiado pequeños, la nariz demasiado grande, la barbilla chata. No estoy muy seguro del color de mis ojos. Una cierta vanidad me empuja a arrancarme los pelos que han empezado a crecerme en las orejas. Para mí, los pelos en las orejas son los heraldos desaseados de la decadencia. Por cierto ¿hay alguien a quien no desaliente su propia imagen, alguien que sonría satisfecho al verse en una fotografía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace veinticinco años sustituí el carné de identidad por el pasaporte. Esta decisión, que podría parecer de orden práctico, adquirió enseguida un valor simbólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el omóplato izquierdo tengo una cicatriz alargada, residuo de un accidente de bicicleta. Un día entré en un salón de tatuajes y pedí que me tatuaran una libélula sobre la cicatriz. La literatura puede ser eso: transformar la experiencia en una forma comprensible aunque sea disfrazándola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo mujer, y dos hijas de las que no soy el padre. Para autorretratarme de verdad tendría que describirlas a ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace años escribo de pie y, casi siempre, con una capucha puesta. Esta rareza inofensiva probablemente no significa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi nunca leo las entrevistas que me hacen, no he mirado ninguno de los programas de televisión en los que he salido. Sé que no sería capaz de reconocerme en ese individuo que afirma con aplomo cosas de las que yo no estoy nada seguro. Me niego a escuchar a ese farsante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dicen que transmito una sensación de serenidad. Pero cuando lo escucho recuerdo dos de mis pocos versos: “Dudo que cuando descanse/ sea en paz.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un rasgo mío que me agrada: la curiosidad, que, unida a una cierta tendencia a desconfiar de mis propios juicios, me ha vuelto un hombre nada dogmático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La curiosidad nos mantiene jóvenes –relativamente jóvenes-, porque retrasa nuestra metamorfosis en crustáceos protegidos de la realidad por una costra de prejuicios. Pero ser tan curioso me convierte en un interlocutor aburrido: más que hablar escucho, más que señalar miro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las afirmaciones que he hecho más arriba no es cierta. De todas formas, los límites entre realidad y ficción son siempre confusos, y en particular cuando escribimos sobre nosotros mismos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-4419644000227539988?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/4419644000227539988/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/autoretrato-hecho-anicos-por-jose.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/4419644000227539988'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/4419644000227539988'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/autoretrato-hecho-anicos-por-jose.html' title='Autoretrato hecho añicos por José Ovejero'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/StTaRAOGoMI/AAAAAAAAAx0/IDwGWX7Ih34/s72-c/20080714185317.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-3688315300205989727</id><published>2009-10-09T07:26:00.000-07:00</published><updated>2009-10-09T07:58:08.622-07:00</updated><title type='text'>Analisis de conflicto en " En la estepa" usando Evoca</title><content type='html'>Bueno, este curso ha servido para explorar otras herramientas de los blogs.&lt;br /&gt;Veamos cómo resulta este intento de explicación oral del cuento por medio del programa "Evoca" que sirve para hacer grabaciones de voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerden que son aproximaciones y que sus opiniones son importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe allowtransparency="true" background-color="transparent"  marginwidth="0" marginheight="0" src="http://www.evoca.com/myrecordings/recBlogForIFrame.jsp?rid=199859&amp;teu=http://www.evoca.com/" frameborder="0" width="100" height="100" scrolling="no"&gt; &lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que los siguiente serán los tutoriales en youtube.&lt;br /&gt;Modernidad, allá voy.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-3688315300205989727?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/3688315300205989727/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/analisis-de-conflicto-en-en-la-estepa.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3688315300205989727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3688315300205989727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/analisis-de-conflicto-en-en-la-estepa.html' title='Analisis de conflicto en &quot; En la estepa&quot; usando Evoca'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-6105657285538956326</id><published>2009-10-08T07:14:00.000-07:00</published><updated>2009-10-08T07:26:00.249-07:00</updated><title type='text'>Decálogo de Julio Ramón Ribeyro</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Ss31cCz93QI/AAAAAAAAAxs/BSw9SwfJVVc/s1600-h/libro_09.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5390234191172328706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 226px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Ss31cCz93QI/AAAAAAAAAxs/BSw9SwfJVVc/s320/libro_09.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;1.- El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;2. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;3. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;4. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.5. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;6. El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;7. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;8. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;9. En el cuento no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;10. El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-6105657285538956326?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/6105657285538956326/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/decalogo-de-julio-ramon-ribeyro.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6105657285538956326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6105657285538956326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/decalogo-de-julio-ramon-ribeyro.html' title='Decálogo de Julio Ramón Ribeyro'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Ss31cCz93QI/AAAAAAAAAxs/BSw9SwfJVVc/s72-c/libro_09.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-6155382856677803939</id><published>2009-10-06T17:25:00.001-07:00</published><updated>2009-10-06T17:43:49.249-07:00</updated><title type='text'>En la estepa ( Samanta Schweblin)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsvkLwhLSLI/AAAAAAAAAxk/TBUU_YnBPmI/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389652269732677810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsvkLwhLSLI/AAAAAAAAAxk/TBUU_YnBPmI/s320/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;Volviendo a la carga en el blog luego de que un huracán binario me desconfigurara windows XP. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;A propósito de un correo de Adelaida, me he puesto a pesar que necesitamos un repaso sobre la manera de contar un cuento y cómo es que funciona el manejo de la tensión y el desarrollo de la historia. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;Les estoy presentando el texto de una narradora joven que hace poco ganó el premio Casa de las Américas con " Pájaros en la boca", se llama Samanta Schweblin y este cuento es muy bueno para comprender ese avance, paso a paso.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;Léanlo que el jueves posteo mi visión de la manera en que se va desenrollando el conflicto.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;Saludos.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No es fácil la vida en la estepa, cualquier sitio se encuentra a horas de distancia, y no hay otra cosa más para ver que esta gran mata de arbustos secos. Nuestra casa está a varios kilómetros del pueblo, pero está bien: es cómoda y tiene todo lo que necesitamos. Pol va al pueblo tres veces por semana, envía a las revistas de agro sus notas sobre insectos e insecticidas y hace las compras siguiendo las listas que preparo. En esas horas en las que él no está, llevo adelante una serie de actividades que prefiero hacer sola. Creo que a Pol no le gustaría saber sobre eso, pero cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples, como las velas, los inciensos y cualquier consejo de revista parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos. Anoto en el cuaderno cualquier detalle pertinente, pequeños cambios en Pol o en mí. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Oscurece tarde en la estepa, lo que no nos deja demasiado tiempo. Hay que tener todo preparado: las linternas, las redes. Pol limpia las cosas mientras espera a que se haga la hora. Eso de sacarles el polvo para ensuciarlas un segundo después le da cierta ritualidad al asunto, como si antes de empezar uno ya estuviera pensando en la forma de hacerlo cada vez mejor, revisando atentamente los últimos días para encontrar cualquier detalle que pueda corregirse, que nos lleve a ellos, a uno al menos: el nuestro. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando estamos listos Pol me pasa la campera y la bufanda, yo lo ayudo a ponerse los guantes y cada uno se cuelga su mochila al hombro. Salimos por la puerta trasera y caminamos campo adentro. La noche es fría, pero el viento se calma. Pol va adelante, ilumina el suelo con la linterna. Más adentro el campo se hunde un poco en largas lomas; avanzamos hacia ellas. En esa zona los arbustos son pequeños, apenas alcanzan a ocultar nuestros cuerpos y Pol cree que esa es una de las razones por las que el plan fracasa noche a noche. Pero insistimos porque ya van varias veces que nos pareció ver algunos, al amanecer, cuando ya estamos cansados. Para esas horas yo casi siempre me escondo detrás de algún arbusto, aferrada a mi red, y cabeceo y sueño con cosas que me parecen fértiles. Pol en cambio se convierte en una especie de animal de caza. Lo veo alejarse, agazapado entre las plantas, y puede permanecer de cuclillas, inmóvil, durante mucho tiempo.Siempre me pregunté cómo serán realmente. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Conversamos sobre esto varias veces. Creo que son iguales a los de la ciudad, sólo que quizá más rústicos, más salvajes. Para Pol, en cambio, son definitivamente diferentes, y aunque está tan entusiasmado como yo, y no pasa una noche en la que ni el frío ni el cansancio lo persuadan de dejar la búsqueda para el día siguiente, cuando estamos entre los arbustos, él se mueve con cierto recelo, como si de un momento a otro algún animal salvaje pudiera atacarlo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora estoy sola, mirando la ruta desde la cocina. Esta mañana, como siempre, nos levantamos tarde y almorzamos. Después Pol fue al pueblo con la lista de las compras y los artículos para la revista. Pero es tarde, hace tiempo que debió haber regresado, y todavía no aparece. Entonces veo la camioneta. Ya llegando a la casa me hace señas por la ventanilla para que salga. Lo ayudo con las cosas, él me saluda y dice: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No lo vas a creer. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Qué? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sonríe y me indica que entremos. Cargamos las bolsas pero no las llevamos hasta la cocina, no una vez que algo sucede, que al fin hay algo para contar. Dejamos todo a la entrada y nos sentamos en los sillones. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Bueno —dice Pol; se frota las manos—, conocí a una pareja, son geniales. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Dónde? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pregunto sólo para que siga hablando y entonces dice algo maravilloso, algo que nunca se me hubiera ocurrido y sin embargo entiendo que lo cambiará todo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Vinieron por lo mismo —dice. Le brillan los ojos y sabe que estoy desesperada por que continúe—, y tienen uno, desde hará un mes atrás. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Tienen uno? ¡Tienen uno!, no lo puedo creer… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pol no deja de asentir y frotarse las manos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Estamos invitados a cenar. Hoy mismo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me alegra verlo feliz y yo también estoy tan feliz que es como si nosotros también lo hubiéramos logrado. Nos abrazamos y nos besamos, y enseguida empezamos a prepararnos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cocino un postre y Pol elige un vino y sus mejores puros. Mientras nos bañamos y nos vestimos me cuenta todo lo que sabe. Arnol y Nabel viven a unos veinte kilómetros de acá, en una casa muy parecida a la nuestra. Pol la vio porque regresaron juntos, en caravana, hasta que Arnol tocó la bocina para avisar que doblaban y entonces vio que Nabel le señalaba la casa. Son geniales, dice Pol a cada rato y yo siento cierta envidia de que ya sepa tanto sobre ellos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Y cómo es? ¿Lo viste? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Lo dejan en la casa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Cómo que lo dejan en la casa? ¿Sólo? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pol levanta los hombros. Me extraña que el asunto no le llame la atención, pero le pido más detalles mientras sigo adelante con los preparativos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cerramos la casa como si no fuéramos a volver durante un tiempo. Nos abrigamos y salimos. Durante el viaje llevo el pastel de manzana sobre la falda, cuidando que no se incline, y pienso en las cosas que voy a decir, en todo lo que quiero preguntarle a Nabel. Puede que cuando Pol invite a Arnol con un puro nos dejen solas. Entonces quizá pueda hablar con ella sobre cosas más privadas, quizá Nabel también haya usado velas y soñado con cosas fértiles a cada rato y ahora que lo consiguieron puedan decirnos exactamente qué hacer. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al llegar tocamos bocina y enseguida salen a recibirnos. Arnol es un tipo grandote y lleva jeans y una camisa roja a cuadros; saluda a Pol con un fuerte abrazo, como un viejo amigo al que no ve hace tiempo. Nabel se asoma tras Arnol y me sonríe. Creo que vamos a llevarnos bien. También es grandota, a la medida de Arnol aunque delgada, y viste casi como él; me incomoda haber venido tan bien vestida. Por dentro la casa parece una vieja hostería de montaña. Paredes y techo de madera, una gran chimenea en el living y pieles sobre el piso y los sillones. Está bien iluminada y calefaccionada. Realmente no es el modo en que decoraría mi casa, pero pienso en que se está bien y le devuelvo a Nabel su sonrisa. Hay un exquisito olor a salsa y carne asada. Parece que Arnol es el cocinero, se mueve por la cocina acomodando algunas fuentes sucias y le dice a Nabel que nos invite al living. Nos sentamos en el sillón. Ella sirve vino, trae una bandeja con una picada y enseguida Arnol se suma. Yo quiero preguntar cosas, ya mismo: cómo lo agarraron, cómo es, cómo se llama, si come bien, si ya lo vio un médico, si es tan bonito como los de la ciudad. Pero la conversación se alarga en puntos tontos. Arnol consulta a Pol sobre los insecticidas, Pol se interesa en los negocios de Arnol, después hablan de las camionetas, los sitios donde hacen las compras, descubren que discutieron con el mismo hombre, uno que atiende en la estación de servicio, y coinciden en que es un pésimo tipo. Entonces Arnol se disculpa porque debe revisar la comida, Pol se ofrece a ayudarlo y se alejan. Me acomodo en el sillón frente a Nabel. Sé que debo decir algo amable antes de preguntar lo que quiero. La felicito por la casa, y enseguida pregunto: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Es lindo? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella se sonroja y sonríe. Me mira como avergonzada y yo siento un nudo en el estómago y me muero de la felicidad y pienso “lo tienen”, “lo tienen y es hermoso”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Quiero verlo —digo. “Quiero verlo ya”, pienso, y me incorporo. Miro hacia el pasillo esperando a que Nabel diga “por acá”, al fin voy a poder verlo, alzarlo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces Arnol regresa con la comida y nos invita a la mesa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Es que duerme todo el día? —pregunto y me río, como si fuera un chiste. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Ana está ansiosa por conocerlo —dice Pol, y me acaricia el pelo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arnol se ríe, pero en vez de contestar ubica la fuente en la mesa y pregunta a quién le gusta la carne roja y a quién más cocida, y enseguida estamos comiendo otra vez. En la cena Nabel es más comunicativa. Mientras ellos conversan nosotras descubrimos que tenemos vidas similares. Nabel me pide consejos sobre las plantas y entonces yo me animo y hablo sobre las recetas para la fertilidad. Lo traigo a cuenta como algo gracioso, una ocurrencia, pero Nabel enseguida se interesa y descubro que ella también las practicó. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Y las salidas? ¿Las cacerías nocturnas? —digo riéndome— ¿Los guantes, las mochilas?— Nabel se queda un segundo en silencio, sorprendida, y después se echa a reír conmigo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¡Y las linternas! —dice ella y se agarra la panza— ¡esas malditas pilas que no duran nada! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y yo, casi llorando: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¡Y las redes! ¡La red de Pol! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¡Y la de Arnol! —dice ella— ¡No puedo explicarte! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces ellos dejan de hablar: Arnol mira a Nabel, parece sorprendido. Ella no se ha dado cuenta todavía: se dobla en un ataque de risa, golpea la mesa dos veces con la palma de la mano; parece que trata de decir algo más, pero apenas puede respirar. La miro divertida, lo miro a Pol, quiero comprobar que también la está pasando bien, y entonces Nabel toma aire y llorando de risa dice: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Y la escopeta —vuelve a golpear la mesa— ¡por Dios, Arnol! ¡Si sólo dejaras de disparar! Lo hubiéramos encontrado mucho más rápido… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arnol mira a Nabel como si quisiera matarla y al fin larga una risa exagerada. Vuelvo a mirar a Pol, que ya no se ríe. Arnol levanta los hombros resignado, buscando en Pol una mirada de complicidad. Después hace el gesto de apuntar con una escopeta y dispara. Nabel lo imita. Lo hacen una vez más apuntándose uno al otro, ya un poco más calmados, hasta que dejan de reír. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Ay… Por favor… —dice Arnol y acerca la fuente para ofrecer más carne—, por fin gente con quien compartir toda esta cosa… ¿Alguien quiere más? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Bueno, ¿y dónde está? Queremos verlo —dice al fin Pol. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Ya van a verlo —dice Arnol. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Duerme muchísimo —dice Nabel. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Todo el día. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¡Entonces lo vemos dormido! —dice Pol. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Ah, no, no —dice Arnol—, primero el postre que cocinó Ana, después un buen café, y acá mi Nabel preparó algunos juegos de mesa. ¿Te gustan los juegos de estrategia, Pol? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Pero nos encantaría verlo dormido. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No —dice Arnol—. Digo, no tiene ningún sentido verlo así. Para eso pueden verlo cualquier otro día. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pol me mira un segundo, después dice: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Bueno, el postre entonces. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ayudo a Nabel a levantar las cosas. Saco el pastel que Arnol había acomodado en la heladera, lo llevo a la mesa y lo preparo para servir. Mientras, en la cocina, Nabel se ocupa del café. —¿El baño? —dice Pol. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Ah, el baño… —dice Arnol y mira hacia la cocina, quizá buscando a Nabel—, es que no funciona bien y… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pol hace un gesto para restarle importancia al asunto. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—¿Dónde está? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quizá sin quererlo, Arnol mira hacia el pasillo. Entonces Pol se levanta y empieza a caminar, Arnol también se levanta. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Te acompaño. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Está bien, no hace falta —dice Pol ya entrando al pasillo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arnol lo sigue algunos pasos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—A tu derecha —dice—, el baño es el de la derecha. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sigo a Pol con la mirada hasta que finalmente entra al baño. Arnol se queda unos segundos de espaldas a mí, mira hacia el pasillo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Arnol —digo, es la primera vez que lo llamo por su nombre— ¿te sirvo? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Claro —dice él— me mira y se da vuelta otra vez hacia el pasillo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Servido —digo, y empujo el primer plato hasta su sitio— no te preocupes, va a tardar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sonrío para él, pero no responde. Regresa a la mesa. Se sienta en su lugar, de espaldas al pasillo. Parece incómodo, pero al fin corta con el tenedor una porción enorme de su postre y se la lleva a la boca. Lo miro sorprendida y sigo sirviendo. Desde la cocina Nabel pregunta cómo nos gusta el café. Estoy por contestar, pero veo a Pol salir silenciosamente del baño y cruzarse a la otra habitación. Arnol me mira esperando una respuesta. Digo que nos encanta el café, que nos gusta de cualquier forma. La luz del cuarto se enciende y escucho un ruido sordo, como algo pesado sobre una alfombra. Arnol va a volverse hacia el pasillo así que lo llamo: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Arnol —me mira, pero empieza a incorporarse. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Escucho otro ruido, enseguida Pol grita y algo cae al piso, una silla quizá; un mueble pesado que se mueve y después cosas que se rompen. Arnol corre hacia el pasillo y toma el rifle que está colgado en la pared. Me levanto para correr tras él, Pol sale del cuarto de espaldas, sin dejar de mirar hacia adentro. Arnol va directo hacia él pero Pol reacciona, lo golpea para quitarle el rifle, lo empuja hacia un lado y corre hacia mí. No alcanzo a entender qué pasa, pero dejo que me tome del brazo y salimos. Escucho tras nosotros la puerta ir cerrándose lentamente y después el golpe que vuelve a abrirla. Dentro Nabel grita. Pol sube a la camioneta y la enciende, yo subo por mi lado. Salimos marcha atrás y por unos segundos las luces iluminan a Arnol que corre hacia nosotros. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya en la ruta andamos un rato en silencio, tratando de calmarnos. Pol tiene la camisa rota, casi perdió por completo la manga derecha y en el brazo le sangran algunos rasguños profundos. Pronto nos acercamos a nuestra casa a toda velocidad y a toda velocidad nos alejamos. Lo miro para detenerlo pero él respira agitado; las manos tensas aferradas al volante. Examina hacia los lados el campo negro, y hacia atrás por el espejo retrovisor. Deberíamos bajar la velocidad. Podríamos matarnos si un animal llegara a cruzarse. Entonces pienso que también podría cruzarse uno de ellos: el nuestro. Pero Pol acelera aún más, como si desde el terror de sus ojos perdidos, contara con esa posibilidad. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-6155382856677803939?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/6155382856677803939/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/en-la-estepa-samanta-schweblin.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6155382856677803939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6155382856677803939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/en-la-estepa-samanta-schweblin.html' title='En la estepa ( Samanta Schweblin)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsvkLwhLSLI/AAAAAAAAAxk/TBUU_YnBPmI/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-5346282988140797154</id><published>2009-10-02T07:42:00.000-07:00</published><updated>2009-10-02T07:45:41.971-07:00</updated><title type='text'>Infestación ( Octavio Escobar)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsYSB9cM9pI/AAAAAAAAAxc/rtPSF6mFckA/s1600-h/IB6I5XCAP9YUKTCA717GSRCAVPTRN2CAIKNYYMCAJT4DE4CARO0G28CAQW8LONCA2VQEPACA8ZIUZWCA9VQ2ZOCAFVBSQJCAXND5SQCAYTX8H0CAVVIHFHCA0EWMCHCAHC6PK8CAHX8JNMCATW2PXFCAQCTRKB.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5388013829077399186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 148px; CURSOR: hand; HEIGHT: 142px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsYSB9cM9pI/AAAAAAAAAxc/rtPSF6mFckA/s320/IB6I5XCAP9YUKTCA717GSRCAVPTRN2CAIKNYYMCAJT4DE4CARO0G28CAQW8LONCA2VQEPACA8ZIUZWCA9VQ2ZOCAFVBSQJCAXND5SQCAYTX8H0CAVVIHFHCA0EWMCHCAHC6PK8CAHX8JNMCATW2PXFCAQCTRKB.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#ff0000;"&gt;Este cuento solo lo pongo porque me gusta, me parece muy interesante en cuanto su juego de estructura &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Este cuento tiene piojos— dije a mi mujer.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— No te creo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Vio las liendres.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Hay que motilarlo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Tiene palabras que me gustan mucho.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Tú y tus palabras— suspirpiró—. Úntale petróleo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;—¿Petróleo?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Eso hice yo con los niños.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— ¿Y si se intoxica?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Los niños no se intoxicaron.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Son fisiologías distintas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Cuidas demasiados tus cuentos. Relájate.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Bajé la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;— Cepíllalo y lávalo. Cepíllalo y lávalo hasta que le salga toda la inmundicia— gritó rumbo a la cocina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lo hice, juro que lo hice.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-5346282988140797154?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/5346282988140797154/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/infestacion-octavio-escobar.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5346282988140797154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5346282988140797154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/10/infestacion-octavio-escobar.html' title='Infestación ( Octavio Escobar)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsYSB9cM9pI/AAAAAAAAAxc/rtPSF6mFckA/s72-c/IB6I5XCAP9YUKTCA717GSRCAVPTRN2CAIKNYYMCAJT4DE4CARO0G28CAQW8LONCA2VQEPACA8ZIUZWCA9VQ2ZOCAFVBSQJCAXND5SQCAYTX8H0CAVVIHFHCA0EWMCHCAHC6PK8CAHX8JNMCATW2PXFCAQCTRKB.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-8463247236628525389</id><published>2009-09-30T08:49:00.000-07:00</published><updated>2009-09-30T09:11:01.185-07:00</updated><title type='text'>Los viajes como material para contar historias</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsODCkxUwRI/AAAAAAAAAxU/YIfXQdKLfWQ/s1600-h/Playa_en_Blanco_y_Negro_1280x1024-963480.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5387293659518779666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 256px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsODCkxUwRI/AAAAAAAAAxU/YIfXQdKLfWQ/s320/Playa_en_Blanco_y_Negro_1280x1024-963480.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Los talleristas han sido desafiados a relatar un cuento breve que tenga como base alguna de sus experiencias relacionadas con un viaje y, con esta estructura de esta historia, modificar la realidad para que parezca algo literario.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;A continuación, un fragmento de texto que tiene relación con la consigna. Es un cuento en construcción llamado " Compañeros de viaje". Que les sirva de mapar de ruta. Saludos.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La tortuga que agonizaba en la playa a la escasa luz de la luna, parecía un ídolo derribado de otro tiempo. Los cinco la rodeamos con curiosidad y sin emoción, mientras agradecíamos internamente tener un motivo para detener la marcha. El viento que venía del mar no era frío, pero sí poderoso; por momentos era un canto suave y en otros se tornaba en un grito que rompíamos con nuestros cuerpos. Me acerqué al torso de Hernán y percibí el sudor que se había ido enfriando sobre su piel dejando un olor agradable. Lo respiré rápidamente antes de que el aire salobre volviera a tomarlo todo. Nadie se atrevió a tocar a la tortuga aunque teníamos ganas: era un ejemplar grande que nos contemplaba bocarriba, con los ojos perdidos. Solo yo pasé la mano por el caparazón, del lado del vientre, y lo sentí liso y fresco. El animal, entonces, movió convulsamente una de sus patas y Lorna se prendió del cuello de Hernán. Nela, el Judío y yo intercambiamos miradas.&lt;br /&gt;– Mejor seguimos, no hay que dejar que avance la noche, –sugerí–.&lt;br /&gt;Hernán aflojó el abrazo de Lorna como si deshiciera un lazo con muchísima delicadeza, y le preguntó con la misma ternura que se emplea para hablarles a los chicos que están asustados:&lt;br /&gt;–¿Ya ves el muelle?&lt;br /&gt;Ella miró hacia la noche, la misma noche que llevábamos horas contemplando y que hasta ahora nos había contestado únicamente con una hambrienta tiniebla.&lt;br /&gt;– Allá está, –dijo–, y su mano enrojecida por el sol señaló un punto luminoso en un lance de videncia. Le dimos un último vistazo a la tortuga y nos marchamos sin hacer preguntas. Caminábamos hacia el Norte, en dirección a Punta Carnero, abandonando sobre la arena al único ser con el que nos habíamos topado desde que empezáramos la caminata cuatro horas atrás.&lt;br /&gt;Iba a ser la última vez o al menos eso fue lo que me dijo: “Despidámonos bien, una última vez en la playa, por los viejos tiempos. Van a ir unos amigos, pero podríamos huir, estaremos sólo tú y yo”. Entonces, me contó que se iba a Suiza a casarse con una chica palidísima que había conocido por los bemoles de su trabajo. Ella le propone matrimonio. Él arma su portafolio publicitario, renuncia a la agencia, le da un beso en la mejilla a su madre y se marcha hacia el éxito de un futuro cotizado en francos; pero antes, para demostrar que sí tiene un corazón en el pecho, un corazón que recuerda, quiere decir adiós como es debido. “Donde hubo fuego cenizas quedan y van a parar al mar”. Lo dijo él, no me causó gracia pero estuve de acuerdo en pasar juntos ese fin de semana.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-8463247236628525389?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/8463247236628525389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/los-viajes-como-material-para-contar.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8463247236628525389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8463247236628525389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/los-viajes-como-material-para-contar.html' title='Los viajes como material para contar historias'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsODCkxUwRI/AAAAAAAAAxU/YIfXQdKLfWQ/s72-c/Playa_en_Blanco_y_Negro_1280x1024-963480.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-701236797042293539</id><published>2009-09-28T08:50:00.000-07:00</published><updated>2009-09-28T08:54:33.678-07:00</updated><title type='text'>Buenas noches ( Rodolfo Arias Formoso)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsDbiEZTSSI/AAAAAAAAAxM/kHZVmxKf9b4/s1600-h/ejecutivo-agresivo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5386546532677011746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 213px; CURSOR: hand; HEIGHT: 263px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsDbiEZTSSI/AAAAAAAAAxM/kHZVmxKf9b4/s320/ejecutivo-agresivo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Lectura de cuento sugerido, sesión cinco.&lt;br /&gt;Elementos a considerar: El espacio.&lt;br /&gt;Cuento de final abiertísimo, a ver cómo pueden interpretarlo&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Pregunta a los talleristas ¿ Cómo influye el espacio en el personaje? ¿influye? ¿ no influye? Leo opiniones&lt;/span&gt;.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Salió del restaurante donde se detuvo camino a casa y aspiró la brisa fresca de enero. Se acomodó la hebilla del cinturón, palpó en la chaqueta las llaves, revueltas con monedas, y pensó darle algunas al cuidador. Pero ya no estaba como antes, recostado en el muro de la casona. Bajó la orilla del caño y se dispuso a abrir la puerta del carro. Las crepas habían estado bien, y las dos cervezas, y más temprano la conferencia. Ahora sentía gotear una vez más ese íntimo pesar que le manchaba los muros del pecho. No hay caso, se dijo, tengo como trasroscado el piñón del entusiasmo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fue lo de siempre: clausura del seminario de planeamiento estratégico y calidad total, data show y transparencias y rotafolios, el destello del puntero en el haz y el siseo del que se aburre y hace bajo la mesa el moon walk de Michael Jackson. Un hotel alto y angosto, una sala en el último piso, ventanales en tres costados y pared oscurecida al fondo donde surge su voz de especialista, pausada y serena. Va desmenuzando el tema como en una relojería, o como en una autopsia. Suelta un chiste por aquí y una mirada de refilón por allá a las rodillas de la ejecutivita que se empecina, sale del cañón de luz con su cara bien conservada, se acerca un tanto y los entretiene con una anécdota a propósito, recibe las risas, observa la tribuna de luces de la ciudad que se estira hacia las montañas, reverberando. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recibió cortés los aplausos, respondió las preguntitas de rigor, se retiró de inmediato sin aceptar el whisky o el vino con bocadillos que los saloneros desplegaron en bandejas inciertas. Mientras bajaba la veintena de pisos, el ascensor se estremeció en su rito de números ámbar que acompañan el vacío del estómago, su rumor de polvo de silencio suspendido en el edificio donde nada interrumpirá la caída. Si se reventara el cable y cayera como una piedra tal vez aún podría salvarme, pensó. Sería cuestión de brincar en el momento justo del choque. Pero es imposible, en la vida esos saltos precisos siempre son imposibles. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recorrió la avenida segunda en buena lid con los semáforos, de nuevo consigo mismo y el eterno rezumar en las costillas. Te merecés un premio, dale, aquellos franceses tercos que insisten con sus crepas entre tanta pizza y hamburguesa de mala muerte. Hay ideas que son como este plato, reflexionaba luego en la terraza rodeada de helechos, mirando las flores y las parejas que pasaban por la acera. Ideas como esta, partir un pedazo y llevárselo a la boca, ideas que podés masticar y degustar. Pero otras se te evaden, no las podés asir, como el regreso esta noche a la penumbra de la casa, al portón eléctrico, a los sillones de pana, anchos y aburridos de nadie.Oteó de nuevo la acera pero el cuidador ya no estaba. Abrió el carro, tiró el maletín en el asiento del pasajero, entró y quitó la alarma. Se abrochó el cinturón de seguridad, se acarició la nuca y quiso bostezar. En el instante mismo de meter la llave en la ranura del encendido hubo un apagón. Acabó la luz en las casas y edificios; un momento después en los faroles de mercurio. Le vino desde la niñez la imagen de un mantel a cuadros, de una candela torcida y de una abuela que sonríe. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es total, se dijo mirando a izquierda y derecha la gran calle real, que pasaba un poco más allá. Terminó de meter la llave, encendió la máquina y los faros, que brillaron por un instante brevísimo y luego se apagaron con todo y el motor. Lo intentó otra vez y el arrancador no respondió. El corazón le dio un vuelco. Quiso hacerse hacia delante y ver a través del parabrisas, pero el cinturón se atoró. Aún así estiró el cuello, mirando con dificultad hacia arriba. Recordó que era una noche clara y sin luna, y buscó las estrellas. Horrorizado vio como se iban yendo una tras otra. El firmamento se borró de golpe y él se llevó las manos a la cara, frotándose los ojos. Los abrió y cerró, frenético, pero daba lo mismo. Por último quiso huir. Extendió los brazos, buscando el volante, el cinturón, la manija de la puerta, el maletín en el otro asiento. Manoteó enloquecido pero no había nada, no había nada por ninguna parte.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-701236797042293539?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/701236797042293539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/buenas-noches-rodolfo-arias-formoso.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/701236797042293539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/701236797042293539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/buenas-noches-rodolfo-arias-formoso.html' title='Buenas noches ( Rodolfo Arias Formoso)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SsDbiEZTSSI/AAAAAAAAAxM/kHZVmxKf9b4/s72-c/ejecutivo-agresivo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7429608385285876372</id><published>2009-09-23T07:41:00.000-07:00</published><updated>2009-09-23T08:47:29.728-07:00</updated><title type='text'>El tiempo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrpDAYMrsdI/AAAAAAAAAws/xQjGM_Kbwo4/s1600-h/20071210170219-tiempo3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384689978249556434" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 237px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrpDAYMrsdI/AAAAAAAAAws/xQjGM_Kbwo4/s320/20071210170219-tiempo3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tiempo y el espacio son elementos muy importantes en cualquier narración porque ayudan a hacer avanzar la acción, es decir que " las cosas pasen". Usualmente potencian la intención del narrador si es que no termina llevándose toda la historia. A continuación, un cuento del libro " Una noche frente al espejo" de la guayaquileña Livina Santos, llamado " Clasificados", como un ejemplo del manejo del tiempo junto con el diseño de personajes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Clasificados.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi hija nació hace poco tiempo. No recuerdo exactamente su edad, pero serían unos nueve meses desde que aprendió a caminar y ayer la vi que corría detrás de la pelota. A noche la niñera me repitió unas frases que Viviana dice sin dificultad. Hoy quiero llegar temprano a casa porque mi hija crecey casi no me doy cuenta. Ya empiezo a buscar el jardín de infantes al que la mandaré dentro de unos pocos meses y siento nostalgia de ella, ganas de ir a abrazarla. Aunque la verdad es que tengo tantas cosas que hacer que por más que lo intento, no puedo todavía decir: y pensar que un día, en la mitad de lo que es ahora ( no, pensándolo bien ya tiene que haber triplicado ¿cuadruplicado? su tamaño de recién nacida). Hoy voy a llegar temprano a casa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi hija es tan ordenada que pone cada cosa en su lugar, cierra puertas, cajones, tapa carros, sabe dónde está el tacho de la basura, limpia ceniceros, le gusta estar peinada y bien vestida, en fin, una niña modelo. Voy a llegar temprano para hacer de mi hija toda una mujer. Como es inteligente será una brillante alumna. Menos mal, así no tendré que andar detrás de ella para que cumpla con sus tareas. Cuando sea adolescente seremos muy buenas amigas. Actuaré de tal manera que cuando crezca sea una persona muy equilibrada. No voy a dejarla sola. Compraré la enciclopedia de la madre moderna que me están vendiendo en la oficina. Sofía me la recomendó porque la ha ayudado mucho en la crianza de sus hijos. Leeré todas las noches un capítulo y releeré los que sean necesarios. Mi hiija será, además de linda y estudiosa, inteligente y una excelente ama de casa. No fallaré, estoy decidida, no habrá nada que haga cambiar mi desición. Llegaré temprano a casa ni no seré solo su amiga, sino, también amiga de sus amigas. Para ganarme su confianza les ayudaré a hacer una fiesta y conoceré también a sus amigos. Creo que son muchos porque he escuchado algunas conversaciones telefónicas doonde se confunden nombres y situaciones. Tengo urgencia por llegar a casa. Las empleadas están alarmadad por ciertas conversaciones de mi hija con sus amigas, pero no me quieren decir de qué se trata. Yo también estoy alarmada. Ayer encontré los ceniceros de su dormitorio lleno de colillas, papeles en el piso, ropa por todas partes y sobre la cama, un periódico abierto en la página de los anuncios clasificados. Había señalado algunos avisos: departamento para señoritas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya no tengo para qué ir a casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7429608385285876372?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7429608385285876372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/el-tiempo.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7429608385285876372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7429608385285876372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/el-tiempo.html' title='El tiempo'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrpDAYMrsdI/AAAAAAAAAws/xQjGM_Kbwo4/s72-c/20071210170219-tiempo3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7013837972195166357</id><published>2009-09-23T06:04:00.000-07:00</published><updated>2009-09-23T06:36:29.201-07:00</updated><title type='text'>La estampa</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrokT9BaoCI/AAAAAAAAAwk/BN_2gELV63E/s1600-h/aprendiz%2520de%2520bailarina%2520lalala4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384656229691465762" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 235px; CURSOR: hand; HEIGHT: 255px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrokT9BaoCI/AAAAAAAAAwk/BN_2gELV63E/s320/aprendiz%2520de%2520bailarina%2520lalala4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quedé en explicar con mayor detenimiento lo que era una estampa y de qué manera la utilizar este recurso para ejercitar mejor la destreza de la narración. La estampa consiste en enumerar los detalles de un personaje enmarcado dentro de un espacio ( el espacio es importante) de tal manera que parezca la instantanea de una foto. Otro nombre para la estampa es tarjeta postal o mosaico. Como su nombre lo indica " estampa", parece dar cuenta de un tiempo detenido donde lo importante es la sugerencia que da la descripción. De cuan efectiva sea la manera de plasmar los detalles, mejor será la estampa. Miremos el caso del autor mexicano, Guillermo Sampeiro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Rocío baila&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Rocío baila bajo la tela frágil de su vestido negro una danza de certezas que obliga a su cuerpo a formar constantes símbolos inéditos del transcurrir; los puntos blancos del vestido en la noche ajena y en la de Rocío son un delicado, frívolo, ágil, decadente, fugitivo cosmos que dibuja los femeninos malabares de sus brazos, las bondadosas contorsiones de la cintura y los gestos dolorosos y cálidos de su faz.&lt;br /&gt;Crean en el aire de sombras una mágica sucesión de esculturas móviles, configuraciones cambiantes del erotismo.&lt;br /&gt;Rocío baila en el borde de esta noche, sus muslos morenos penetran y abandonan la penumbra; a momentos son parte de la oscuridad y la traicionan luego para ser ellos la noche misma, las firmes y ligeras piernas de la noche.&lt;br /&gt;Rocío baila en el fin de los giros oscuros y sobre el piso sus pies delinean novedosos signos del zodiaco.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7013837972195166357?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7013837972195166357/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/la-estampa.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7013837972195166357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7013837972195166357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/la-estampa.html' title='La estampa'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrokT9BaoCI/AAAAAAAAAwk/BN_2gELV63E/s72-c/aprendiz%2520de%2520bailarina%2520lalala4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-1934764030155294304</id><published>2009-09-16T17:38:00.000-07:00</published><updated>2009-09-16T17:55:28.064-07:00</updated><title type='text'>Amor cibernauta ( Diego Muñoz Valenzuela)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrGIlxluZWI/AAAAAAAAAwU/Nqesf_2uunQ/s1600-h/amor_virtual.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5382233212232557922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 199px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrGIlxluZWI/AAAAAAAAAwU/Nqesf_2uunQ/s320/amor_virtual.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Lectura de cuento sugerido, sesión cuatro.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;A todo esto, este escritor de cuentos cortos es fantástico.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Elementos a considerar: El personaje, otra vez&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se conocieron por la red. Él era tartamudo y tenía un rostro de neanderthal: cabeza enorme, frente abultada, ojos separados, redondos y rojos, dientes de conejo que sobresalían de una boca enorme y abierta, cuerpo endeble y barriga prominente. Ella estaba inválida del cuello hacia abajo y dictaba los mensajes al computador con una voz hermosa, pausada y clara que no parecía tener nada que ver con ella; tenía el cuerpo de una muñeca maltratada. Fue un amor a primer intercambio de mensajes: hablaron de la armonía del universo y de los sufrimientos terrestres, de la necesidad del imperio de la belleza y de los abyectos afanes de los mercaderes de la guerra, de la abrumadora generosidad del espíritu humano que contradice la miseria de unos pocos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Leían incrédulos las réplicas donde encontraban una mirada equivalente del mundo, no igual, similar aunque enriquecida por historias y percepcio&amp;shy;nes diferentes. Durante meses evitaron hablar de sí mismos, menos aún de la posibilidad de encontrarse en un sitio real y no virtual. Un día él le envió la foto digitalizada de un galán. Ella le retribuyó con la imagen de una bailarina. Él le escribió encendidos versos de amor que ella leyó embelesada. Ella le envió canciones con su propia voz, él lloró de emoción al escuchar esa música maravillosa. Él le narraba con gracia su agitada vida social, burlándose agudamente de los mediocres. Ella le enviaba descripciones pormenorizadas de sus giras por el mundo con compañías famosas. Ninguno de los dos jamás propuso encontrarse en el mundo real. Fue un amor verdadero, no virtual, como los que suelen acontecernos en ese lugar que llamamos realidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(*) Este microcuento forma parte del libro ANGELES Y VERDUGOS , publicado en 2002 por el autor, bajo el sello de la editorial Mosquito.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por si quieren leer algo más de Diego: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-1934764030155294304?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/1934764030155294304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/amor-cibernauta-diego-munoz-valenzuela.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1934764030155294304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1934764030155294304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/amor-cibernauta-diego-munoz-valenzuela.html' title='Amor cibernauta ( Diego Muñoz Valenzuela)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SrGIlxluZWI/AAAAAAAAAwU/Nqesf_2uunQ/s72-c/amor_virtual.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-5923773235407506161</id><published>2009-09-13T07:10:00.000-07:00</published><updated>2009-09-13T07:36:44.679-07:00</updated><title type='text'>Los personajes y sus caracterizaciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sq0DLF8tQ_I/AAAAAAAAAwM/gc8IYa7KB_8/s1600-h/circo-macondo2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5380960618887857138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 295px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sq0DLF8tQ_I/AAAAAAAAAwM/gc8IYa7KB_8/s320/circo-macondo2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Locos, este sábado 12 de septiembre, me olvidé de darles un ejemplo decente de caraterización. Estoy posteando, ahora, un fragmento del cuentista colombiano Antonio Ungar, que a mí me parece fantástico. El cuento se llama " El circo Lumani de los olvidados". A continuación, coloquemos sus ejemplos de personajes caracterizados por sus rasgoz físicos:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;" En las graderías, mientras tanto, los muertos, los protagonistas, solo piensan en cosas como un sudor incómodo en la cintura, una costra inalcanzable en algún rincón de la espalda. En el charco espeso de la entrada, en alguna moneda negra de dos pesos en le bolsillo izquierda. En la nuca sucia de otro muerto, que es la nuca sucia del mismo muerto, también..."&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Otro texto del auto, muy bueno, por cierto, aquí: &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://erikmolgora.blogspot.com/2009/06/sin-titulo-antonio-ungar.html"&gt;http://erikmolgora.blogspot.com/2009/06/sin-titulo-antonio-ungar.html&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Esperos sus ejecicios.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-5923773235407506161?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/5923773235407506161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/los-personajes-y-sus-caracterizaciones.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5923773235407506161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/5923773235407506161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/los-personajes-y-sus-caracterizaciones.html' title='Los personajes y sus caracterizaciones'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/Sq0DLF8tQ_I/AAAAAAAAAwM/gc8IYa7KB_8/s72-c/circo-macondo2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-7424468020086159341</id><published>2009-09-07T06:50:00.001-07:00</published><updated>2009-09-07T06:50:54.644-07:00</updated><title type='text'>Extensiones</title><content type='html'>Locos, nos extendemos hasta el tres de octubre del 2009.&lt;br /&gt;¿Estamos de acuerdo?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-7424468020086159341?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/7424468020086159341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/extensiones.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7424468020086159341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/7424468020086159341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/extensiones.html' title='Extensiones'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-3343457432347278688</id><published>2009-09-07T06:07:00.000-07:00</published><updated>2009-09-07T06:25:41.628-07:00</updated><title type='text'>¿Qué será de mí? ( Raúl Pérez Torres)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SqUJvdpiFwI/AAAAAAAAAwE/osuPHTWyzTE/s1600-h/borracha.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378716040981255938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 254px; CURSOR: hand; HEIGHT: 255px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SqUJvdpiFwI/AAAAAAAAAwE/osuPHTWyzTE/s320/borracha.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Lectura de cuento sugerido, sesión tres.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#cc0000;"&gt;&lt;strong&gt;Elementos a considerer: El personaje&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La encontré una madrugada, descuajaringada, saliendo del Seseribó con su novio, un rubio que olía a porvenir dorado.&lt;br /&gt;Llevaba los ojos a la espalda y la cartera en bandolera; uno de los tacones se había quebrado y con el zapato en la mano, desconsolada, golpeaba una y otra vez en la ventana del Bronco mil nueve noventa y tres.&lt;br /&gt;El rubio le increpó de mala manera con su voz gangosa y ella se lanzó contra él, en cámara lenta, con un gesto tristemente alcohólico. El hombre, re&amp;shy;chazándola de un empujón, abrió la puerta, prendió la máquina y se alejó tumbando el triángulo del parqueo y gritando alguna blasfemia en inglés. Se sentó desconsolada en la vereda y empezó a hurgar desesperadamente en la cartera.&lt;br /&gt;Me acerqué despacio y le ofrecí un cigarrillo prendido. Levantó sus ojos vidriosos entrecerrándolos y con esfuerzo me dijo:&lt;br /&gt;–¿Eres milico?&lt;br /&gt;–No –le dije–, es una chaqueta heredada.&lt;br /&gt;Sonrió entonces y exclamó, ya segura:&lt;br /&gt;–Soy una perversa en estado de pureza.&lt;br /&gt;Luego empezó a llorar con dedicación con grandes suspiros, con gestos ambiguos, como si estuviera ahogándose, limpiándose la nariz con el dorso de su mano dormida.&lt;br /&gt;Me senté a su lado en silencio, mirando cómo las lágrimas formaban un hilillo negro que iba de sus mejillas a sus labios, y empecé a recordar lo que decía mi tío Nacho con respecto a las lágrimas, lleno él también de soledad e ingratitud: “Toda gran pasión termina en una gota de agua. La memoria sólo existe para eso, para acumular olvido. Soportar la ausencia es el olvido”, y se tomaba su ron como quien está comulgando.&lt;br /&gt;–Vamos –le dije dulcemente– te llevaré a tu casa. En estos tiempos un hombre no significa nada, peor si es gringo.&lt;br /&gt;Se rió con ganas y se arrimó a mi hombro. Su cabeza pesaba, olía a tabaco.&lt;br /&gt;–Vamos –insistí– ya es muy tarde.&lt;br /&gt;La luna. Siempre la luna. Cara de tonta la luna a esas horas. Una hora antes yo había salido de mi casa, para enfrentarla (a la luna), para que me dijera de una vez y al aire libre lo que quería decirme a través de la ventana de mi dormitorio, mientras Viviana dormía a mi lado con la placidez de los cadáveres, y yo estropeaba la última pesadilla para levantarme decidido e ir tras su huella de plata. Pero ya no me importaba la luna. Me importaba ese juguete lloroso que a ratos se estremecía y lanzaba leves suspiros que iban dejando atrás al llanto.&lt;br /&gt;–Está bien –me dijo limpiándose las lágrimas– me levanto si me das un beso.&lt;br /&gt;Un beso. Sal, saliva y lágrima. Un beso que cubra mi agobio, la pesadilla nocturna, la mariposa negra de la cotidianeidad. Un beso entonces para comenzar a recorrer los laberintos del azar.&lt;br /&gt;Echamos a caminar.&lt;br /&gt;–John es mi novio –me dijo con una voz asustada–. Tengo un novio de porquería.&lt;br /&gt;Entrelazó su mano a la mía y como siempre empecé a ahogarme.&lt;br /&gt;Caminaba danzando, metiendo en su cuerpo la alegría de la madrugada. Por allí tomamos un taxi y ella dio una dirección. Los Sauces. Avenida de Los Sauces.&lt;br /&gt;–Los sauces llorones –dije.&lt;br /&gt;Ella se apretó contra mi pecho, alzó su rostro y me dijo:&lt;br /&gt;–No me dejes sola, no esta noche.&lt;br /&gt;Así que también ella. Así que el vacío era ecuménico. Así que esta luna regaba soledad por todas partes. Así que el miedo y la tristeza y la angustia viajaban en taxi por las calles de Quito. Así que nos iba creciendo como una nueva piel, como una nueva costra.&lt;br /&gt;Sus padres vivían en la casa delantera, ella en el departamento de atrás. En el tiempo de las vacas gor&amp;shy;das ese departamento lo utilizaban las criadas. Pero ahora, tú sabes...&lt;br /&gt;–Podrían despertarse –dije, mientras ella jugaba con las llaves como si fueran cascabeles.&lt;br /&gt;–Siempre duermen como osos –me dijo. Duermen seis meses y seis meses trabajan. Son asquerosos. Legañas y ojeras.&lt;br /&gt;Prendió la luz. Un dormitorio de juguete. Horroro&amp;shy;sos afiches de Frida Khalo sujetándose con hebillas todas sus enfermedades. Por allí un Chaplin que era un alivio. Un colchón en el suelo, libros tirados y en una silla de mimbre dos o tres calzonarios como ro&amp;shy;sas. Se acercó a la casetera y aplastó un botón. Un ronco estertor salió del aparato:&lt;br /&gt;–Es Janis Joplin –dijo– me muero por ella. Me gus&amp;shy;taría atravesar su garganta. Prepara un bareto –mas&amp;shy;culló, señalando los libros del veladorcito–. En el li&amp;shy;bro de la Yourcenar hay un poco de hierba. Y luego fue al baño. El ruido de su vómito espasmódico, lar&amp;shy;go, hizo por un momento dúo a la voz de la Sony.&lt;br /&gt;Cuando salió era otra. Pálida y bella como una vir&amp;shy;gen del medioevo, con una camisa de hombre por to&amp;shy;da vestimenta, un cuerpo desprotegido, falto de inso&amp;shy;lencia, un cuerpo de hermana, que me lo ofreció sen&amp;shy;tándose junto a mí. Con tristeza empecé a divertirme con los botones de su camisa, sus gestos eran tan in&amp;shy;tensos que me reprochaba la pasividad de los míos, y he aquí que de pronto sentí la bruja de su carne, bruja blanca apretada contra mí, violentándome, produ&amp;shy;ciéndome quejidos de asombro y de deseo. Se sacó la camisa y dijo:&lt;br /&gt;–Por hoy basta de preámbulos.&lt;br /&gt;Su cuerpo desnudo era un canto al arte de la bre&amp;shy;vedad, como esos cuentos perfectos que jamás escri&amp;shy;biré. La inteligencia de su cuerpo me avergonzaba como a un muchacho de escuela. Parada frente a mí parecía un templo, un templo percibido en sueños, un templo como el que alguna vez vi en Samarcanda, ¿fue en Samarcanda o en Pyong Yang?&lt;br /&gt;–Eres bella –le dije, tomándola en mis brazos– eres un cuerpo para toda la vida.&lt;br /&gt;Meandros, algas marinas, tacto del sueño, caballos galopando, caracoleando. Caricia infiel, solapada y abierta, espuma, más espuma, vértigo y vértice, im&amp;shy;precación su cuerpo, blasfemia. Ardilla perseguida y muerta y viva, túnel para llegar al otro día, mágico túnel por el que me estaba yendo, por el que me iba.&lt;br /&gt;Y luego ¿qué? ¿El restallar de la mariguana viva, con su ojo abierto hacia el tumbado? ¿El cuerpo agradecido virado hacia el lado de la culpa? ¿La caricia submarina y nostálgica del tiempo que se va?&lt;br /&gt;Las palabras empezaron a caer como una lluvia tenue mientras el día se sacaba la máscara. Palabras maltrechas apoyándose en el bastón de la promesa, de la ofrenda, palabras con esparadrapo para las llagaduras.&lt;br /&gt;–No sé tu nombre –me dijo, mientras acariciaba mi rostro con su mano abierta– y sin embargo no he conocido nada más profundo. ¿Cómo es esto? Has hurgado mi vida, me has violado, me has robado, me has dejado sin mí. Quiero que me ames siempre, para siempre.&lt;br /&gt;–Sí –le dije, apenas apenado, chupando uno a uno sus dedos húmedos– te estoy amando para siempre. La eternidad es sólo este momento.&lt;br /&gt;–Eres un monstruo, un malo –dijo&lt;br /&gt;–El azar produce monstruos –dije convencido.&lt;br /&gt;–Y ahora ¿qué haremos? –dijo desconsolada–, ¿qué harás?&lt;br /&gt;–Sobreviviré –dije–. Estoy acostumbrado a sobrevivir. Es lo único que el hombre contemporáneo ha aprendido: a sobrevivir. Somos los sobrevivientes de la post‑guerra, pero de la post‑guerra fría. En todo caso, parece que algo nuevo me llevo entre los ojos.&lt;br /&gt;Sonó el teléfono. Un cadáver sacó la mano del ataúd.&lt;br /&gt;–Sí, sí –dijo ella desde otra voz–, estoy bien. Eres un puerco. Okey, a mediodía, I want to talk to you.&lt;br /&gt;Me vestí y salí. El sol de las once se clavaba en mi cabeza como un puñal. No sabía si pasar por mi hogar o irme directamente a la oficina.&lt;br /&gt;Como Lázaro, eché a andar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y, esto nos aconseja el maestro español José Ovejero, acerca de los diálogos: sugerencia e intuición.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="344" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ruSYUF7OFiI&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ruSYUF7OFiI&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-3343457432347278688?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/3343457432347278688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/que-sera-de-mi-raul-perez-torres.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3343457432347278688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/3343457432347278688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/09/que-sera-de-mi-raul-perez-torres.html' title='¿Qué será de mí? ( Raúl Pérez Torres)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SqUJvdpiFwI/AAAAAAAAAwE/osuPHTWyzTE/s72-c/borracha.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-524268487972741132</id><published>2009-08-30T09:11:00.000-07:00</published><updated>2009-08-30T09:17:51.594-07:00</updated><title type='text'>Ascuas en el hielo ( Edgar Allan García)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpqmG3YPqII/AAAAAAAAAvc/dv06HbDc9Ko/s1600-h/ascuas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5375791742095173762" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpqmG3YPqII/AAAAAAAAAvc/dv06HbDc9Ko/s320/ascuas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Lectura de cuento sugerido en sesión dos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Elementos a considerar: La descripción y la narración/ ¿Cuento o relato?&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Digo que los muertos matan a los vivos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Esquilo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella viene de un mundo de campos verdes, pájaros, autos deportivos, París, Montecarlo, New York, y dice demodé, okey, Saint-Lorent, uffff ¡qué país!, oh sí, apenas dos o tres mil dólares, o sea, non plus ultra, si vous plaite, y habla como si el mundo entero la escuchara, como si Dios mismo no pudiera vivir sin sus pucheros, su risa de pájaro, sus interjecciones y su modo de decir c'est la vie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él viene de un mundo de alambradas, muros de ladrillo, apartamentos como nichos, calles oscuras, padre borracho, sombra en vez de madre, hermanos como zumbidos, como voraces hormigas, como escorpiones aguardando en las tinieblas; pero ha aprendido los innumerables recursos del sueño y vuela semejante a un ícaro y danza sobre brasas mientras pinta bosques aéreos, catedrales líquidas, llamaradas áureas que luego expone ante la fascinación del público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, hálito de carne, ninfa iluminada por ascuas de otro tiempo, lo mira y su sonrisa lo atraviesa, su hola lo resquebraja, lo traslada a un mundo extraño, y su perfume, su perfume le recuerda los bálsamos y esencias de un puñado de doncellas atenienses que titilan desnudas en su memoria o en ninguna parte. Él responde, no responde, balbucea, sonríe, chupa el cigarrillo apagado. Ella piensa: cuadros bonitos, caros, buen futuro. Él la mira y piensa: ojos como pequeñas gacelas verdes bajo un océano dorado húmeda cereza temblando en triángulo prohibido cantos muchos cantos secretos tras ese gesto de sacerdotisa de la carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo felicita, se aproxima, lo mira de frente y de súbito se estremece. Sin poder evitarlo, él alarga la mano hasta su hombro escotado y la atrae hacia su pecho y le susurra un torrente de poesía en el oído. Ella siente que el piso se hunde, que uh lalá, que uff, que qué calor ¿no? Él, sátiro encendido, parece danzar desnudo alrededor de piras, volar entre la perfumada humareda y, en un arrebato, le regala un cuadro, su bosque de diamantes, su canto de aguas salvajes, universo alucinado donde salta, gira, se ensortija. Ella lo besa en la comisura de los labios, le brillan los ojos marinos, balbucea palabras en una lengua extraña, brinda con él y se va flotando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo menos doce o quince mil dólares en Europa, o quizá veinte mil, dice papi en un arrebato de tasador. Pero, ¿qué opinas en realidad?, se agita ella, ¿no ves acaso a esa mujer que parece bailar entre la bruma? ¿y esos cuerpos desnudos retorciéndose de amor tras los árboles? acércate, acércate, ¿escuchas esa crepitación de fogatas encendidas? Es como si en otra vida, no sé, es como si en un lugar que conozco y no conozco, hace mucho tiempo, él y yo hubiéramos compartido el círculo de un fuego misterioso, algo semejante a las fiestas de la carne, pero sagradas, ¿comprendes?, sagradas, porque en alguna parte del bosque había una pira, un puñado de sacerdotisas que nos miraban entre la humareda mientras los cánticos, sí, los cánticos y todas esas danzas vehementes y extrañas se mezclaban con gritos de alegría...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Papi la mira desde lo alto del castillo rápidamente levantado por fantasmas medievales. No, no comprende nada de lo que ella dice masculla canta pero huele, siente el peligro y toma la cruz de bronce entre sus manos y masculla un juramento que se esparce como oleaje tenebroso. Papi percibe el creciente aleteo en ese pecho núbil, aquel repentino acantilado que se ha abierto bajo los pies de su única hija y, súbitamente convertido en el rey de un cuento legendario, galopa al anochecer entre las antorchas de Argos, sortea bacantes, sátiros, ménades, silenos, entra a la Ciudad Maldita, prende fuego a las embarcaciones floridas, arrasa el majestuoso Templo de la Carne y, luego, jadeante, en un último acto heróico, alzando los ojos al cielo, salva a la princesa, la salva enviándola a un internado de hielo, allá, sobre la oscura grupa de los Alpes, para siempre, hasta nunca jamás. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-524268487972741132?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/524268487972741132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/ascuas-en-el-hielo-edgar-allan-garcia.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/524268487972741132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/524268487972741132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/ascuas-en-el-hielo-edgar-allan-garcia.html' title='Ascuas en el hielo ( Edgar Allan García)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpqmG3YPqII/AAAAAAAAAvc/dv06HbDc9Ko/s72-c/ascuas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-6038723265442374183</id><published>2009-08-25T20:54:00.001-07:00</published><updated>2009-08-25T21:01:37.073-07:00</updated><title type='text'>Mi nombre en google ( Claudia Apablaza)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSzd2Xy2jI/AAAAAAAAAvU/jxyq7EcbYSQ/s1600-h/mailgoggles.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5374117580752738866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 358px; CURSOR: hand; HEIGHT: 193px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSzd2Xy2jI/AAAAAAAAAvU/jxyq7EcbYSQ/s320/mailgoggles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Lectura de cuento sugerido en sesión uno.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Elementos a considerar: El manejo de la historia&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Enciendo el computador. Veo cómo aparece ante mí una foto de Diane Arbus en la pantalla: Gigante judío en casa con sus padres en el Bronx. Es mi fotógrafa preferida. Algunos la llaman sarcástica, otros demente, perversa, retorcida. Yo la llamo mujercita divina. Cada noche busco mi nombre en el google. Hace exactamente tres semanas que no aparece nada nuevo. Esto me irrita, me molesta, me produce mucha rabia. A estas alturas si no apareces en el google, no eres nadie.&lt;br /&gt;Enciendo un cigarrillo, el silencio de mi departamento me agrada y me deja tranquilo. Sólo a intervalos escucho algún auto que pasa y se mezcla con la música de Philip Glass. Me paro y voy a la cocina. Me preparo un whisky con mucho hielo. El cigarrillo se consume mientras intento conectarme a internet. Afuera llueve y los cables de desconectan cuando hay tormenta. ¡País de mierda! Nunca debí haber vuelto del extranjero. Vuelva a conectarse más tarde, intente de nuevo. ¡País de mierda! Agarro el teléfono, en la empresa servidora aparece una contestadora automática. Recuerdo a un amigo, un escritor que nunca contesta el teléfono, sólo la contestadora automática y además se da el lujo de escuchar a los que lo llaman y no responderle. A veces se burla, se ríe, a veces llora, otras veces se sonroja. Recuerdo también a un amigo que le gusta tener sexo por teléfono. Tuve sexo con una mexicana, me dijo hace unos días. En este país están cada día más tarados: un amigo que se sonroja y llora frente a una grabadora y otro que tiene sexo por teléfono con una mexicana.&lt;br /&gt;La grabadora dice que apriete el número uno si tengo problemas con el servidor, dos si necesito información acerca de mi cuenta, tres si quiero información de los nuevos servicios, cuatro si quiero contratar internet, cinco si quiero comunicarme con una operadora. Aprieto el cinco. La voz es bastante sensual. Incita a llamar siempre y contratar todos los servicios. Recuerdo a mi amigo que tiene sexo con una mexicana y de verdad creo que no es tan tarado. Me excito y pienso que terminaré teniendo sexo con la mujer de la otra línea. Philip Glass suena y el viento golpea las ventanas. Einstein on the Beach, disco uno, se confunde con el ruido de afuera y siento cómo el whisky va relajando mi cuerpo. Mi garganta se relaja. Ya no odio a la contestadora. Incluso quisiera tener sexo con esa mexicana que mi amigo me contó. Debería llamarlo y pedirle su número telefónico. “Nuestras operadoras están ocupadas, espere en línea o vuelva a marcar más tarde”. Espero en línea. Nuevamente: “Nuestras operadoras están ocupadas, espere en línea o vuelva a marcar más tarde”. La voz de esa mujer me seduce. ¿Será la mexicana? Espero en línea. Tal vez aparece su voz en tiempo real y la invito a tomar un trago a mi departamento. “Nuestras operadoras..”.. Cuelgo, tengo paciencia, pero no demasiada. No puedo esperar infinitamente en línea. Debería llamar a mi amigo para pedirle el teléfono. Tomo un trago y enciendo otro cigarrillo. Abro la ventana y veo que la ciudad está dormida. Una luz se enciende a lo lejos e imagino que debe ser una mujer, noctámbula, estará casi desnuda, fumando un cigarrillo y pensando en el hombre que ama. Estará tomando un vodka tónica con dos hielos y escuchando canciones romanticonas: Camilo Sesto o Leonardo Favio.&lt;br /&gt;Vuelvo a sentarme frente al computador. Son las doce de la noche y debería salir a un café internet a ver mi correo y a buscarme en el google. Además hoy me iba a escribir mi editor y me diría si me publicarían mi última novela. Algo me anticipó, que tal vez habría que sacar a un personaje demasiado misógino. ¡A la mierda!, le dije, si lo sacas, me llevo la novela a otra editorial. Debes sacarlo, Mariano Infante, debes sacar a ese misógino. ¡A la mierda, viejito, soy un escritor y no un carnicero! Mariano, debes lidiar con nuestra línea, nuestras colecciones. ¡A la mierda, soy un escritor, no soy carnicero!&lt;br /&gt;Vivo solo hace un par de años. Me cuesta decirlo, pero no puedo vivir con ninguna mujer; la verdad es que no puedo vivir con nadie. Graciela, mi última pareja, se fue con un vendedor de alfombras exóticas. Siempre buscó la aventura. En un principio me mintió, me dijo que era escritora y que podríamos congeniar nuestros caracteres apáticos, que no me preocupara, que me dejaría encerrarme todo un día y escuchar la música que yo quisiera: Stockhousen, Laurie Anderson o algo de jazz ligero. De a poco fue hastiándose. No escribió ni media letra durante los dos años en que vivimos juntos. Luego comenzó a salir de noche, a bares, luego algunos hombres le dejaban mensajes en la contestadora. Se notaba que decía que era soltera. “Graciela, anoche estuviste una diosa”. “Graciela, hoy podemos ir al mismo lugar y jugamos a aquello”. “Graciela, mañana podría venir a desayunar a mi departamento y luego te vas a tu trabajo”. ¡Maldita, nunca le trabajó un día a nadie! ¡Tuve que mantenerla durante dos años! Yo no se lo recriminaba, no le decía nada, no teníamos contrato de fidelidad y sus aventurillas, al principio, me importaban una mierda. Hasta que se fue. Bendito el día en que se fue. Dejé de escuchar esos mensajitos y preocuparme de que no le pasara nada. Dejé de estar insomne, de pasearme dentro del departamento esperando a que llegara, dejé de gastar dinero en ropa de marca y perfumes caros.&lt;br /&gt;Intento conectarme. Abriendo el puerto. Error 680: No hay tono de marcado...&lt;br /&gt;Voy hacia la ventana y exhalo aire. Se forma un humo que se dispersa y se fusiona con la neblina. Más allá de esa lucecita, no se ve nada. La única luz, el departamento del frente. Ella se pasea de un lado a otro. Debe esperar a un amante que se fue hace años.&lt;br /&gt;Necesito volver a llamar a la empresa servidora. Levanto el auricular. Un botón rojo pestañea, sé que hay algunos mensajes atascados en la grabadora.&lt;br /&gt;“Mariano, soy Jorge Olavaria, sólo hasta mañana podemos esperar la crítica de En la frontera, de McCarthy. Dijiste que la traías hoy al diario. Envíala a mi correo, a más tardar a las once de la mañana. Vamos a despachar a las once cinco minutos, te lo repito: once con cinco minutos”. ¡Imbécil, qué se cree este maldito, no le enviaré ninguna crítica! “Mariano, hola amor, soy Julieta, no me has llamado, ¿qué pasa?, ¿acaso te molestaste por lo que te dije el otro día?”. Sí, me molesté, no me gusta que me manden mensajes de texto a las cuatro de la mañana y además que me das lata, pendeja ladilla. “Mariano, hijo, tu hermano necesita conversar contigo, al parecer te encontró un trabajo estable en una revista, llámalo cuanto antes..”.. “Aló, Mariano, soy Andrés Cuello, el sábado estaré de cumpleaños, lo celebraré en el bar Tópico Urbano, espero puedas venir, tal vez puedes traer a tu nueva amiga, esa sueca que me comentaste”. ¡Ya les dije que no me interesa andar en bares de nombres estúpidos! ¡Malditos! ¡Menos presentarle a mis amiguitas, ni trabajar en revistas de ciudadanos civilizados! ¡No quiero escuchar más esta maldita contestadora!&lt;br /&gt;Vuelvo a la ventana y miro el cielo. No hay estrellas, sólo unas nubes negras que amenazan con tenerme desconectado todo el fin de semana. Marco nuevamente el número de estos malditos servidores de internet. “Si tiene problemas con el servidor, marque uno; dos, si necesita información acerca de su cuenta; tres, si quiere información de los nuevos servicios; cuatro, si quiere contratar internet; cinco, si quiere comunicarse con una operadora”. Cuelgo. ¡Malditos, yo sólo quiero ver mi nombre en el google!&lt;br /&gt;Hace seis meses que dejé mi novela en la editorial. La aprobaron. Te publicaremos, me dijo mi editor, saldrás en un mes más. Hoy se cumplen exactos los treinta días y nadie ha dicho nada en los medios, salvo una nota de un periodista, cuarenta y dos caracteres: Mariano Infante firmó contrato con una editorial.&lt;br /&gt;Tomo un trago, y mi garganta lo agradece. Soy libre, escucho mi música, publicaré donde quiero y no sacaré los párrafos como los que se dedican a hacer recortes. No soy un carnicero. Tampoco me interesa quién me hablará del otro lado, menos la mexicana que tiene sexo con mi amigo, ni la tipa del frente que se pasea de un lado a otro, ni menos aun Graciela. Sólo me interesa entrar al google y descubrir que alguien ha dicho algo importante acerca de mí. Que publicaré en pocos meses más, que los periodistas se pelearán la primicia, que luego me daré el gusto de no dar ninguna entrevista. Que me criticarán en todos los medios, incluso en periódicos extranjeros.&lt;br /&gt;Llueve. La mujer romanticona ha apagado la luz. Estará llorando o masturbándose, quién sabe. Las romanticonas se masturban mientras fantasean con tipos gordos y desaseados. Tuve una amante que me lo confesó en un acto de locura, en una de esas crisis maniacas de las más severas. Las mujeres siempre nos masturbamos cuando estamos solas, más aun si llueve y apagamos la luz.&lt;br /&gt;Me sirvo lo último que queda de la botella. En el congelador quedan sólo dos hielos. Disfruto. Enciendo un cigarrillo y la pantalla del computador está hibernando. Aprieto el botón azul y vuelve a aparecerelGigante judío en casa con sus padres en el Bronx. ¿Seré como él?, pienso. No, Olavarría es como él. Intento nuevamente y esta vez se conecta. ¡Se ha conectado! ¡Ahora sí! Tal vez debería enviar la crítica de McCarthy de inmediato, la tengo lista, corregida, pero no, no lo haré. Olavarría cree que estamos en la época de los esclavos. Le falta la fusta y el caballo para aparecer como el clásico patrón de fundo. La enviaré a otro diario, el viejo Maldonado me la publica sin siquiera leerla. Necesito entrar al google. Me tomo un trago: whisky de primera.&lt;br /&gt;Estoy conectado, primero mi correo. La contraseña y ya está. Tengo diez sin leer, cinco son de Olavarría. Asunto: Urgente, crítica. Los elimino. Otro de Graciela. Asunto: en blanco. También lo elimino. Dos de mi editor. Asuntos: Dejaremos al personaje, no te preocupes, el libro sale a imprenta dentro de la semana. Mi hermano: “¿Quieres trabajar en la revista Tácito?”. Por último, la sueca: “Quiero verte”. Los elimino uno a uno. ¿Está seguro de que quiere eliminar los correos marcados? Aceptar.&lt;br /&gt;Ahora iré al google. Directo a mi nombre. Ya habrán salido los primeros rumores de mi publicación. ¡Ahora sí! Seguro estaré en el google. Enciendo un cigarrillo. En la cajetilla sólo me quedan dos. Olvidé comprar de repuesto. Tendré que salir. Afuera llueve y la ventana suena. Cada noche pongo mi nombre en el google y espero que alguien diga algo, que se anuncie mi novela, que se mencione que publicaré dentro de los próximos meses, pero nada. El encargado de prensa de la editorial se dedica a tomar café con las periodistas. Lo he visto llevarle libros a algunas chicas en los cafecitos de Providencia. Seguro el muy desgraciado dice que va a reunión.&lt;br /&gt;M-a-r-i-a-n-o - I-n-f-a-n-t-e. Tecleo. El cigarrillo se consume. Aprieto enter... ¡A la mierda, se demora! Enter. Enter. Enter. Enter, enter, enter. ¡A la mierda!&lt;br /&gt;Acción cancelada. Internet no pudo vincular a la página web solicitada. Puede que la página no esté disponible temporalmente. Pruebe lo siguiente: Haga clic en...&lt;br /&gt;¡Se desconectó! ¡A la mierda!&lt;br /&gt;Agarro el teléfono. “Si tiene problemas con el servidor, marque uno; dos, si necesita información acerca de su cuenta, tres si quiere información de los nuevos servicios, cuatro si quiere contratar internet, cinco si quiere comunicarse con una operadora”.&lt;br /&gt;Cinco.&lt;br /&gt;“Nuestras operadoras están ocupadas...”.&lt;br /&gt;¡A la mierda!&lt;br /&gt;Un trago, otro. Mi cabeza da vueltas. Philip Glass, Einstein on the beach, disco dos.&lt;br /&gt;Al seco, el último trago, mastico los hielos, se derriten en mi lengua, mis dientes hacen cric, cric, crac. Mi cabeza da vueltas y cric, cric, crac.&lt;br /&gt;Mi nombre. Enter. ¡A la mierda! Mi nombre. Enter. ¡A la mierda! Última vez, cierro los ojos, pido que esta vez sea, escribo mi nombre. Enter. ¡Eso es! ¡Esta vez sí! ¡Hay cuatro nuevos links! ¡Eso! ¡Seguro a este imbécil lo pillaron y le prohibieron salir a sus reuniones! ¡Lo habrán amenazado con despedirlo! ¡Hay cuatro nuevos links!&lt;br /&gt;“Por fin aparece el gran Mariano Infante, triunfa en las tablas del teatro de La esquina, la joven promesa chilena...”.&lt;br /&gt;“Una velada espectacular, Mariano Infante, joven actor...”.&lt;br /&gt;“...gracias a su maestro, está donde está, declara Mariano Infante en entrevista exclusiva después de su primera actuación en...”.&lt;br /&gt;“...Mariano Infante, joven actor, hoy debuta en Chile y...”.&lt;br /&gt;¡¿Qué pasa?! Me están agarrando el pelo, seguro me están agarrando el pelo.&lt;br /&gt;¡¿Quién mierda es este pendejo?! ¡¿Quién mierda se atreve a llamarse Mariano Infante?!&lt;br /&gt;Suena el teléfono. Miro la pantalla, es mi editor. No voy a contestarle. “Mariano, ¿estás ahí?, ¿cómo estás? Sucedió algo inesperado. Sucedió algo no muy bueno para tu carrera literaria. Hoy apareció en todos los medios un tipo que se llama igual que tú, es un actor, un tipo de unos treinta años... un aparecido... bueno, pero estaba pensando si en tu novela agregamos además de Infante, tu segundo apellido... llámame, que la novela va a imprenta el viernes y tenemos que resolverlo pronto... No es tan terrible tener que agregar tu segundo apellido, ¿o no?”. ¡A la mierda! ¡Cagué! Escucho cómo los autos pasan por la calle, un bocinazo, otro, otro, miles de bocinas. Unos tipos se ríen. ¡Estarán celebrando el triunfo de Mariano Infante a secas, el actor, sin segundo apellido! Miro por la ventana y mi vecina, la llorona, tiene encendido su televisor. La muy tonta lo habrá encendido para ver las noticias de medianoche y enterarse de lo último de Infante. No tengo televisor. Enciendo la radio. Siento que mi boca se seca. Siento la rabia, la decadencia de mi carrera literaria. Ese maldito debe morir. ¡No!, pasará a ser un mito, lo adorarán y venderán chapitas para las colegialas. ¡No!, pero sí, debe morir. Busco la Cooperativa. Seguro ahí dirán algo. No me equivoco: “Hoy triunfa en las tablas Mariano Infante, joven promesa, actor, estudió en Francia y hoy vuelve a Chile y debuta con su obra Momias, del cual es director y actor”. ¡Imbécil! “...en entrevista exclusiva con cooperativa dijo acerca de su carrera: bueno, lo primero es que no quiero que me confundan con el escritor...”. ¡Maldito! “...ya me lo han preguntado varias veces, yo soy Mariano Infante a secas, creo que él firma sus libros con su segundo apellido”. ¡Mentira! ¡Maldito! “...bueno, desde que llegué a Chile he sido muy bien recibido. El movimiento cultural y la diversidad en Chile es maravillosa...”. ¡Hueco de mierda! “...me he encontrado con muchas sorpresas, carreras de gestión cultural, diplomados...”. ¡Este es un imbécil! ¡Me están tomando el pelo! ¡No podré publicar, me asociarán con este imbécil!&lt;br /&gt;Vuelvo al google, lo necesito. Entraré a cada una de esas páginas. Ahí debe salir algún contacto de este pendejo. Voy a salir a buscarlo. Debe andar celebrando en los bares de Lastarria o en los bares ultra urbanos y electrónicos. Voy a abrir cada uno de los links que encuentre. Buscaré una foto. Aquí está el desgraciado, es atractivo, delgado, viste de negro, peinado punk, debe andar con la misma ropa que sale en la foto, quizás ya tuvo sexo con mi vecina y la mexicana juntas. Voy a salir a buscarlo, ¡Maldito! ¡Él deberá usar su segundo apellido, él viene llegando, yo no, yo soy Mariano Infante y tengo mi prestigio en este país!&lt;br /&gt;Marco el número de Patricia, actriz, ella debe saber de este tipo. Aló, Patricia. Estoy ocupada, Mariano. Patricia, es urgente, debo preguntarte algo. ¿Qué sucede?, dime rápido que estoy ocupadísima. ¿Conoces a un actor que se llama Mariano Infante y que llegó hace unos días a Santiago? ¿Para eso me llamas, imbécil? No conozco a ningún otro imbécil llamado Mariano Infante. Tuuuuuuut.&lt;br /&gt;Llamaré a Olavarría o al viejo Maldonado, editores de cultura. Ya habrán hecho el contacto con él, y mañana sacarán la exclusiva en sus diarios. Ellos sabrán, seguro. El whisky se acabó, necesito un trago. Creo que queda algo de ron del fin de semana pasado. Lleno el vaso. Un sorbo, sin hielo. Está dulce, tibio. Un sorbo largo, larguísimo. Me sé el número de memoria. Aló, Olavarría. Mariano, por fin apareces, tenemos ese compromiso con la editorial, debes enviar la crítica ahora, ¿recuerdas el canje que hicimos con la editorial? Te llamo por otra cosa, te enviaré la crítica... ¡La quiero ahora en mi correo o te olvidas que seguirás colaborando! Dame el número de teléfono de Mariano Infante ¡¿Te volviste loco huevón? ¿De qué hablas?! ¡¿Crees que me tomarás el pelo para no enviar la crítica?! Tuuuuuuu.&lt;br /&gt;Aló, viejito, viejito Maldonado, tú me vas a ayudar, necesito el número de Mariano Infante, necesito el número de ese maldito. Mariano, tranquilo, estaba esperando que me llamaras. Anota... Hotel Victoria, habitación 32, teléfono tanto y tanto. Gracias, viejo. ¿Te interesa una crítica de McCarthy? ...Te la envío, gracias viejo.&lt;br /&gt;Bienvenido al Hotel Victoria, si conoce el anexo, márquelo. Otra caliente más en las grabadoras, seguro será la mexicana multiplicada por mil. Tuuuuuuuuuu. Me sirvo otro ron.&lt;br /&gt;No sé aún lo que le diré a este pendejo. Es difícil enfrentarse a los cuarenta y cinco años con una situación así. Otro trago. Camino de un lado a otro. Gracias. Digo gracias mirando el cielo. Veo de lejos la luz de la ventana de mi vecina romanticona que parpadea, y siento deseos de ir a buscarla y darla vuelta en mi cama. Ella será mi madre y me consolará esta noche.&lt;br /&gt;Bienvenido al Hotel Victoria, si conoce el anexo, márquelo. Anexo 32.&lt;br /&gt;Aló, aló... ¿quién es?... Aló, aló... Tuuuuuuuu.&lt;br /&gt;Imprimo la foto de Infante. El último trago de ron, está tibio, el último, el penúltimo, el último y ya está: todo al seco. Salgo. La mujer romanticona debe ser insomne, la muy caliente seguirá masturbándose. La luz aún está encendida. Tomo mi paraguas, las llaves de mi auto, mi abrigo. El abrigo está húmedo. Dejaré encendida la luz del comedor para que la romanticona crea que no está tan sola en este mundo. Todos los demás departamentos están apagados. El computador está hibernando.&lt;br /&gt;En el auto, a todo volumen Nickita Serrano. Acelero, una luz en rojo, paso, otra y me detengo. Miro hacia ambos lados y paso. Otra roja y una amarilla. Un peatón se me cruza, casi lo atropello, pero lo esquivo al límite. Llevo mi celular. Me aseguro de que este imbécil esté ahí. Bienvenido al Hotel Victoria, si conoce el anexo, márquelo. Aló, aló... diga quién es... Aló. Tuuuuuuuuu. ¡Es este imbécil!&lt;br /&gt;Tomo Bilbao y bajo a toda velocidad. Veo, de lejos, que los pacos están en la esquina controlando. Bajo la velocidad. Subo la música. Ellos me miran. Me observan, me miran, me miran y no me detienen, me miran y no me detienen. “Casi”, imagino estúpidamente. Bajo la música y subo la velocidad. Voy a noventa, a cien, ciento veinte kilómetros por Bilbao a buscar a este maldito pendejo de mierda que me ha robado el nombre. Una luz roja, la paso, otra y vuelvo a pasarla. Hotel Victoria, calle Monjitas. Me estaciono a dos cuadras. Me bajo del auto y tomo mi paraguas, estoy tranquilo, ahora debo dejar que las cosas sucedan.&lt;br /&gt;Bienvenido al Hotel Victoria, si conoce el anexo, márquelo. Anexo 32.&lt;br /&gt;Aló... ¡¿Vas a contestar o pido que la operadora me reconozca el número, y luego llamamos a los pacos?!&lt;br /&gt;Tuuuuuuut.&lt;br /&gt;Suena mi teléfono. Este pendejo habrá reconocido mi número. Miro la pantalla y es Olavarría. ¡¿Qué quieres?! Estás despedido. ¿Cómo que estoy despedido? No me has enviado la crítica, marqué tu número fijo y no estabas. ¡Borracho! Seguro que mañana a las once de la mañana estarás hecho un trapo y me llamarás diciéndome que estás con mal de amores, que eres un pobre abandonado, y etcétera, etcétera. No, Mariano Infante, ahora te la verás con la editorial. No te publicarán, ya que debes más de diez críticas y los libros los arrumbas junto a tu computador y los lees por placer. Este es un trabajo, alcohólico de mierda. ¡Yo publico donde quiero, Olavarría! No creas que es por ese canje ordinario que me van a publicar. ¡Hasta pronto, viejo! Tuuuuuuuuuuu.&lt;br /&gt;Siento cómo el ron sube a mi cabeza, la mezcla de whisky y ron no es la mejor. Siento cómo mi cabeza hierve a ochenta grados. El google, maldito google. Este Infante me las va a pagar. Ese Infante va a desaparecer hoy de la tierra y se irá derecho al infierno. Siempre estuve preparado para matar a cualquiera que se me cruzara en el camino. Mi carrera literaria, mi nombre en el google, mi nombre en el google es mío. Mañana aparecerá muerto en los diarios, en la cooperativa, en la tele, y deberán poner su nombre completo. Decir que era el actor aparecido y no Infante, el escritor de renombre. Mariano Infante tanto y tanto, el actor, murió de una bala que interceptó su cráneo medio a medio. Los sesos quedaron desparramados por el departamento en donde se quedaba durante su visita a Chile. El mayordomo del hotel dice no haber visto nada. Las mucamas dormían y probablemente los demás turistas estaban ebrios en el bar del Hotel. Se teme sea el asesino de hombres famosos. Se teme que vuelva a atacar en los próximos días. ¡Imbéciles! Pero estaré yo, el único y real Mariano Infante, estaré para decir quién soy realmente. Me publicarán de un día para otro. Seré el que vivió y sobrevivió y además el que vende por montones. Mi nombre no se topará con el de un muerto, porque de los muertos no se habla demasiado, dicen los cristianos. Y el lolito que vino a probar fama a su país después de ir con una beca al extranjero será olvidado porque la información va demasiado rápido. Y me encargaré yo mismo de que se olviden de él y de sus nuevas costumbres extranjeras. Taparé su fama post mortum con excelentes críticas a escritores norteamericanos o europeos: Philip Roth, Anne Marlowe, Paul Auster, John Banville, Bernard Schlink y Gabrielle Wittkop. Estaré serenísimo escribiendo todas las críticas que debo y los cuentos por encargo que tengo para las antologías temáticas: cuentos de ciudad, cuentos eróticos, cuentos de invierno, cuentos de muerte, cuentos de desamor y de sexo, cuentos de países y de aeropuertos.&lt;br /&gt;Camino. Buscaré antes un café internet abierto. Debo corroborar lo que pasa. La lluvia moja mis zapatos de cuero y siento cómo traspasa mis calcetines. Estoy ebrio. Veo que las luces de la ciudad están apagadas. Nadie en la calle. Debo entrar a internet. La romanticona y la mexicana pensarán sólo en mí. Estaré en el google. En este país de mierda si no apareces en el google, no eres nadie.&lt;br /&gt;Camino y no encuentro nada abierto. Me mojo los zapatos y mis calcetines absorben el agua. Camino hacia mi auto. De lejos veo el letrero del hotel Victoria. Miro hacia el tercer piso y las luces están apagadas. Tal vez debería volver a llamar y cerciorarme de que este pendejo está ahí, y que además está solo. De pronto puede estar con una mujer montada sobre él y también tendré que eliminarla a ella. El ron está en mi cabeza. Ochenta grados. Tiemblo y siento algo de sueño. Podría dormir de pie. Podría agarrar la pistola y lanzar tiros al aire, luego correr hasta mi auto y dejar esto abandonado. Un auto pasa y se estaciona cerca mío. Camino. Dos tipos se bajan y me miran sospechosos. Camina en dirección al hotel Victoria. Los observo, uno de ellos a mí. Tal vez vienen por Infante. Tal vez Infante tiene guardaespaldas y éstos son. Tal vez Infante los ha llamado porque tiene miedo. Camino en dirección a ellos. Caminan más rápido y entran al hotel. Estamos los tres en recepción. El mayordomo se ha dormido. Cabecea. Estos tipos deben alojarse en este hotel. Subimos al ascensor y yo me bajo en el tercero, ellos también. Entran a la pieza 33, yo sigo y busco el 32, el de Infante. Departamento 38, 36, 34, departamento 32. He llegado. No golpeo. No toco el timbre. La manilla de la puerta se abre, está sin seguro. Entro. Lentamente voy tanteando qué sucede aquí adentro. Enciendo una luz. Primero la cocina, está frente a frente a la puerta de entrada. No hay nadie.&lt;br /&gt;Aló, aló, ¿hay alguien aquí? Temo encontrarme con desconocidos. Aló. Enciendo la luz del comedor. Miro debajo de la mesa. Aló. Aló, ¿hay alguien aquí? El teléfono suena. No contesto. Voy al dormitorio. No hay nadie. He llegado. Por fin he llegado al departamento. Mi cabeza da vueltas. El ron no ha bajado. Encima del escritorio está el computador hibernando. Lo enciendo. Gigante judío en casa con sus padres en el Bronx, de Diane Arbus, mi fotógrafa preferida. Intento conectarme a internet. ¡Mierda! La página web solicitada no está disponible sin conexión. Haga clic en Conectar para ver esta página. Miro por la ventana.&lt;br /&gt;Necesito buscarme, encontrarme en el google. Soy Mariano Infante. Hace tres semanas que no aparece nada nuevo. Intento conectarme. Mi cabeza da vueltas. Vuelva a conectarse más tarde. El teléfono suena, miro el visor, es Olavarría. Aló, Infante, te he llamado toda la noche. Haga clic en Conectar para ver esta página. ¿Me enviarás la crítica de McCarthy? ¿Dónde estabas? ¿Por qué no me contestabas? ¡Seguro dormías completamente borracho, como siempre! Cuelgo. Haga clic en Conectar para ver esta página. Abro la ventana, tomo el vaso, mi mano agarra fuerza y lo tiro sobre el poste de luz, que seguro es el que conecta los cables a internet. Suena como una bala apresurada, como el inicio de una pequeña guerra. Del frente, se abre la ventana del único departamento que permanece todas las noches encendido, mi cabeza da vueltas, se abre la ventana, y no era una vieja romanticona, es un anciano, que me mira asustado, y me grita que soy un imbécil, que si tengo algún problema de personalidad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-6038723265442374183?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/6038723265442374183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/lectura-de-cuento-sugerido-en-sesi.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6038723265442374183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/6038723265442374183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/lectura-de-cuento-sugerido-en-sesi.html' title='Mi nombre en google ( Claudia Apablaza)'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSzd2Xy2jI/AAAAAAAAAvU/jxyq7EcbYSQ/s72-c/mailgoggles.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-8194117892585516695</id><published>2009-08-25T19:38:00.000-07:00</published><updated>2009-08-25T20:52:49.979-07:00</updated><title type='text'>Programa de trabajo</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSxfF745wI/AAAAAAAAAvM/f8QnEDTkz2Q/s1600-h/2895030933_0ef6071508.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5374115403087275778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 305px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSxfF745wI/AAAAAAAAAvM/f8QnEDTkz2Q/s320/2895030933_0ef6071508.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 22 de agosto:&lt;/strong&gt; Intruducción y bienvenida&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La necesidad de ser creativos y captar señales en la vida cotidiana.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los elementos de la estructura drámática&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Yo recuerdo... ( ejercico de remenbranza)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Consigna de trabajo dirigida: escribir el primer párrafo o la primera hoja de lo que consideran será una historia, incluir en ella un recuerdo peronal.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura uno: Mi nombre en google de Claudia Apablaza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 23 de agosto:&lt;/strong&gt; Diferencia entre relatar y contar&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Describir y narrar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La estampa y la historia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La infancia desde las sensaciones ( a que sabe, huele, cómo se siente, suena)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Tallerización de los textos de los integrandes de la primera clase.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Foro y opiniones&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura dos: El musguito en la piedra ( Antonio Sarabia) &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ascuas en el hielo ( Edgar Allan García)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Consigna de trabajo dirigida: Terminar la historia y decidir si se tratará de un relato o de un cuento. Reescribir a partir de las sugerencias. Hacer próximas las descripciones.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 5 de septiembre:&lt;/strong&gt; Invitación a Vermout literaria organizada por " El conjuro" en la Alianza Francesa. 9h00 a. m.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Importante: las consignas de trabajo serán enviadas a los correos de los talleristas durante el transcurso de la semana. Queda a su albedrío hacer sugerencias de escritura.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 12 de Septiembre:&lt;/strong&gt; Los personajes y el espacio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Estudio de relaciones &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura tres: El hombre sirena ( Samanta Schewlin)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El circo Lumani de los olvidados ( Antonio Ungar)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Tallerización geneal con las consignas asignadas. Dar caracter a los personajes, darles datos distintivos que los vuelvan únicos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 19 de Septiembre:&lt;/strong&gt; La situación inicial, el conflicto, la manera en como se agrupan los&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Elementos en el relato.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Plantar y cosachar: La teoría de la pistola.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El narrador: Tono y foco.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Estudio de relaciones.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura cuatro: Tren nocturno ( Abdón Ubidia)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Reunión ( Gilda Holst)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Consigna de trabajo dirigida: Verificar el caracter de estos elemetos dentro de su historia. Añadir, modificar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Sábado 26 de septiembre:&lt;/strong&gt; Desayuno de celebración en la casa &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Consigna dirigida: Blogs personalizados con historia terminada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Invitar a una persona querida para la fiesta de la lectura.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lectura de todas las historias con su versión final.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Entregar material en formato virtual para publicación en revista.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Alegria del deber cumplido.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-8194117892585516695?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/8194117892585516695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/programa-de-trabajo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8194117892585516695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/8194117892585516695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/programa-de-trabajo.html' title='Programa de trabajo'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSxfF745wI/AAAAAAAAAvM/f8QnEDTkz2Q/s72-c/2895030933_0ef6071508.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7661073144792917698.post-1657100159672908310</id><published>2009-08-25T18:52:00.000-07:00</published><updated>2009-08-25T19:33:22.264-07:00</updated><title type='text'>Los locos toman La Casa</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSe2p9YZsI/AAAAAAAAAvE/bUwPRD3WECM/s1600-h/Locod.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5374094917173274306" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 192px; CURSOR: hand; HEIGHT: 164px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSe2p9YZsI/AAAAAAAAAvE/bUwPRD3WECM/s320/Locod.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Este proyecto surgió de la necesidad de querer contar e invitar a otros a elaborar historias. Hace un par de años, debido a las múltiples labores que la facilitadora ha realizado en el magisterio, hubo la posibilidad de realizar ejercicios de escritura creativa con personas que no tuvieran experiencia previa en el ámbito de la Literatura y los resultados, más allá de los usuales ripios e inseguridades ortográficas, fueron sorprendentes. Las fabulaciuones, sueños, recuerdos y todo el pasado de los talleristas, luego de un par de semanas, brotaba de sus manos como un chorro de agua indetenible. La escritura, a más de tener el valor estético agregado, había servido como terapia, para el espacimiento y también, la socialización y el autoconocimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Convencidos del poder del lenguaje, no pretendemos decir que el arte y el oficio pueden llegar a aprenderse a base de realizar consignas por enjcargo y charlar una vez a la semana sobre textos, pero creemos en que la escritura y sus alrededores deben ponerse al alcance de todos los seres humanos con habilidad básicas para manejar la palabra, ya que sólo aproximándonos a ella de forma en que deje de parecer un misterio religiso, podrá trascender y perpetuarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Locos en la casa&lt;/strong&gt; es un proyecto de cinco sábado para la concreción de ideas con base en los recursos de la narrativa, que persigue inducir a sus participantes a contar historias basándose en experiencias de vida. Pare este fin, se realizarán ejercicios de creatividad y consignas dirigidas, para que al final de las sesiones, los alumnos puedan observar los resultados concretos de su labor por medio de una publicación física y una virtual. Es nuestro deseo que sus " habitantes" se sientan seguros y a gusto. Pasen adelante, tomen asiento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7661073144792917698-1657100159672908310?l=minicomio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://minicomio.blogspot.com/feeds/1657100159672908310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/los-locos-toman-la-casa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1657100159672908310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7661073144792917698/posts/default/1657100159672908310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://minicomio.blogspot.com/2009/08/los-locos-toman-la-casa.html' title='Los locos toman La Casa'/><author><name>Solange    Rodríguez  Pappe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04212523005077232296</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp3.blogger.com/_cMt_yJPgiGY/R59xB7fHhuI/AAAAAAAAAEs/WqNRB_pLQhw/S220/Noche+de+cumplea%C3%B1os.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cMt_yJPgiGY/SpSe2p9YZsI/AAAAAAAAAvE/bUwPRD3WECM/s72-c/Locod.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
